Autor: Urbano, Pilar. 
 ¿Qué presidente tenemos? El perfil humano y político de Adolfo Suárez /2. 
 Miedo y valor de un presidente     
 
 ABC.    05/07/1977.  Página: 7, 9-10. Páginas: 3. Párrafos: 42. 

¿QUE PRESIDENTE TENEMOS?

El PERFIL HUMANO Y POLÍTICO DE ADOLFO SUAREZ

MEDO Y VALOR DE UN PRESIDENTE

Adolfo Suárez ha corrido muchos riesgos para ganarnos la hogaza de democracia. Se ha expuesto. Un

error hubiese sido una he-cato robe. Ha apuntado a una diana móvil y lejana. Y ha hecho blanco. Una vez,

dos, tres... La economía sigue haciendo agua, eso si. Pero él no apuntaba ahí. Por la mirilla de su fusil

sólo quería ver la política.

Adolfo Suárez ha corrido muchos riesgos. Tan encumbrado y tan inexperto, siempre en la cuerda floja:

«Me siento caminando en la cuerda floja —le decía a un periodista extranjero—, y cada día alguien la

unta de aceite para que yo resbale.* Un resbalón leve, y su vida política ¡kapput! para siempre.

Adolfo Suárez es como el «Capitán Riesgos*. Claro que un capitán nunca se arriesga sólo. Aquí nos

hemos arries-" gado todos. Unas veces por decreto ley; otras en las urnas y otras en la calle: Pero...

Adolfo Suárez sabe perfectamente cómo es el sudor frío del valor y la hosca sequedad del miedo.

Texto: PILAR URBANO

Publicamos hoy el segundo reportaje de la serie: «¿Qué presidente tenemos?», iniciada el domingo 3 de

julio, cuando se cumplía exactamente el ano de la designación de don Adolfo Suárez como jefe del

Gobierno.

LOS DOS MIEDOS DE UN PRESIDENTE

Hay dos especies de miedo en Adolfo Suárez, el hombre que nos ha aconsejado a todos «no tener miedo

al miedo». Uno es el miedo inteligente —.prudencia, para los políticos— de quien, no teme tanto

«equivocarse al elegir», como «elegir una equivocación». El conduce un carro. Y en el carro vamos

«casi» todos. lia cruzado el «rubicón» y sabe, lo ha dicho, que «la etapa de la transición no se acaba con

las elecciones». Suárez se pasa los días tomando decisiones, eligiendo: eligiendo estrategias, eligiendo

hombres, eligiendo «momentos», eligiendo fórmulas legales. ¥ sin memoria de «otras como ésta». Porque

los hombres de la generación del Rey sólo pueden hacer las cosas «de nuevas». ¡Y es tan fácil

equivocarse!

Y el otro miedo, solapado, pero palpitándole dentro sin que casi nadie, nadie, lo note: el del atentado. Por

precaución decidió el traslado a la Moncloa. ¿recuerdan ustedes?, en diciembre, estando Oriol secuestrado

por el G. R. A. P. O. De la Mercedes Benz se distribuyeron dos coches negros, blindados, con matricula

«normal», no oficial: uno, para el presidente de las Cortes, Fernández-Miranda, y otro, para el del

Gobierno. La vigilancia policial y de la Guardia Civil, cerca, lejos, y a un palmo de su ventana, le da

confianza. Los guardaespaldas acompañan a sus hijos, a su mujer, al propio presidente, claro está, en los

más mínimos proyectos.

¡QUE PRESIDENTE TEMEMOS?

Al hablar del traslado a la Moncloa, Suárez es sincero: «¡Por razones He seguridad, en primer lugar;

también por falta de espacio para los distintos servicios de Presidencia. Y para evitar desplazamientes,

cuatro diarios, cambiando de itinerario continuamente por extremar las precauciones... Así, de este modo,

yo he ganado más tiempo para trabajar.»

Uno de sus colaboradores inmediatos comentó ante algunos periodistas: «Cuando el presidente inició el

mensaje televisivo iel 3 de mayo para anunciar su candidatura electoral, con el tradicional "Buenas

noches, señoras y señores", no le importaban nada las críticas que habían de desencadenarse. Sólo una

cosa podía preocuparle interiormente: el miedo a un atentado.» Y el propio Suárez confesaba hace unas

semanas, antes de las elecciones: «Sólo si me matan conseguirán quitarme de donde estoy», y muy

gráficamente se aferraba con ambas manos a su sillón. «Estoy firmemente decidido —añadió— a que

todo esto termine con normalidad.»

