Autor: Burillo, Jesús. 
   El riesgo de un presidente     
 
 ABC.    01/04/1977.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL RIESGO DE UN PRESIDENTE

"Si el actual Gobierno "juega" podría hacerlo con excesiva ventaja, y en su mano está inclinar

parcialmente la balanza manejando los enormes dispositivos de que dispone."

A partir de la muerte de Franco emergen en España de manera explícita corrientes políticas

parecidas, a veces sólo nominalmente, a las cte Europa occidental y análogas a las que hubo

aquí desde la Restauración de Alfonso XII, en 1874, hasta Ja guerra iniciada en 1936. España

es, por fortuna y por el trabajo y la paz de varias generaciones, muy distinta a lo que era hace

treinta, cincuenta o setenta años. Merced a ´los esfuerzos titánicos de nuestro pueblo y a los

.resultados comprobables de los últimos quinquenios ha tenido lugar un amplio proceso de

desproletarización y se percibe, sin duda de ningún género, una tendencia deseable hacia la

nivelación social, a pesar de las excesivas diferencias de ingresos.

Si las entidades apoyadas con su voto por los trabajadores —que no serán necesariamente las

centrales sindicales o los partidos imarxistas, pese a cualquier inercia histórica— actúan

inteligentemente lograrán dar salida a los auténticos intereses de los trabajadores.

Es preciso que éstos, sin ser victima de manipulaciones, rompan definitivamente el cerco

impuesto durante la etapa liberal por la capa dominante de la sociedad española que, a causa

de su propia debilidad creadora e integradora, antepuso a cualquier otra consideración la

seguridad de la propia pervivencia, impidiendo así el juego limpio. Al cerrar de este modo, y con

todas las excepciones que se quiera, el paso a las fuerzas ascendientes, estableció de modo

unilateral tas reglas del juego e impidió incluso afrontar importantes problemas «te fondo.

Basta ver para comprobarlo la incuria liberall, 4a vacuidad social de buena parte de los

programas de 4a Restauración. Por mucho que se ose intentarlo, nadie podrá marginar

perpetuamente a ios trabajadores, reprimirlos, reducirlos a una condición social secundaria,

infravalorar sus ilegítimos afanes de protagonismo, los políticos de hoy deberán intensificar por

eso ila integración de todas las fuerzas sociales y .reconocer su derecho a influir en la

orientación y dirección de la vida nacional. Licinio de la Fuente, ministro de Trabajo durante

años fecundos para tos trabajadores, protagonizador destacado de estos afanes, los vertió con

gallardía y como un reto más ai futuro, en el reciente Congreso Nacional de Alianza Popular.

España no es patrimonio de irnos cuantos, sino de todos. Y todos deben tener opción en la

gran tarea de edificar el porvenir.

En ei espectro político recién aflorado, lo único novedoso por lo que se refiere a uno de sus

lados, es el socialismo, dividido en facciones a veces enconadas, y, en mucha menor cuantía,

el intento de eurocomunismo sobre el cual no es fácil emitir juicios de futuro, pero sí de

presente y de pretérito. La política es algo más que meras palabras. Ni unos ni otros parecen

tener líderes con experiencia de gobierno a ciertos niveles. Y el español medio tiene juteto

suficiente para no entregar la defensa de sus intereses al primero que aparezca en cualquier

lista.

Al otro lado del espectro ´podrían incluirse los demás partidos, muchos de cuyos líderes tienen

la indudable ventaja de haber ejercido funciones de gobierno, altos puestos en 4ª

Administración del Estado o en sus grandes empresas durante los últimos años. La experiencia

es un saber intransferible y más en la acción política, que no se aprende formalmente en

ningún libro. De ahí ja confianza que estos líderes concretos inspiran a muchos españoles, y

más cuando su labor levantó al -pueblo español de la postración, el hambre y el desempleo en

que se encontraba, convirtiendo a nuestra patria en una potencia industrial respetable.

