Autor: Urbano, Pilar. 
 ¿Qué presidente tenemos? El perfil humano y político de Adolfo Suárez /3. 
 El "número uno", un español medio con tenacidad     
 
 ABC.    06/07/1977.  Página: 9. Páginas: 2. Párrafos: 51. 

¿QUE PRESIDENTE TENEMOS?

El PERFIL HUMANO Y POLÍTICO DE ADOLFO SUAREZ

EL "NUMERO UNO", UN ESPAÑOL MEDIO CON TENACIDAD

Texto: PILAR URBANO

Clavero Arévalo (hoy ministro adjunto de las Regiones) tuvo dos singulares alumnos de Derecho

Administrativo: Adolfo Suárez, en Salamanca, y Felipe González, en Sevilla

No era el primero de la clase, ni un niñc bien, ni un opositor «lumbrera». Nuestro «número uno» es la

integral de una voluntad lineal, una ambición bien controlada, una intuición eficaz y un especial don de

«caer en gracia». Nuestro «número uno» nunca hizo nada extraordinaria... hasia que se le pidió aue !o

intentase. Entonses ni pidió lo imposible ni retrasó lo inevitable. Ni letrado por oposición, ni aristócrata...

Pero, ¿quién le discute al «provinciano de Castilla)) que ha sido el timonel del cambín en tiempo récord?

¿Quién pene en duda que es el primer mandatario designado desde arriba y elegido desde abajo? ¿Quién

le echa un pulso cara arrebatarle el «número uno»? Provinciano, aprendiz de brujo, calificado como

«penene» de la ciencia política.. Sí. pero dejó boquiabierto al pueblo soberano y pasmó a Europa,

América y a la Unión Soviética. Paso a paso, sobre seguro («¿Sobre seguro? ¿Qué sabrá ésta?», pensará

con sorna el presidente Suárez al llegar a esta línea...), ha ejecutado un prodigioso malabarismo político:

desatar todas las ataduras, hacer la ruptura (perdón: debí decir «la reforma»), abrir la verja de los Pirineos

y sucederse a sí mismo. La revolución sin traumas.

EN UNA ANTESALA DE MINISTRO

En tiempos de Franco, Adolfo Suárez no era «casi nadie». En tiempos de Franco, nadie era nadie. O lo

eran «a dedo». Y tenían que estar todo el tiempo haciendo méritos de lealtad. De todos modos, un

ministre de Franco era un «vuecencia» con muchas antesalas y sin rucias de Prensa. Yo conocí a Adolfo

Suárez en antesala para ver a su ministro, Sánchez Bella, Mientras esperábamos iba yo con Joaquina, la

señora de Herrero Tejedor—, Adolfo bromeaba.

Le ha gustado siempre «fardar» y gastar bromas. Me resultó un «tipo» simpático, campechano, cordial.

Allí mismo nos recordaba tiempos entrañables de su mocedad abulense, cuando iba diariamente a misa de

diez y se encontraba con don Fernando Herrero Tejedor, gobernador civil. Le saludaba: «¡Buenos días,

vuecencia!» Lo cual tenía su gracia. Después llegaría el primer empleo en el Gobierno Civil, y luego...

Parfanchín estuvo Adolfo Suárez aquella mañana.

Era la primavera de 1971, vísperas de la boda de Cannencita Martínez-Bordiú: «trcpecientcs» invitados

en una capilla pequeña. Y Ramón Diez. eJ realizador de Televisión Española, agobiado, nervioso:

«¡Adolfo, yo tengo que meter ahí dentro tres cámaras y moverlas, pero... ¿cómo?!» V c! director general,

tranquilo, le decía:

«¡Nada de nervios: los de fuera no íie-drinos»; Herrero, Alonso Vega, Carrero... tro!» Estaba diciendo

que, en tiempos de Franco, per acuello del poder personal absoluto, había poce poder relativo «a nivel

general» o «a nivel vicesecretario general del Movimiento».

Suárez llevaba una carrera discreta, iniciada con buen pie y con prudentes «padrinos»; Herrero, Alonso

Veja, Carrereo... Hoy es el primero de los leales monárquicos. El «número uno».

«CONOZCO MIS LAGUNAS»

Hizo su licenciatura en Salamanca, entre los dieciséis y los veintiún años, como alumno libre. Ni el

primero ni el último de la clase; conoció varias convocatorias de septiembre.

Clavero Arévalo, profesor suyo de Derecho Administrativo, me dijo hace poco: «¡Qué casualidad! Yo he

dado esa asignatura en Salamanca al presidente y en Sevilla a Felipe González. Los dos, sin ser

"matrículas" ni estudiantes de mucho "codo", fueron alumnos bastante inteligentes.»