EN EL PRECISO MOMENTO DE VOTAR...

He hecho una pausa y he tratado de superponer dos detalles diminutos, pero no insignificantes, que

tuvieron un mismo escenario y un mismo protagonista, porque me parece que arrojan un curioso saldo

de... miedo.

El 15 de diciembre, por la mañana, aquel Adolfo Suárez que se acercaba a las urnas de su colegio

electoral para votar SI era un hombre tan confiado, tan seguro, tan despreocupado que ¡olvidó hasta el

carné de identidad!

El 15 de junio, por la mañana, aquel Adolfo Suárez que se acercaba a las urnas del mismo colegio en la

Dehesa de la Villa, aclamado v ovacionado, oprimido por una muchedumbre de periodistas, fotógrafos,

operadores, g u a r d aespaldas, policías y curiosos... era un hombre mucho más receloso, mucho más

precavido, mucho más alertado. En cierto momento, los empujones de la gente le separaron de Amparo

Illana. Entonces, el presidente se volvió súbitamente, y preguntó en voz alta: «¡Mi mujer! ¿Dónde está mi

mujer?»

UN BOLÍGRAFO QUE NO ESCRIBIRÁ NUNCA

El presidente ha recibido amenazas de muerte. Las reciben diariamente cientos de personas. Pero él no les

hace mucho caso. Y si hay alguien delante cuando le muestran «el último anónimo» llegado a su nombre,

io lee, sonríe y rompe el papel en cuatro trozos. Sin embargo... un asiduo visitante de la Moncloa, muy

observador, me ha contado algunos detalles significativos: «Sobre una mesilla redonda ccn faldas aue hay

en -el salen de estar de la familia, entre varios objetos d« adorno, cajitas, ceniceros... había una pistolita

de miniatura. Jugueteé con ella creyendo sería un encendedor y entonces el presidente me advirtió: «¡Ten

cuidado con eso! Es una pistola camuflada y se te puede disparar.» Acercándose la abrió y me mostró el

diminuto tambor, con cinco proyectiles.

Este invierno operaron de apendicitis al hijo mayor del presidente, Adolfito, en la Clínica de Puerta de

Hierro. Suárez acudió a verle. Lo primero que hizo al entrar fue acercarse lateralmente al ventanal y

correr las cortinas. «Es Tina medirla lóeríca de seguridad», comentó escuetamente. El presidente suele

llevar en el bolsillo interior de la chaqueta un bolígrafo de metal dorado, que jamás escribirá una sola

letra: es una pistola de especial fabricación que, accionada desde el émbolo, dispara una bala mortífera.

LA ESQUINA PROHIBIDA

«Yo he recorrido La Moncloa por casi :cdos sus accesos, dependencias v rincones... Conozco bien las

oficinas, el despajo oficial, la residencia privada, los jardines. el garaje... Pero cuando en una ocasión

quise pasar, rodeando exterior-mente la mansión, por una determinad? zona, me lo impidieron y hube de

describir otro itinerario: "A esa parte da el ventanal del despacho donde trabaja el presidente me

dijeron—. Nadie puede pasar por ahí".» Se lo comenté a la señora de Suárez y, sonriendo, me explicó:

«Por esa esquina no me dejan pasar ni a mí.» Después ella me dio una razón muy tranquilizante: «Adolfo

acostumbra tener abierta la ventana que queda a su espalda porque fuma mucho, tantas y tantas horas

encerrado, y no hay aire acondicionado todavía... Si pasamos por ahí el ruido le distraería.» Sim embargo,

el presidente, a! comentar este tema de la seguridad personal, dijo hace poco: «No me inquieta. Aunque

parezca fanfarronada. Es un problema que no sentiría de no estar recordándomelo a cada paso el servicio

de escolta.»

SOLO CAFE Y CIGARRILLOS

No es que sea «melindre»; es que, sencillamente, no come casi nada. Bebe café, muy azucarado, a

cualquier hora. Sobre su mesa de despacho, siempre, la taza mediana con un café humeante y dos o trss

ceniceros repletos de colillas.

«Pero comer no carne apenas. Le tomamos el pelo a veces —comenta su mujer— con lo de "la tortillita

de un huevo" y "el filete muy pequeño y muy hecho". Es sorprendente aue con tanto desgaste de trabajo y

tensión nerviosa aue tiene apenas necesite comer ni dormir. Muchos. muchísimos días duerme unas tres o

cuatro horas sólo.»

