Autor: García Brera, Miguel Ángel. 
 El viaje del primer ministro español a Méjico. 
 Pasó sin pensa ni gloria  :   
 Pero parece que se ha despejado una duda: Suárez se presentará a las elecciones. 
 El Alcázar.    27/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

NACIONAL

El viaje del primer ministro español a Méjico

PASO SIN PENA NI GLORIA

Pero parece que se ha despejado una duda: Suárez se presentará a las elecciones

MÉJICO. (De nuestro enviado especial García Brera).— Con un consomé y una naranja

española, además de algunos jugos, ha cruzado el Atlántico el primer ministro Suárez, hasta

Cancún. en el Yucatán, no lejos de donde Hernán Cortés pusiera sus plantas aunque a

diferencia del caudillo extremeño, Suárez más que a quemar sus naves con orgullo, haya

venido, según todos los indicios a calafatear la suya, ante las elecciones.

El recibimiento en el aeropuerto local le habrá recordado otros de su etapa de gobernador de

Segovia, aunque esta vez sin ninguna aclamación ni gentío. Tras los saludos, el canciller Roel

y su gobernador del Estado se lo han llevado casi en volandas unido también del brazo, al

grupo.

Instalados en una suerte de autobús lunar, los visitantes y sus anfitriones han iniciado el

camino del hotel Presidente, donde, a modo de recepción, se ha servido una cena a la

americana. Suárez ha seguido inapetente y alguno de sus anfitriones, cuando ya le han dejado

en la cama, ha regresado al comedor para cenar en serio.

Aunque en la capital de México la recepción ha tenido salvas de ordenanza y ha habido revista

militar, tampoco el recibimiento ha tenido otro tono que la indiferencia popular. Y se puede decir

lo mismo de la ofrenda floral ante el monumento a la independencia1, la visita al impresionante

museo antropológico y el resto de los actos programados. Está visto que el huésped no es tan

importante como se tiene creído su jovencísima escolta que, antes de salir de Barajas, obligó a

descender el equipaje para registrarlo, demorando la salida con una identificación personal, y

"a bordo. Como compensación Suárez saludó a todos los informadores, excepto a este y al que

se sentaba a su lado, tal vez porque detrás de nuestros asientos se iniciaba la fila de los

mecánicos y tampoco para éstos hubo saludo.

Lo que no se olvidaron fueron los mensajes de salutación al pasar las verrrcaies

correspondlenTes s Soares. al jefe de Gobierno de las Bahamas y a Fidel. Por cierto, que al

leer los textos correspondientes, se señaló a Soares como presidente de la República y hubo

que rectificar al funcionario, para comprobar que no se habla, dado un golpe de estado en

Portugal. Tampoco en España va a darse, según ha declarado Suárez, pese a que el Heraldo

de México, le llame jefe de Estado un par de veces.

EL PRIMER MINISTRO SE PRESENTARA A LAS ELECCIONES

Realmente el viaje ha pasado por México, sin pena ni gloria, aunque ha servido, al menos a los

informadores españoles, para no tener ya duda alguna de que Suárez se presenta a las

elecciones, pese a seguir en su actitud de no afirmarlo ni negarlo. También ha servida para

comprobar que la democracia española de la que algún periódico de acá, llama nada menos

que arquitecto al antiguo ministro secretario general de Franco es paternalista y se hace entre

el presidente y los grupos políticos marginando al pueblo. Suárez efectivamente ha dicho que

los objetivos de la reforma no pueden explicarse claramente porque se producirían tensiones

que la dificultarían. Si eso no es un modo de actuar propio de las dictaduras, ya me dirán uds...

Claro que para gestos dictatoriales, el de Oreja, tras la intervención de Cirilo Rodríguez, quien

preguntó a Suárez cómo la información que se daba a los periodistas españoles era menor a la

ofrecida a los mexicanos "pese al amplio número de funcionarios que vienen en el viaje y que

podían tener la ocasión de hacer algo, si se dedicaran a eso". El ministro Oreja encajó la cosa

peor que el presidente —cuya evasiva no llamó la atención en el conjunto de lo que fue técnica

general— y, ya fuera de la rueda de prensa, exclamaba: "Es de cese inmediato". Nos

quedamos con ganas de saber si se referia al periodista o a los funcionarios aludidos.

EN LA EMBAJADA ESPAÑOLA

Todo esto ocurría en la Embajada de España —como nuestros lectores conocerán por la

información general del viaje— donde una de las vedettes era el ex-presidente Díaz Ordaz.

Este corresponsal tuvo ocasión de hablar con el embajador y hacerle llegar ejemplares de "El

Alcázar", donde hemos glosado su significación anticomunista. El embajador del que mientras

cenábamos, nos decía una camarera que "era muy firme y habla salvado a México" se mostró

muy amable e indicó que aún no sabe cuándo presentará sus cartas al Rey de España. Sus

enemigos políticos canalizan sus iras contra Díaz Ordaz, mediante una manifestación

convocada por el P.M.T. (a la izquierda del P.C.) cuyo objetivo es también —en una extraña

mezcolanza— protestar contra el P.C. de Carrillo por haberse dejado legalizar, sin que lo hayan

sido los grupos políticos situados más allá de él.

Lo que nadie podría creer en relación con la colonia española, que desde la madre patria

muchas veces se confunde con el grupo dé exiliados republicanos, es que pueda darse un

encuentro con un nutrido grupo de falangistas, capitaneados por el santanderino Yurrita y cuyo

juicio no es muy favorable a Suárez. Con un espíritu mantenido en vivo, me preguntan que

hasta cuándo aguantarán los falangistas pero también me añaden que se encuentran

desorientados ante las fisuras en la unidad que parecen deducirse de las informaciones que les

llegan de España.

Y esto ha sido todo en México: ni aclamación popular, ni tratados, ni otra cosa que un enorme

cansancio de Suárez y su esposa, hasta el punto de que, en el almuerzo de la Secretaría de

Relaciones Exteriores, junto a la plaza de las Tres Culturas, reiterativo en la oferta de mariachis

y demás, el presidente estaba al borde de caer dormido. Tal vez por ello le faltó agilidad para

suprimir el discurso que llevaba escrito, cuando vio que López Portillo se limitaba a un brindis

escueto. Suárez se empecinó en la lectura y aumentó el tedio general, incluido el suyo, que le

impedía incluso leer correctamente.

Ahora Nueva York. Aquí es posible que ni la prensa —que al fin y al cabo en México ha estado

pendiente de la visita— se ocupe de este viaje singular, sin otro sentido que aprovechar al

máximo su posición para que la "arquitectura democrática" no sea otra que la suarista.

 

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