Suárez conoce sus lagunas y limitaciones y las reconoce sin rodeos. «Me falta formación intelectual, peso

específico —ha dicho—, y me arrepiento de no haber estudiado con más amplitud y profundidad mi

propia carrera.» En cuanto a los idiomas, después de las clases de francés que recibía en Castellana, 3.

comenzó recientemente las ile inglés, «Pero es inútil —comentaba el otro d´a—; no aprendo ni a ia de

tres. En cambio, Amparo lo habla bien.»

Me han contado que un buen día Herrero Tejedor 5e indicó la conveniencia de que hiciese unas

oposiciones. Adolfo Suárez marchó a una ciudad andaluza para prepararlas y presentarse; tenía que

simultanear los estudios con el pluriempleo y su atención ,a la familia. Y ¡as sacó a la primera. Ingresó un

en el Instituto Social de la Marina: ni en cabeza ni en cola; entre los números medios. Pero el gobernador

civil de la localidad, que había estado muy en el asunto, dijo después: «Se las ha tomado

campechanamente y sin matarse... Las ha sacado porque es un "tío´´ listo.»

UN ANÁLISIS DE SU ESCRITURA Y DE SU FIRMA

La letra del presidente Suárez es limpia, graciosa, legible, realzada, con notables curiosidades para un

grafólogo destcyido y además periodista como es Arcadio Baquero Dominio de curvas, aunque hay

rasgos agudos. Ritmo ágil. Todo un su grafía revela al hombre que no ocu ta sus apoyos en personas di

pasado. Conserva acusados recuerdos de la infancia y la adolescencia. A veces, ingenuo entusiasmo que

trata de controlar. Carácter expansivo, alegre, eufórico, que en su trato social y político trata de

«disfrazar» o frenar sin llegar ,al envaramiento. Orgullo controlado. Ideales patrióticos, estéticos,

políticas. Sentido del mando y de la autoridad. Amor propio fuerte, que en algunos trazos repetidos

aparece hasta «desmesurado». El amor propio puede ser o haber sido motor de arranque de no pocas de

sus decisiones. Muy buena formación espiritual. En el fragmento analizado el grafólogo observó: «una

tilde cabizbaja que, caso de repetirse, revelaría decaimiento de voluntad, inseguridad, obstinaciones...»;

pero quienes conocen bien a Adolfo Suárez saben que es más bien «un producto de su fuerza de

voluntad».

Escrutando con lupa la firma se obtienen interesantes datos: originalidad, ingenio, sentido estético muy

desarrollado, afición al deporte, buena dosis de lógica, rapidez mental y bastante intuición. Tambien hay

signes reveladores de bondad natural, sentimentalismo y afectividad. Una pasión enorme se pone de

manifiesto en su escritura: la familia.

EL PROCESO MENTAL DE ADOLFO SUÁREZ

Despojando a la -expresión de todo matiz melodramático, quienes conocen a Adolfo Suárez no dudan en

afirmar que es «frío, incluso gélido si quiere; y calculador, no por interés, sino uor precaución».

El mismo ha revelado en alguna ocasión el proceso mental de sus decisiones políticas: «Intento controlar

los resultados, las consecuencias de cualquier decisión. Huyo de las sorpresas. Escucho a todos. Medito,

reflexiono. Estudio profundamente tosías las posibilidades. Nunca me inclino de buenas a primeras por la

más sencilla: sería una pereza imperdonable. Más bien... creo que acabo eligiendo el derrotero más

complicado. Calculo los objetivos que quiero lograr y sopeso los medios, los instrumentos, los hombres

que voy a poder emplear...»

Su proceso mental es minucioso, paciente, arduo. Suárez es enormemente intuitivo, tiene una asombrosa

previsión de «jugada» política. Es más astuto y audaz que inteligente. Muy realista, con los pies sopote el

asfalto y, porque quiere «gobernar desde la normalidad», prefiere salir ai encuentro de los hechos que...

«ncontrárse-los arañándole la espalda, por sorpresa.

«Personalmente soy partidario de legalizar el comunismo en España —decía esta primavera a unos

contertulios en su casa—; es preferible conocer sus fuerzas reales y su respaldo popular que andar

creyendo fantasmadas. Es mejor saber dónde están y quiénes y cuántos son. Yo no voy a intervenir con

presión alguna sobre el Tribunal Supremo. Que ellos decidan lo que crean que deben decidir. El estatuto

que han traído los del P. C. E. para su le-galización está inteligentísimamente planteado...» que después

interviniese o no cerca del Supremo... esa es otra canción y otra partitura. Lo que ahora nos importa es su

táctica: «conocer al adversario».

