Autor: Urbano, Pilar. 
 ¿Qué presidente tenemos? El perfil humano y político de Adolfo Suárez. 
 La marcha hacia la presidencia     
 
 ABC.    07/07/1977.  Página: 7, 9-10. Páginas: 3. Párrafos: 58. 

¿QUE PRESIDENTE TENEMOS?

EL PERFIL HUMANO ¥ POLÍTICO DE ADOLFO SUAREZ

LA MARCHA HACIA LA PRESIDENCIA

Texto: PILAR URBANO

Dice el proverbio mayaquiche: «Flecha aue avanza no cae.» No sé si anuncia la ley de la gravedad, c o

m p ensucia por el movimiento continuo, o si se preconiza el éxito de quien camina hacia el futuro sin

volver la vista atrás. Adolfo Suárez no ha sido «Hecha» —vistió la camisa azul bastantes años después de

haber c o I g a do en su casa el título de abogad o—, ni chico-S.E.U. Pero eso sí: no cae porque avanza,

avanza, avanza... Sospecho que avanzó siempre. Nunca ha sido un instalado. £1 sabe bien cuánto le costó

cada centímetro de progreso en stt trayectoria política. Y ni ahora, desde el puente de mando de la

Moncloa, puede permitirse el lujo de encastillarse en su baluarte Las nuevas Cortes, que él mismo ha

hecho poíibles, van a acosarle por los cuatro costados. El pueblo que le votó escudriñara el menor de sus

gestos y decisiones políticas, pasándole factura del voto. La flecha-Suárez no puede detenerse, ha de

seguir hendiendo el aire, avanzando., para no caer.

«AMBICIÓN SUBCONSCIENTE», DICE EL ASTRÓLOGO

Vaya por delante que no creo en los horóscopos ni en la influencia de los astros sobre el destino del

hombre. Me parece que tampoco lo cree el presidente. Pero no sé quien encargó un día a la «asa Galileo

Galilei un informe numerológico, astrológico y zodiacal de Adolfo Suárez,

Yo he visío ese estudio y me llamó la atención un subrayado muy repetido: «Ambición política, dotes de

mando capacidad para el poder.» El presidente es de los nacidos bajo el signo de «libra». Su estrella es

Zaniah y su decanato se denomina «Política».

He comparado el informe Galileo y el del profesor Lester. Coinciden en muchos elementos. ¿Qué dice del

hombre nacido el 25 de septiembre de 1932, el misterioso lenguaje de las constelaciones y los planetas?

Hablan de «ambición subconsciente»; dicen de él que es «hombre detallista, de mente profunda, con dotes

organizativas, sobrio, realista, práctico y de claro raciocinio lógico. Capacidad total de proyectarse

intelectualmente a grandes masas y responsabilizarse por ellas, con sentido le justicia y equidad». ¡Una

revelación isírológica que procede de Neptuno y Júpiter en un «alimón» de influencias...! Esto de la

justicia vuelve a aparecer remetidas veces: «Equilibrio y justicia equitativa y distributiva.»

También los astros registran el modo de raba jar un individuo. De Suárez dicen: Trabajador incansable;

otros hombres con u ritmo habitual de actividad llegarían 1 "surmenage". Tendencia a hacer horas extras"

por auténtica devoción profesioat. El cuidado, la responsabilidad, la precisión y el cálculo adelantado

(previsión) "nviertiTi su habitual trabajo en situación de "stress" Debe cuidar su corazón y las

tensiones nerviosas.»

EL OSCURO LENGUAJE DE LOS PLANETAS

Plutón, Marte, Mercurio, Urano... cada planeta aporta un dato de carácter y conducta nara «los nacidos en

el día y hora en que nació Adolfo Suárez: «Riqueza de sentimientos y emociones, con gran poder de

autocontrol. Objetividad, realismo, autenticidad. Sentido práctico de la vida. Fuerza moral. Poder.

