Los seis días de Suárez     
 
 Arriba.    26/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LOS SEIS DÍAS DE SUAREZ

DESPUES de sobrevolar Portugal, las Bahamas y Cuba y enviar mensajes de saludo a sus respectivos

Jefes de Estado, en un símbolo de diálogo con todos de la nueva época española, el Primer Ministro de la

Corona ha comenzado en Méjico —México, diríamos hoy, en prueba de buena disposición al diálogo una

nueva etapa. El Presidente, que hasta ahora ha dedicado su esfuerzo a ser, básicamente, un político, tiene

casi una semana de plena dedicación como estadista, papel para el que llega arropado, precisamente, por

su gestión como político. Siempre con la mano abierta, saludando a mejicanos, a exiliados y a emigrantes,

a esos españoles que hoy descubren que pese a las evoluciones de la política es muy difícil ya para ellos

abandonar la segunda patria, el Presidente Suárez tiene por delante una papeleta tan agradable como

difícil. Españoles y mejicanos somos gentes Idealistas y emocionales, con la tendencia a poner la historia

y los lazos fraternales por delante de lo real, tangible y actual. Y, por supuesto, el significado político del

viaje es evidente, como lo es el histórico- y el fraternal. Pero ahora hay que traducir todo eso que nos une

en una reactivación de los Intereses comunes a todos los niveles para que la historia común rente, además

de agradables añoranzas, beneficios para todos.

Dado que Méjico está Inmerso en un proceso de desarrollo económico acelerado y que España está en

otro de apuntalamiento del suyo, hay solo que ganar y nada que perder con una reactivación comercial,

cultural, vital, en suma, para emboa pueblos. Nada de formar bloques distanciadotes, como ha dicho el

Presidente José López Portillo. Sólo actuar dentro de los parámetros de Interés común tan bien definidos

por lo hispano, como bajo otros soles lo están por lo anglófono o lo francófono, aprovechando, en nuestro

beneficio, nuestra propia inercia histórica. Y después al Norte. El hacer la primera parada en Méjico

también es un ejercicio en diplomacia para el Jefe del Gobierno de la Corona, por aquello de que las

presencias europeas al sur del Río Grande no dejan tradicionalmente de producir cierto nerviosismo en el

Norte. Pero no hay miedo, porque respecto a la América de habla española sólo hay en marcha un proceso

de ´establecimiento de la continuidad´ que podríamos decir, no identificable con ninguna "ofensiva"

política o similares.

LA primera etapa de Suárez en Estados Unidos es pura coherencia política. Depositar los instrumentos de

ratificación de los pactos Internacionales sobre Derechos Humanos en la sede de Naciones Unidas es algo

más que un símbolo, porque obliga a la parte que ratifica a reflejar luego esos pactos en su legislación

interna. Es, pues, la formalización del compromiso firmado por Marcelino Oreja en los albores de la

nueva etapa al más alto nivel político de la Corona. Y luego a Washington.

A dos meses de las elecciones generales todas las interpretaciones sospechosas valen Sobre cualquier

posible candidato. Ahora bien, si se hacen sobre una visita de un Primer Ministro español a Estados

Unidos denotan en quien las haga que rio lee los periódicos. No es un viaje de placer. Al margen del

contenido político evidente del viaje, España tiene con Estados Unidos una relación más Intensa que con

otro país cualquiera del bloque occidental que, al ha producido grandes efectos satisfactorios, también,

por esa misma intensidad, emite problemas magnificados. Ello convierte´ al diálogo Suárez-Carter-

Mondale en una negociación a efectos reales.

UNA negociación para tratar —por ejemplo— de mejorar una relación comercial ´desfavorable en

términos de tres a uno o, en otras palabras, desfavorable en cien mil millones de pesetas al año para

España. Debe haber fórmulas para que el gigantesco mercado americano empuje esa balanza hacia el

centro del equilibrio.

Debe haber medios también para que un país sin fuentes de energía se procure una infraestructura nuclear

Industrial sin menoscabo de su soberanía política. Por ello, la continuación de los abastecimientos de

combustible nuclear americanos es fundamental, la firma o no por Madrid del tratado de no proliferación

nuclear es cosa de Madrid, naturalmente. Y dos buenos amigos resuelven ese problema sin mayor ruido,

estamos seguros.

FINALMENTE está el tratado, las bases, la relación militar. Parece claro que el simbolismo del tratado

no defensivo está quedándose viejo. Es difícil que en Washington, capital de una nación conservadora

donde las fluctuaciones y los vaivenes son cosas desconocidas para una máquina política casi rutinaria, se

percaten de que, como se dice en Inglés, "la situación española es sumamente fluida, cambiante y en

mutación permanente por la dinámica misma del cambio histórico en marcha. Tal vez ya no valga con

una planifica don a corto plazo para nuestra relación y set preciso un estudio en profundidad sobre e

tema. Todo ha cambiado aquí. La política ir terna, la internacional y sus respectivas filosofías. Los textos

se quedan viejos de un di¡ para otro. Y, en esas condiciones, y considerando que Suárez es la persona que

mejor k sabe, el viaje es pero que muy de negocios, y, por descontado político.

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