POLÍTICA DE MANTELES BLANCOS

Ta cuando era ministro secretario general del Movimiento, en el primer Gobierno del Rey, se dedicó a

practicar la política del a´muerzo con los líderes de las asociaciones, los «monstruos sagrados del

franquismo, vivísimo aún, v los hombres que entonces, hace un año tan sólo, se llamaban de «la oposición

democrática»: Ruiz-Giménez, Gil-Robles, García-López. Cantanero, Ollero, Fernández-Ordóñez,

Camuñas... Se fletaban las «asociaciones 10-líticas». partidos pasados por la ventanilla, pero partidos al

fin y al cabo.

Suárez me dijo un día en las Cortes —el 8 de junio erectamente—: «Soy uno de los hombres del

Gobierno más "coordinado". Cualquier otro ministro puede hablar más fáciímente que yo. Hacer

declaraciones me da pánico: podría abrir frentes de interpretación, y no lo deseo en absoluto. Buscaré «1

momento oportuno para hablar.» Y después, dos revelaciones, dos frases con espoleta re´ardada que

resuerdo lite´alíñente: «Mi afán se centra ahora en conseguir la máxima asistencia popular a la Corona.»

Esa fue en adelante su política: negociar, templar gaitas, hacer que moliesen juntas las más aristadas

piedras de molino. Ahí desplegó todas sus artes sociales y su estrategia conservadora «sobre manteles

blancos». Los restaurantes de cuatro y cinco tenedores se pusieron de moda entre políticos y periodistas.

La otra declaración de aquel día en pasillos fue cuando yo le pregunté qué mecanismo de radar iban a

utilizar los «dieciocho» de la Comisión Mixta de Reforma para saber «lo que quena el pueblo». Casi

sorprendido, rae contestó llanamente: «¡Es que yo parto de la base de que esta Cámara, estas Cortes, son

representativas. Aquí se debatirán los proyectos de ley que envíe el Gobierno. Y luego el pueblo

refrendará en las urnas. Pero nada de vacíos legales ni de partir de cero! Utilizaremos los mecanismos que

ya existen. Y uno es éste: las Cortes.»

Después... fue otra cosa.

EL PRESIDENTE DE LAS CONSULTAS

Típico de la Presidencia de Adolfo Suárez ha sido «1 diálogo con políticos de las más diversas

tendencias. Antes de formar su primer Gobierno comenzaban las entradas y salidas de hombres públicos,

ayer al palacete de Castellana, 3, como hoy al de La Moncloa,

Alguien le preguntó: «¿No llamas a Areilza?» Suárez respondió hábilmente: «No, porque sé que él no

quiere colaborar conmigo, en mi Gobierno. Si quisiera, sabe que hay sitio para él.»

SUÁREZ, GISCARDIANO

Sigamos con su estrategia del diálogo. Es muy giscardiano, hacer de ¡a orden un pacto de honor: llamar,

recibir, preguntar, escuchar y comunicar al interlocutor 1.a. síntesis apretada de líneas d« fuerza por

donde habría áf. discurrir el «ferrobús» para llegar a tal punto. Así ha hecho Suárez. Después de

componer Gabinete, dialogaría con la mesa «negociadora de la oposición». Media España se reunía el

otoño pasado para redactar documentos-bases de entendirnirntos, discutirlos línea por línea, repensarlos

«a nivel Estado español» y plantear sus conclusiones ante Suárez. En Castellana, 3, había un presidente

que gobernaba «al estilo personalista». El acompañadísimo solitario. Un trasunto de «monsieur» Giscard.

Ahora en La Moncloa ha ido recibiendo diputados y senadores e.´ec-tos, líderes de los partidos, cabezas

de fila de las coaliciones parlamentarias...

Jiménez de Parga se asombraba el otro día de su temple de acero: «Por una puerta salía Carrillo; por la

otra entrábamos más de un centenar de independientes. Acababan de darle la noticia del asesinato de

Ybarra. Y ni en su pulso ni en su voz se percibía Ja menor alteración emotiva. Estaba dedicado a

nosotros... y estaba "sólo" con nosotros. Parece mentira tanta yetera-nía política. Pero Suárez tiene

"oficio". No es un "bluff" ni un acierto casual.»

«NI EL ELOGIO ME ENVANECE, NI LA CRITICA ME DEPRIME»

PERIODISTA.—¿Cuál ha sido el peor mes desde que está usted en la Presidencia?

PRESIDENTE.—Julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre... Ha habido muchos momentos difíciles

y supongo que habrá muchos más todavía.

PERIODISTA.—¿Está usted cansado?