En este mismo lado hay una fracción cuyos principales líderes fueron también pronombres de

regímenes anteriores, o crecidos a sus sombras o las de su apellidos, o aspirantes a

protagonistas del régimen de ´Franco. Se autodenomina «centro>, imputando de rechazo a los

demás la condición de extremos. Huelga decir que las denominaciones tienen mucho de

convencional y lo importante son los hechos, las realizaciones políticas y sociales que sólo

pueden juzgarse «a posterior!». Este llamado «centro» aparece, a su vez. dividido. Unos

tienden a colaborar con el marxismo. Otros colaborarían quizá en el Gobierno con Alianza

Popular, que parece ser, noy por hoy, la fuerza política más poderosa.

Para los partidos no marxistas, entre tos que emerge —por la calidad de sus líderes

nacionales, por su capacidad de convocatoria y por haber presentado ya un programa

coherente y concreto (el primero y único aparecido hasta ahora)— Alianza . Popular, el

estatismo a ultranza es incapaz de lograr una auténtica democracia política, económica y

social, como lo demuestran «asta la saciedad tos países subyugados por el marxismo.

Quienes ganen las elecciones se verán obligados, por la propia realidad, a una política que

frene vigorosamente la inflación y tenga un marcado acento social que dé prioridad al empleo

sobre tos salarios.

¿Cuál será «a actitud dal Gobierno en las próximas elecciones para Congreso y Senado?

¿Intentará «regalar» la campaña a unos cuantos de los que ahora están en el Poder? ¿Tratará

de impedir las martingalas, las ficciones y los fraudes antes, durante y después de las

elecciones, en tos recuentos, etcétera?

Según las leyes vigentes, el actual Gobierno es legítimo. Pero no ha nacido de la voluntad del

pueblo. De ahí su aparente complejo de inferioridad al gobernar (en to poco que gobierna); de

ahí que adopte la actitud de lavarse las manos y endose al Tribunal Supremo la enojosa

papeleta de decidir sobre la legalidad del Partido Comunista (no hace falta insistir en el

endeudamiento político que ello supone para la Administración de Justicia en unos momentos

tan peculiares como tos actuales, tanto si decide a favor como en contra); de ahí que, ´más que

tos asuntos políticos (piénsese en el embrollo económico, para cuya solución el Gobierno no

parece capaz, según dicen eminentes expertos en la materia), trate de resolver los asuntos

políticos y sobre todo el encauzamiento de la reforma, que tiene sus escollos, pero tampoco

hay que exagerar, puesto que la gran mayoría de los españoles la desea. Lo difícil hubiera sido

sacarla adelante contra viento y marea.

Por las razones apuntadas —la de ser un Gobierno sin base en unas elecciones y 4a de haber

seguido en la ruta de la reforma que, como todos recuerdan, ya se inició por él Gobierno Arias,

es decir, por el primer Gobierno de la Monarquía—, el actual Gabinete debería mantener una

exquisita neutralidad en las próximas elecciones, cuyo carácter de «primeras» en esta nueva

etapa las hace distintas de ¡las que sigan cuando los gobiernos representen la voluntad de tos

electores. Estas elecciones revisten un carácter especialísimo.

Si el actual Gobierno «juega» podría hacerlo con excesiva ventaja, y en su mano está inclinar

parcialmente la balanza manejando los enormes dispositivos de que dispone; por ejemplo, la

Radio Televisión Española.

Dicen las malas lenguas de Madrid que su táctica de equilibrio político parece ser la del «divide

y vencerás», aplicada a todos los grupos, en toda la medida posible; con to que,

inevitablemente y como consecuencia, ningún bloque o partido podría ganar una mayoría

holgada. Si así fuere, ¿no cae el presidente Suárez en que esta táctica te condena al molesto

papel) de arbitro perpetuo de todos? ¿Y no se percata de que *a mena apariencia de esa

consecuencia puede dar pretexto a los «mal pensados» o a los «bien pensantes» para

atribuirle intenciones de prórroga en su magistratura sin base en la manifestación formal de 4a

voluntad popular y en desacuerdo con su obligada imagen de patriota y servidor del Estado?

Adolfo Suárez ha de ser plenamente consciente de que su figura histórica es un mero episodio

y se recorta sobre el contexto permanente de la Corona

Jesús BURILLO

Catedrático de la Universidad de Murcia

 

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