Un año después     
 
 Arriba.    03/07/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

UN AÑO DESPUÉS

DON Adolfo Suárez cumple hoy un año al frente del Gobierno. La fecha resulta en esta ocasión casi

mágica porque, aún habiendo cambiado totalmente la situación política de España, se están repitiendo los

mismos hechos que entonces: consultas para la formación de Gabinete, necesidad de un esfuerzo

colectivo para que se consolide la democracia que entonces sólo tímidamente se podía atisbar, y

renovación del compromiso por parte del señor Suárez del conducir el país hacia mayores índices de

estabilidad política.

SIN embargo, en esta ocasión, es preciso mirar atrás. Este país, políticamente, ya no es el mismo. Un

intenso programa de acomodación política dominó toda la gestión pública del señor Suárez, bajo el

impulso de la Corona y con el asentimiento de una sociedad absolutamente preparada y deseosa de lograr

un entendimiento cívico. Todo ha sido posible, desde el perfil programático del Gabinete a la celebración

de las últimas elecciones generales, por esa conjunción de factores: una Corona absolutamente convenci-

da de que su gran servicio a España era concebir al Monarca como Rey de todos los españoles, un pueblo

que sentía la imperiosa necesidad de la democracia, y el talante de un gobernante que hace justamente

365 días aparecía ante el país y ante los observadores extranjeros como una sorpresa, aunque en este

periódico le hayamos juzgado desde el primer momento como una gran esperanza.

NO hay casualidades en política. Adolfo Suárez está ya en la historia como el autor directo de la

democratización española. A la hora del primer análisis de un año, es urgente reconocer que el éxito le

acompañó incluso en las situaciones de mayor tensión. Pero las razones de ese éxito no están solamente

en (a audacia o en la inteligencia, o en la palabra fácil de «estadista». La gran razón de que Suárez haya

podido culminar una delicadísima tarea y pueda comenzar otra, es que supo aplicar un talante de

Gobierno inédito en nuestro país. Dialogó hasta donde fue posible. Intentó llevar a (a práctica el viejo

lema político de «gobernar con el consentimiento de los gobernados». Toleró al contrario, y distinguió al

adversario político del enemigo. Por su despacho pasaron los principales líderes de la oposición cuando la

oposición sólo miraba a los despachos de la Presidencia con curiosidad Insana. Negoció con audacia para

que la incorporación a la legalidad de tos eternos marginados no fuera un motivo más de crisis. Trabajó

honestamente, con riesgo de sacrificio de su imagen, en el convencimiento de que la democracia no era

un patrimonio exclusivo de quienes hasta entonces se habían presentado en sociedad bajo la bandera del

gran calificativo de «demócratas».

EL resultado está ahí. Un año después del nombramiento es por primera vez posible un Gobierno

emanado de la voluntad; existen las condiciones objetivas suficientes para que sea posible el diálogo y el

entendimiento social, porque ya hay Interlocutores válidos; se han Incorporado a la legalidad aquellas

Ideologías que hasta ahora estaban condenadas a la erosión sistemática de la convivencia. Adolfo Suárez

fue capaz de conseguir un consenso suficiente como para que todo esto no haya sido una tarea fácil, pero

sí que se haya encontrado desprovista de los grandes riesgos que nuestra historia nos ofrece con

abundantes ejemplos.

UN año después, la tarea se ve completa en sus cimientos, pero no podemos hacernos la ilusión de que

todo haya terminado. La transición política no se culminará hasta el momento en que las Cortes hayan

redactado una nueva Constitución, y muchos problemas econó. micos y sociales no se han resuelto por el

simple hecho de que se hayan solucionado algunos de los políticos. Esta fecha simbólica del 3 de julio, de

un año después, significa un día para el análisis, pero también el punto de arranque para otras muchas

novedades. Hasta ahora se pudo gobernar por decreto, y a partir de este mismo mes de julio habrá que

rendir cuentas detalladas a unas Cortes Investidas de toda la legitimidad democrática. Hasta ahora se

partía de la interpretación casi personal de los deseos populares, ahora hay representantes cualificados

para canalizarlos. Hasta ahora, en fin, el poder era de una sola dimensión, y a partir de este momento el

poder se divide en las dos mitades de la responsabilidad de gobernar y la responsabilidad de oponerse.

ESTO, a simple vista, no debiera ser una dificultad, porque la sociedad española ha demostrado la

suficiente madurez como para aceptarlo así. Pero es preciso, en este arranque del segundo año del

Gobierno Suárez, la suficiente capacidad de sentido nacional de las fuerzas políticas, para que la tarea

emprendida hace doce meses no se deteriore después de haber pasado los puertos más difíciles,

EN este sentido, don Adolfo Suárez se presentó a la sociedad con un propósito que nos parece la mejor

receta: gobernar desde el diálogo y el pacto. Las entrevistas celebradas en su despacho oficial del Palacio

de la Mon-cloa podrían ser hoy el gran Indicativo de que así va a ocurrir. Ahora bien: la predisposición al

diálogo no la puede manifestar solamente un Gobierno, sino todas aquellas fuerzas políticas que, con él,

son ya responsables de todas y cada una de las grandes tareas del Estado.

ADOLFO Suárez ultima en estos momentos la lista de Ministros que ofrecerá el martes a conocimiento

de la sociedad. Mañana mismo, la Administración estrena una nueva estructura de la que tenemos derecho

a esperar una mayor coherencia y una mayor eficacia. Se comienza una segunda etapa en la que todo será

diferente en los comportamientos públicos, pero los problemas, los riesgos y las amenazas siguen siendo,

en gran parte, los mismos que hace solamente unos meses. El Presidente ha demostrado ser lo

suficientemente normal como para hacer de la normalidad prácticamente su única orientación. Sin

empacharnos de palabras, la esperanza que nació hace 365 días, está ahora robustecida, fortaleza. Así lo

supo comprender e) pueblo español, y le otorgó al Presidente una confianza que consideramos suficiente

para poder desarrollar un programa de Gobierno marcado por la voluntad de eficacia.

ESA es la gran diferencia entre el 3 de julio de 1976 y el 3 de julio de 1977. Hace un año se hacía cargo

de las riendas del Gobierno español un joven —el Presidente del Gobierno más joven de Europa—, cuyo

mayor aval residía en su buena voluntad. Hoy está formando Gobierno el mismo joven que fue capaz de

entusiasmar a una sociedad de 36 millones de ciudadanos, que se ganó a pulso su confianza y que, en

virtud de esa confianza, se dispone a dar solución a nuestros grandes problemas nacionales. Por ello

podemos hablar de esperanza renovada. Por ello podemos mirar atrás con mucha satisfacción, y por ello

hoy felicitamos a un hombre y nos disponemos a ejercer un patriotismo que nos parece que se debe

comenzar con una rigurosa, objetiva y firme proclamación de que estamos en buenas manos. Los hechos,

por encima de las querencias personales, así lo confirman.

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