Concepción trascendente del vivir. Perseverancia. Tenacidad. Afán de acabar lo comenzado. Sociabilidad

enorme: adaptabilidad a cualquier circunstancia ambiente y modo de vida; comunicación, buen dominio

de las relaciones humanas, del contacto y calor amistoso y familiar; hombre muy capaz de lograr

asociaciones de intereses, individualidades v metas comunes. Poder decisor. Sentido de lo armónico, de lo

justo y de lo estético.»

«Inteligencia intuitiva, imaginativa, asimilativa.»

«Su metal es el cobre. Sus piedras: diamante y berilo. Color: verde. Día de la semana: viernes. Número: 8.

Sus estrellas fijas: Espiga, Foramen y Arcturus>

Y bien, éste es eJ hombre (al como Dios ¡o hizo, y los astros lo señalan. Este es el hombre en cuyas

manos puso un día el Rey Don Juati Carlos un delicado y preciso instrumento: el bisturí para una difícil

cirugía política que había que ejecutar con urgencia y sin traumas. Hasta ahcra. el cirujano ha trabajado

con dedos maestros. Mao Tse-tung desde su Ganges celeste sonreirá diciendo: «La política es una guerra

sin efusión de sangre.» Exactamente así. como los dedos hábiles del cirujano que extirpan, vacían,

cosen... limpiamente.

LAS NOVIAS DE UN CHICO MUY SERIO

Era un chico muy serio. El trallazo de la guerra, sin entender muy bien qué era aquel «pandemónium»,

comenzó cuando él sólo tenía cuatro años. Después, el racionamiento, ei pan negro, e] azúcar moreno, el

jugar en la calle con juguetes de fabricación propia, la escasez de la posguerra en una familia modesta..

Más tarde, estudiar y trabajar a destajo para sacar adelante a los suyos. Y una fuerte inquietud religiosa,

social y política que cuajará en la dedicación de su tiempo libre a la Acción Católica El líder incipiente

estaba allí, en brote juncal: formando a la muchachada de Ávila. Tenía una imponente aceptación, Caía

bien. Sabía imponer sus criterios. Después llegará a saber que «política es más veces convencer que

vencer».

Tuvo una novia «bastantes años»: Solines, hija de los dueños de La Flor de Castilla, donde se

confeccionan las mejores «yemas» de Santa Teresa.

A su mujer. Amparo, la conoció una tarde de fiesta en los toros. Fue un noviazgo corto. Por entonces

Adolfo Euárez se ganaba el pan en el gabinete técnico de la Vicesecretaría General del Movimiento y en

la Delegación Nacional de Provincias, bajo la sombra tutelar de Herrero Tejedor.

Pero en un par de conversaciones, los señores luana dieron su aprobación a la boda, ganados por la

simpatía y seriedad del «chico».

DEFENSA EN EL DEPORTIVO DE LA CORUÑA

La cuestión «mozas» no le preocupaba demasiado. Tenía otros frentes de atención que saturaban su

deseo: DIOS, FAMILIA, PORVENIR.

Me dicen que, de pequeño, Suárez era mas bien bajito, «un retaco», y que hasta lo.s diecisiete años, a raíz

de una operación ili´ hernia» no dio el estirón. Pero desde siempre practicó varios deportes con buen

rendimiento de marcas. Su padre era gallego, coruñés, y la familia pasó algunas temporadas en La

Corana, Adolfo se integró en el equipo de fútbol juvenil del Deportivo de La Coruña. Jugaba de defensa

lateral. Y aún sigue siendo «hincha» de aquel equipo.

Hoy mismo me comentaba su peluquero-barbero. Pedro Antañón- «El presidente es un atleta, ¡palabra´

Tiene una fuerza inaudita. Mire usted. Pilar, hace cosa de quince días "echamos" una peleíta. Yo le corto

el pelo desde hace veintitrés años, y tenemos la misma edad, así que con todo el respeto que el presidente

se merece tenemos mucha confianza. El otro día subí a Palacio a arreglarle el pelo y le gasté la clásica

broma: "¡Nada, hombre, que estás acabado; estás hecho un viejo...´." Y nos apostamos a ver quién podía

más. Bueno... ¡me dio una tunda! Que todavía estoy en "tratamiento" por los dolores que me dejó en el

cuello y en los hombros... ;Es un atleta!»