Me han dicho nue últimamente tama pastillas para mantenerse despierto y seguir ´trabajando. Pero su

salud es pictórica. A prueba de crisis y de reformas políticas.

Jaime Peñafiel, aue se fija en todo, cuando almorzó con la familia del presidente para su reportaje de

«Hola» le contó los garbanzos al anfitrión. Había cocido madrileño v, efectivamente, Adolfo Suárez se

sirvió... veinticinco. Ni uno más.

AL PIE DEL CAÑÓN Y... «PARÍS MATCH»

Este año no habrá vacaciones para el inquilino de La Moncloa. Si acaso se escapará algún fin de semana a

estar con los suyos, relajado, disfrutando, ejerciendo de padre y marido. Pero ni siiuera sabe aún dónde.

Tampoco hubo vacaciones en Navidad.

El 17 de diciembre. Martín Villa decía al país qiue el Gobierno no cedería ante las presiones del G. R. A.

P. O. Oriol estaba bajo ultimátum de amenaza de muerte. Suárez velaba el t?n;c momento desde su

despacho de Castella i i, 3. No salía de allí ni para almorzar ni para cenar... De vez en cuando, en las

largas e intensas jornadas, una ducha saliente reparadora, un zumo de frutas, un café fuerte ¡y a seguir al

pie del cañón! El día 27 fue trasladado a La Moneloa. Allí brindó con la familia por el nuevo año...

En Semana Santa tampoco salió de vacaciones. Días duros, de faena administrativa a alto nivel: se arría el

haz de flechas que, como asnas de un gigante molino inmóvil, presidían, des.de la fachada del 44, la calle

de Alcalá. Y se iza la hoz y el martillo muy cerca de allí., en Peligros, 2. Hay una fuerte tensión entre el

Sunremo y el Gobierno y entre algunos sectores del Ejército y los ministros militares... No está «el horno

para bollos», y el presidente oprime con mano íe hierro el timón porque fuera y dentro hay borrasca.

La verdad es aue Adolfo Suárez lleva ya dos años sin descansar. Su nombramiento como jefe del

Gobierno al comenzar julio del 76 le «sorprendió» después de una fuerte temporada de ministro y

planificando unas vacaciones estivales que no pudo tomar. Por aquellos días yo escribí en ABC:

«.Vuestros ministros tienen ojeras y están cansados.» «Empalmo trabajo con trabajo. ;Pero el ipder me

encanta!», dicen qae dijo a Philippe Gardnier, el reportero de «París Match», en esas mismísimas fechas.

Quizá el sabor del triunfo y la sensación de tener en sus manos todos los resortes para «orquestar» la

transición aue el Rey le encomendaba y el pueblo esperaba tonifiearon el ritmo de su sangre en

las venas. La satisfacción es ei mejor descanso. Tocar un sueño con las manos es, sin duda, el mejor de

los sueños. Quise hablar con Philippe Gardnier y le llamé a París, pero «ya no trabaja en el "Match"», me

dijeron sus compañeros con voz de circunstancia s al saber que yo les telefoneaba desde Madrid para

coiiocer detalles de aquella discutida entrevista con el presidente. ¡Cielos, qué laconismo: El caso es que

Adolfo Suárez comentaba en esa ocasión: «Franco me encargó que "trajese" Ja democracia.» Y la frase,

en letras de gran cuerpo, se publicó bajo una foto estilo americano del nuevo «premier» en mangas de

camisa trabajando a burdo del avión presidencial, quizá rumbo a La Co-ruña, donde había de celebrarse el

Consejo de Ministros otorgartor de la amnistía. ¿Recuerdan... aquel julio caliente del 76?

TORMENTA EN ALMERÍA

En no se qué memento del pasado verano hizo Suárez una escapada de «puente» a Almería. Su familia

estaba allí en el cortijo «Las Norias». El presidente salió al día siguiente solo en una vieja barca y navegó

mar adentro. Se había alejado para estar «solo a solas consigo y sus pensamientos» y nadar a distancia

tendida. El cielo empezó a encapotarse, el viento se aceleró y se desató una fuerte tormenta mediterránea.

