Autor: Saiz, José Ramón. 
 Mañana se cumple. 
 El año más largo de Suárez     
 
 Pueblo.    02/07/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

OCURRIÓ el 3 de julio de 1976, hace «Mora on año. Nervioso, esbozando una media sonrisa ante los

aplausos de unos vecinos que le esperaban a la puerta de su domicilio, el nuevo presidente, Adolfo

Suárez, llegaba a las nueve meaos diez de la noche a su residencia particular, tras haber mantenido una

entrevista de cerca de dos horas con el Rey Don Juan Carlos. Comenzaba, entonces, el verdadero tiempo

de la reforma. Durante los últimos trescientos sesenta y cinco días Adolfo Suárez, acosado por problemas

que dormitaban durante lustros, ha conseguido completar con éxito el tránsito democrático y ha cumplido

igualmente su promesa de «elevar a categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente

normal».

AQUEL 3 DE JULIO

Un primero de julio con nubarrones sobre Madrid fue el marco de la dimisión de Arias ante el Rey,

cuando ve fracasada definitivamente su reforma. £1 Con. sejo del Reino se reúne ai día siguiente y

presenta la terna reglamentaria a Don Juan Carlos, quien decide el nombramiento de Adolfo Suárez como

jefe del ejecutivo. Evidentemente, aquel 3 de julio de 1976 cuando el Rey le designa presidente del

Gobierno M produce un «hecho político» de primera magnitud, después conii r m a d o por una gestión de

aciertos y por una política que ha encontrado en poco tiempo el refrendo mayoritario det pueblo español.

Para los partidos de la oposición «1 nombramiento fue una decepción más; para e¿ país, una incógnita y

una esperanza, mientras tos cancillerías europeas (muy atentas a la evolución de los acontecimientos en

España, concedían un margen de confianza al nuevo jefe del Gobierno español. Actualmente, para España

y los observadores extranje ros que siguen de cerca la realidad española, Adolfo Suárez es el político más

importante de este siglo, prestigio alcanzado en apenas poco más de medio año.

Y ahí están los resultados: tiene la confianza del Rey, que le seleccionó para su puesto, y el apoyo de la

mayor parte del país, según los resultados de las elecciones generales del 15 de junio. Es decir, todo esté

tiempo verdaderamente inquieto de la vida política española ha confirmado que el «fenómeno» Suárez

existe, por cuanto su nivel de popularidad en algunos momentos de su gestión ha alcanzado cotas

superiores a las que han gozado algunos presidentes de los Estados Unidos en sus etapas más brillantes.

LA CLAVE DEL ÉXITO

Ni siquiera los observadores extranjeros lo ponen en duda: el ejecutivo español ha conseguido una

operación política única y apasionante al transformar las estructuras políticas de un régimen autoritario a

un Estado democrático, y ello sin traumas ni deterioro de la paz social y civil

EL AÑO MAS LARGO DE SUÁREZ

¿Y dónde ha estado la clave del éxito? Indudablemente la acción del presidente Suárez ha estado próxima

y muy directa con las intenciones de la Zarzuela, lo que ha constituido en esta etapa de transición una de

las características más prometedoras de la política española actual; un entendimiento total entre las

instancias supremas de la nación, incluido el Ejército, ha hecho posible la transformación política del

país. Por eso, por necesidad política imperiosa y mientras no se adecuaran las instituciones políticas para

un régimen democrático, el mejor tándem de la España del siglo XX es el que ha estado formado por Juan

Carlos-Adolfo Suárez, dos hombres jóvenes, con un jefe de la oposición —Felipe González— también

joven, pero cuyas posiciones, tanto la del jefe del Gobierno y líder de la oposición, son discutibles a

través de las urnas.

Suárez, pues, puede estar satisfecho, ya que ha conseguido que sea la Monarquía la que ha salido

verdaderamente fortalecida del proceso reformista. Por otra parte, también hay que señalar que fue el Rey

quien centró sus esperanzas en Suárez y hay que insistir que acertó plenamente, ya que el jefe del

ejecutivo ha dado al país en los últimos meses una política de pasos firmes, bien enfocada en función de

lo que debía adecuarse o m o d e r nizarse para una honda y prudente rectificación de rumbo.