QUERIA HABER SIDO SACERDOTE

Cuando Suárez conoció a Herrero Tejedor era un muchacho de veintitrés años, licenciado en Derecho,

que iba a misa diariamente. Había fundado la asociación «De jóvenes a jóvenes» con el padre don

Eugenio y fomentaba en su interior un fogoso ideal apostólico. Incluso se había planteado antes muy

seriamente la posibilidad de entrar en el seminario para seguir los estudios sacerdotales. Pero, de otra

parte, le incumbía la responsabilidad de atender moral y económicamente a su familia. Eran aquellos años

duros en que un abogado desconocido malvivía con «parches» y «dedicaciones varias» en obvio

subempleo. El hubiese deseado ser sacerdote, pero... entonces era imprescindible entre los suyos. Eran los

años cincuenta y... cuando con unos amigos puso en marcha la academia para suspendidos, cuando

transportaba equipajes en la estación de Ávila, cuando... vivir era una aventura seria y ardua.

EL PADRINAZGO DE HERRERO TEJEDOR

La señora de Herrero Tejedor, María Joaquina, con fina intuición, creyó antes que su marido en Adolfo

Suárez. En 1955 el recién designado gobernador civil de Ávila, don Fernando, precisaba colaboradores y

pidió nombres de «posibles». Le hablaron de Suárez, a quien, por cierto, ya había conocido... Suárez

empezó así a trabajar en la Secretaría del Gobierno Civil. El trato con Herrero Tejedor no pasó de una

deferente relación profesional. Y, eso sí, la coincidencia mañanera en la iglesia, y el... ¡buenos días,

vuecencia!

Más tarde, en Madrid, Joaquina recordó a su marido: «Aquel chico tan simpático, tan listo y tan serio de

Ávila..., ¿por qué no le llamas?» Fernando precisaba de un colaborador cercano. Casualmente. Adolfo

Suárez estaba atravesando apuros económicos y había telefoneado a Joaquina en «S. O S-> de urgencia.

Esto sucedía a comienzos de] año 57.

Herrero Tejedor es delegado nacional de Provincias y Suárez se encarga de su Secretaría. Entra en la

órbita del Movimiento. Se ciñe, con eficacia y a!to nivel de rendimiento, a las vicisitudes ascendentes de

su mentor, que columbra en Adolfo a! gestor intrépido y honesto, al hombre dinámico, intuitivo,

dialogador y aírente de buenos entendimientos: un brazo derecho leal con «mano izquierda» hábil.

Por azares del acontecer político, Suárez habría de ocupar cargos en los que le precedió Herrero Tejedor.

Como él. fue gobernador civil y .jefe provincial del Movimiento en una ciudad castellana ! Ferrando en

Ávila, Adolfo en Segovia ; como él, vicesecretario general del Movimiento, y después titular de esa

misma cartera ministerial. Como él, consejero nacional y vicepresidente de la Alta Cámara. Y no deja de

ser sorprendente coincidencia que también en el ánimo del entonces Príncipe de España estuviese ¡a

decisión de nombrar jefe del Gobierno, «en su día», a Fernando Herrero. La muerte, súbita y de accidente,

desbarató estos planes de Don Juan Carlos, quien así se lo manifestó a los hijos del malogrado ministro:

«Que te parezcas a tu padre —le dijo a Luis Herrero, uno de aquellos días de junio de 1975—, Con su

muerte he perdido algo irreparable y trastrueca mis previsiones.» También el presidente Arias, en el

aeropuerto de Manises. cuando llegaban ios restos de Herrero Tejedor, dijo a sus hijos: «Yo he perdido a

mi sucesor.» No había duda, pues.

Pero el almanaque español ha devorad» historia en los últimos tramos y, tan sólo un año después, el

sucesor de Arias sería precisamente Adolfo Suárez, el amigo-discípulo de Herrero Tejedor.

¿Por qué tu padre «cuidó» política y profesionalmente a Adolfo Suárez? —he preguntado a uno de los

hijos mayores de Herrero Tejedor.