Atardecía. Suárez tenía una cita en tierra con el gobernador civil y otras autoridades. Se le hace difícil

avanzar con aquel viejo «casco» y el viento en contra. No lo pensó dos veces: veloz nadador y resistente

fondista, se lanzó a! agua y nadó a contramar. Cuando llegó a la orilla estaba exhausto. Los prácticos del

puerto no daban crédito a sus ojos. El presidente se cambió de ropa como si tal cosa y llegó puntual a su

cita.

EL SOLDADO MAS JOVEN Y EL ALFÉREZ SUÁREZ

Adolfo Suárez prestó su servicio al Ejército, como universitario, en el I.P.S. e hizo las prácticas de alférez

en Melilla.

¿QUE PRESIDENTE TENEMOS?

Encajó bien las virtudes castrenses de la disciplina, la fortaleza, el valor, ia lealtad, el arrojo, el

compañerismo, el orden... Me han contado un sucedido reciente del día que el Príncipe de Asturias sentó

plaza en el Regimiento Inmemorial del Rey. Don Felipe, el soldado más joven de España, al terminar el

asta fue saludando a las autoiidades civiles y militares allí presentes. El Príncipe, junto a su paire, se

llevaba la mano derecha a la visera del quepis ante los jefes «de uniforme» y tendía la mano a quienes

vestían «de paisano». Al llegar delante del presidente del Gobierno fue a darle la mano. En ese momento

el Rey le indicó qug también tenía que saludar militarmente a Suárez «por-que, además del jefe del

Gobierno, es presidente de la Junta de Defensa». Y Felipe, con ingenua espontaneidad, se volvió hacia su

cadre preguntándole delante de todos: «¿Y qu« es eso?» Don Juan Carlos se lo explicó en posas palabras

y el joven soldadito se cuadró, taconazo y puntas de los dedos junto a la sien, ante su «jefe militar».

LA FOTO DE «EL TEODORILLO»

Adolfo Suárez nació en Cebreros no por casualidad, pero sí por empeño de su madre. Allí estaba la vieja

y rústica casa de «sus mayores», allí nació el crío .y de alií se ha llevado un buen puñado de votos. No el

cien por cían, porgue los cebrerenses son «muy demócratas»... y «ca´uno aauí piensa como quiere, pero

nos conocemos tos», que declaraba un «abuelo» del pueblo a los periodistas el día de las elecciones.

Lo que no hay que hacer es un mito falso «del chico cíe Cebreros que llegó a presidente». Adolfo Suárez

vivió en Ávila y estudió en Salamanca, Pasó temporadas de vacaciones en El Tiemblo con su tío Paco,

que le quiere con locura... Pero de pueblerino, nada; aunque de provinciano, algo.

De una familia modesta, con estrecheces económicas v conflictos «generacionales» entre él y su ra´lre.

Don Hipólito, procurador en los Tribunales de Ávila, no era abogado: recentaba una fábrica de licores.. Y,

más mal que bien, la familia Suárez González iba «tirando». Hipólito («Pelo»), el hijo mayor, estudio

Medicina; Adolfo, Derecho en la Universidad salmantina; «Caco» (Ricardo) y José Mari son periodistas;

Menchu se casó ccn Aurelio Delgado, un abulense serio y trabajador. Durante les veranos, y en las

vacaciones de Semana canta. Adolfo se divertía can la panda de «los veraneantes», «los áe Madrid», «los

niños bien de Ávila». Sism-pre calaba más aito en su escala social,

Y bien: en Ávila hay un bar que se llama «El Teodorillo». Allí iba «Adolfito» ccn sus amigos en los años

mozos de su soltería. Después de torear vaquillas en ias típicas becerradas, jaleantes, sudorosos,

despeinados, desiamisaios, acudían a «ca´ el Teodorillo» a comerse un «buche»; un burro asado; un burro

«tierno» y pequeño, con buen vina de Cebreros.

Eii una de esas se hicieron la foto recuerdo con acquellas fachas! Y la firmaron para el dueño del

establecimiento: los hermanes Barutel (Quitito. Fefo, Carlos), Dionisio Lara. Antonia Ortiz. Adolfo

Suárez y unos cuantos más.

Teodorillo traspasó el bar, ya hace algún tiempo, «con todo !o que había dentro». Perp ahora reclama la

foto de los mozos «¡nornue entre las firmas está la del presidente!». Hombre, yo creo que Suárez debía

enviarle una fotografía en color dedicada al Teodorillo ñor aquellos buenos rstcs.... cuando era capaz de

«zamparse» un «buche» y sin melindres.

 

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