PRESIDENTE.—Estoy más que cansado: agotado; metido en una empresa que no sé dónde y cuándo

acabará. Pero... (amplia sonrisa de satisfacción, brazos abiertos como queriendo abarcar el aire) ¡todo esto

me encanta! (Retazo de conversación en una escala del viaje presidencial a América.)

Recientemente me confesaba que lo que menos le ha gustado en su mandato presidencial ha sido «la.

incapacidad de transmitir, en algunos momentos, al pueblo español las intenciones del Gobierno». Y lo

que más le preocupaba: «La afición de algunos sectores políticos al bulo y al rumor, que alteraban la

serenidad...»

Suárez sabe que su llegada a Castellana, 3, fue acogida con general escepticismo y desconfianza hacia él

y todo su equipo de Gobierno. Ha sido uno de los presidentes de Consejo de Ministros más

minuciosamente enjuiciado y criíicado. «Los ataques que recibí al principio de mi mandato — ha dicho

Gonzalez comprendí muy bien. Pero ni el ataque crílico me deprimió ni los eh.-giüs me envanecen.»

Cuando Adolfo Suárez salió a la arena para hacer su «faena» de la reforma y la democratización, como

«jefe de cuadrilla. no .a imaginar tantos v tan resabiados teres ni tan difícil lidia... Arrimado a las Cablas

muchas veces y los tendidos en división de pitos y palmas.

UN AÑO DE 365 OBSTÁCULOS

«Es un hombre valiente, decidido, que no s? amilana jamás —comentaba hace pocos días la señora

Suárez—. Cansado y cansadísimo le he visto muchas veces. Desmoralizado es casi imposible verle. Tiene

una gran fortaleza interior que le mantiene. Es asombroso: jama: se deprime, tis-nt un equilibrio v una

serenidad admirables. Adolfo sab: comunicar esa realidad a cuantos le rodean. Es optimista, aunque no un

soñador. Sueña con los pies en la tierra.»

En su primer año al frente del Poder ha presidido casi cuarenta Consejos de Ministres y muchos de ellos

alumbraron decisiones «transcendentales», irreversibles, de doble filo: amnistías, reforma política,

legalización del juego, supresión de la «ventanilla» para las asociaciones políticas, derogación de la ley de

1937 sobre Guipúzcoa y Vizcava., referéndum, regulacion de la huelga y el despido, desaparición de la

Secretaría General del Movimiento, convocatoria de elecciones, nombramientos, etc.

En sus trescientos sesenta y cinco días ha habido muchas «tensas vigilias» por la oleada terrorista,

disturbios en el País Vasco, huelgas y manifestaciones, explosiones, secuestros, asesinatos, jornadas de

lucha. . Toda una «story» de regresos (Carrillo, La Pasionaria, Irujo, Azcárate. Alberti..., Tarradellas) que

en ocasiones exasperaron al ciudadano alegre y confiado y desempolvaron viejos y amargos recuerdos.

Ondeó la bandera soviética en la nueva legación v los eurocomunistas celebraron su «cumbre» e.i olor de

multitud sin patentes legal. Se suprimid el T. O. P. Cayó el fantasma del artículo 2 de la ley de Prensa. SP

desmontó el aparato sindical. Se liquidó el Movimiento. Se dio luz verde a «caji» todos los partidos.

Algunos significarlos procuradores dimitieron. Y también el ministro almirante. A falta de un Parlamento

«oontestador», el papel-prensa se entintó día a día con afiladas críticas «n cursiva, en redonda y en

negrita... Se le recordaba la menesterosa situación de nuestra caja de caudales: paro en alza, precios

disparados, Bolsa agónica, paquetes de medidas tímidas, demasiado tímidas. Nunca llovía a gusto de

todos. Si medio país decía que «sí» al cambio, la otra mitad opinaba que «no tanto» o que «no tan pojo».

La propia candidatura electoral del presidente armó revuelo. Sin embargo, muchos electores que habían

torcido el gesto ante el liderazgo desde el Poder hicieron álgebra política el «día de la reflexión» y

pensaron que ser de derechas un d_ía más sería un gesto irreparablemente inútil. Y votaron Suárez.

Con el entontes presidente de las Cortes, don Torcuatro Fernández-Miranda, en el Monasterio de El

Escorial donde, en febrero pasado, se celebró un solemne funeral por el alma de Su Majestad el Rey Don

Alfonso XIII en el XXXVI aniversario de su fallecimiento.

«Por una puerta salta Carrillo, por otra entrábamos más de un centenar de "independientes". Acababan de

darie la noticia del asesinato de Ybarra. Y ni en su pulso ni en su voz se percibía la menor alteración

emotiva» (Jiménez de Parga)

¡QUE PRESIDENTE TENEMOS!

 

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