Autor: Lucas Verdú, Pablo. 
   Suárez y el nuevo juego político     
 
 Diario 16.    25/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

Suárez y el nuevo juego político

Pablo Lucas Verdú

Hace tiempo que, releyendo a Maquiavelo, escribí sobre el noble y gran juego de la política. Tal vez, el

lector se sorprenderá porqué asocio la nobleza con la política en una consideración sobre el genial

florentino que tiene mala reputación exagerada. Nadie como él describió cómo es la actividad política en

su tiempo y añadamos que en ninguno de los escritos del autor de "El príncipe", se encuentra la máxima:

el fin justifica los medios. Antes que Maquiavelo, durante su vida, y después de él, se practicó tan cínica

fórmula. Fue Guicciardini, amigo de Nicolás, el auténtico maquiavélico en su actividad diplomática y en

sus escritos.

Estoy seguro que quien lea la opera oiunia de maquiavelo coincidirá conmigo que fue un tipo simpático y

mucho menos "maquiavélico" de lo que se cree si seguimos su interesante peripecia humana.

A Nicolás Maquiavelo debemos la primera consideración científica de la política y, además, dada su

circunstancia renacentista, la visión estética de la misma. En este sentido, las medidas, actitudes y

resultados sobre la cosa pública deben hacerse bien; ser bellas. La contemplación estética es patrimonio

italiano y en gran medida florentino: las cosas, el pensamiento, el arte, la acción pública son bellas antes

que buenas.

Se ha interpretado a Maquiavelo desde muchas perspectivas: desde la ética, condenándolo muchas veces

por quienes concretaban, en sus actos la política del cinismo y de la amoralidad; desde el arte

diplomático; desde el ángulo de la ciencia política en Italia y en Estados Unidos (teoría de la clase

política); también se han alabado sus cualidades de historiador y narrador y, por último, se le ha exaltado,

desde el Risorgimento, como patriota italiano.

Maquiavelismo estético

Empero, no conozco que se haya insistido sobre el alcance estético del maquiavelismo. Nadie como el

florentino ha contribuido a describir los aspectos estéticos, nobles, de la actividad pública concebida

como un gran juego que cuenta con sus reglas y motivaciones: virtud, ocasión y fortuna que a pesar de su

universalización responde, en gran medida, al esteticismo renacentista.

Estas líneas no pretenden convertirse en una divagación erudita que justifique el ocio académico de un

profesor enfrascado, hace tiempo, en su menester y curioso observador de la peripecia política española.

¡Qué duda cabe que el intrépido presidente Suárez cuenta con ciertas dosis de virtud que tiene su ocasión

y que le acompaña, hasta ahora la fortuna!

No quiero extrapolar la figura presidencial vistiéndola con la clámide de tiempos pasados, ni aplicándole

categorías aprendidas en manuales de historia del pensamiento político para que me salga bien, estético,

este articulo.

Si preferimos el léxico actual y popular de nuestros días, podríamos decir que el presidente Suárez tiene

encanto, charme diríamos, más pedantemente, que saber estar y aprovechar su circunstancia y que le

acompaña, hasta ahora, una suerte envidiable.

Evidentemente, Suárez sabe jugar en política, se mueve con seguridad, en el marco del noble y gran juego

de la política. ¿Por qué? Veamos.

Dejemos a un lado su pasada biografía de joven y aplicado discípulo del malogrado ministro Herrero

Tejedor, su primera formación dentro del establecimiento franquista. Aseguro que no saco a colación

estos datos como crítica ni como oprobio. Comprendo que esto le ha valido, espléndidamente, para

sortear con éxito los obstáculos del moribundo establecimiento: Cortes franquistas, Consejo Nacional,

presiones ultras. Sólo quien tiene una experiencia acumulada del citado establecimiento puede soslayarlo.

Pero hay más, Suárez ha contactado con la oposición, rectificando la actitud hostil de Arias y las in

tempestividades de Fraga inaugurando un nuevo juego político.

Dificultades

Las dificultades no han sido escasas ni fáciles. Suárez, hasta ahora, parece que las ha superado. Ha jugado

bien y eficazmente.

Se encontró con un reformismo-continuista, con ilusorias protensiones neocanovistas, y lo transformó en

reformismo posfranquista realista camino hacia la semidemocracia. Esto le concitó el odio de la extrema

derecha, el apoyo de los factores reales de poder y la tolerancia de la oposición democrática.

Superó secuestros, atentados terroristas, presión callejera, no chocó coa la Iglesia y suscitó cierta atención

y simpatía internacionales.

Dada la herencia del franquismo el balance, hasta ahora, ha sido positivamente suarista. Ni Arias, ni

Fraga, ni Areilza lograron, en su breve periodo, lo que hasta ahora ha conseguido el presidente Suárez.

Aún más, Suárez aparece como el único que puede parar (¿el Katejon paulino?) a Alianza Popular y sus

proyectos continuistas posfranquistas.

Indiscutiblemente, Suárez sabe jugar en política porque ha inaugurado el nuevo juego político tras los

cuarenta años franquistas.

La predicción política es arriesgada pero conveniente. Se hace mediante interrogantes. ¿Seguirá jugando

políticamente bien con cierto Suárez? ¿Hasta cuándo y hasta cuánto? ¿Sus resultados serán prácticos y

estéticos; como obra bien hecha que satisfaga a todos? La contestación a estas preguntas ha de hacerse

considerando cuatro planos, a saber: el franquista, en trance de desaparecer; el posfranquista pre

democrático, el semidemocrático y el futuro democrático.

El plano franquista lo ha superado el presidente; el posfranquista predemocrático ha sido hasta ahora el

banco de prueba donde se ha movido brillantemente; el semidemocrático comenzará tras las elecciones.

Queda el futuro democrático. ¡Largo me lo fiáis!, podría decir más de algún lector recordando el texto

literario.

 

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