«EXPLOSIÓN» PROBLEMÁTICA

Pocos Gobiernos, en definitiva, se han enfrentado a tantos problemas en tan poco espacio de tiempo.

En trescientos sesenta y cinco día», España pasó del autoritarismo a la democracia, incorporándose a la

vida política de las naciones o c c i –dentales manifestaciones pro amnistía, cuyo tratamiento en cuanto a

mantener el orden público entre Gobierno y oposición ha sido el de evitar el catastrofismo.

Adolfo Suárez, con una política inteligente y realista, fue superando desde dentro, y ante la clase

dominante del régimen anterior, todas las dificultades, muchas de ellas previstas, y así sin rupturas de

ningún tipo fue aprobándose la reforana política del viejo régimen, que culmlnfl con ta, legalización del

Partido Comunista (que provocó la salida del almirante Pita da Veiga) y, posteriormente, con la

celebración de las elecciones generales.

Desde los acosos de ta extrema derecha, Los secuestros de Oriol y Villaescusa, asesinatos de policías

armadas y abogados laboralistas hasta la detención de Carrillo y vuelta de La Pasionaria, el Gobierno de

Suárez ha tenido que buscar soluciones ante una explosión de problemas, fruto, en parte, de la situación

de tránsito que se ha vivido en los últimos meses. No faltaron tampoco los retos de las centrales

sindicales.

LA ACTUACIÓN DEL GOBIERNO

No se podría olvidar el equipo ministerial del presidente. Sometido, en muchas ocasiones, a numerosas

presiones, intrigas y ataques desde distintos sectores políticos, han sabido arropar a su presidente, al

mismo tiempo que se han identificado totalmente con la obra política de la reforma.

El presidente Suárez lo sabe y lo ha reconocido en muchas ocasiones y es presumible pensar que se

emocione el lunes cuando celebre con sus ministros eí último Consejo. Adolfo Suárez —me decían— ha

exigido a sus ministros dedicación y entrega, y sus ministros le han respondido t anto que el P r e sidente

siente la inmediata despedida de unos hombres que convendría recordar (Gutiérrez Mellado, O s o r i o,

Martín Villa, García López, Abril Martorell, Calvo So-telo, Rengifo, Alvarez Arenas, Franco

Iribarnegaray, De la Mata, Reguera, Lavi-lla, Oreja, Liado, Carriles, Meléndez, Pérez de Bricio y Lozano

Vicente) y que le apoyaron en el difícil tiempo de la reforma. Todos ellos, junto al pueblo, que ha seguido

expectante a la transformación política de! país, han asistido al hecho de cómo un Gobierno se constituyó

en gestor para establecer un juego abierto a todos, de modo que los Gobiernos del futuro sean —asistimos

por primera vez a esta posibilidad— el resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles.

UN HOMBRE DE PARTIDO

Hace unos meses preguntabamos: ¿es Suárez un hombre de partido? Desconocíamos que lo fuera, porque

en España no ha existido pasado reciente en este sentido, pero nunca dudamos que lo fuera. Y así ha

ocurrido. Por una parte, Adolfo Suárez ha consolidado una mayoría parlamentaria que en tos próximos

meses haga estable ía continuidad del proceso democrá tico, ya que su mandato está previsto para cuatro

años, tiempo éste suficiente para conceder a los nuevos gobernantes la posibilidad de superar ta crisis

política (con la elaboración de una Constitución) y la crisis económica (acabando con el paro y la

inflación).

Suárez. pues, es un hombre de partido. Líder de la mayoría y del nuevo Partido de Centro Democrático y

presidente dei Gobierno de la democracia, tiene una gran tarea por delante. Los últimos doce meses han

sido, sin duda, esperanzado-res. El futuro de España está abierto.

José Ramón SAIZ

El presidente ha cumplido su promesa de "elevar a categoría política de normal lo que a nivel de calle es

simplemente normal"

 

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