Me ha contestado sin dudarlo:

Sabía valorar sus virtudes. Y Adolfo valía, vale, mucho.

´Por oué le nombró vicesecretario general del Movimiento?

Supe que había dudado entre Adolfo y Tomás Pelayo, Temía, nos dijo, que pudiesen interpretar su opción

a favor de Suárez como «nenotismo». Yo le pregunté directamente: «Papá, ¿por qué te has decidido por

Adolfo?» Y mi padre me contestó, como quien lo tenía bien pensado: «Primero, por su lealtad. Segundo,

por su enorme capacidad de diálogo, que va a hacer mucha falta ahora. Tercero, porque podrá y sabrá

hacerlo muy bien.»

íQUE PRESIDENTE TENEMOS?

El féretro con los restos de Herrero Tejedor es conducido a la capilla ardiente del Consejo Nacional.

Suárez, con el dolor dibujado en su rostro, aparece en primer plano, junto a Antonio María de Oriol y

Urquijo.

«Se !e apreciaban ojeras muy profundas. Se había quedado sin jefe, sin amigo, sin «padre»..., todo a la

vez. Había probado una migaja del poder político, y de nuevo era un ciudadano de a pie»

UNA LIPOTIMIA EN EL DESPACHO

«Se portó como si fuese nuestro hermano mayor», me dicen los Herrero Tejedor, evocando el cariño, la

atención, el desvelo con que Suárez coordinaba infinitos detalles, grandes y pequeños, a la muerte del

ministro. «El estaba en los toros con mi madre. Era la corrida de Beneficencia. Le dieron allí mismo la

noticia. Hizo salir a mamá y.. la fue preparando. Adolfo marchó inmediatamente a Villacastín donde

había ocurrido el accidente. Ya te puedes imaginar cómo estaba él también: destrozado y sin coraje para

nada; pero se sobrepuso y, entre lágrimas se ocupó de tcdo: Ja capilla ardiente, el traslado en avión de los

restos... ¡Ah! recordó que mi padre quería ser enterrado con el escapulario de la Virgen del Carmen y

envuelto en una sábana sencilla. Y se encargó también de eio... Te contaría y no acabaría nunca. N´o pudo

hacer más, ni mejor.»

Yo recuerdo que le vi en las exequias; estaba abatido. Llevaba a hombros el ataúd. Después suue que. ai

terminar e] entierro, en Castellón, le dio una lipotimia. Y otra cuando estaba en el despacho del fallecido

ministro recogiendo todos sus documentos y útiles personales para dar paso a Solís.

Por aquellos días le saludé en un pasillo le las Cortes. Se le apreciaban ojeras muy profundas. Se había

quedado sin jefe, sin inñgo, sin «padre»... todo a la vez. Y no iishnulaba. Estaba especialmente roto,

esaeciabnente hecho polvo, especialmente huérfano. Ya no era vicesecretario general leí Movimiento.

Había probado una mi-íaja de poder político... y de nuevo era in ciudadano de a pie. «Tu entrevista con

Fernando Herrero —me dijo, y me asombró su memoria— estaba concertada para ;l día siguiente al de su

muerte. ;...; El cuestionario que le enviaste se quedó justo encima de su mesa de despacho... Es todo

demasiado tremendo, ¿verdatl?»

AQUELLA FOTO DE LA CONTINUIDAD

Volví a verle en agosto, ese mismo verano de 1975. Un día tórrido. Suárez vestía un bien cortado

«fresco)» de color beige. Y en su solapa, las flechas y el yugo, en oro. Era en la sede de U. D. P. E., la

primera asociación política que aparecía en el horizonte pre y muy pre democrático. Presidia la estancia

una ampliación fotográfica de Franco y Don Juan Carlos: la estampa oficial de la continuidad del

régimen, «con una continuidad, ni inmovilisía ni rupturista».

«La democracia —me dijo— es la más legítima forma de gobierno. Cuando ella misma genera autoridad

ordenadora y evita la anarquía social y «1 secuestro del poder.» Se mostró tajante al excluir el socialismo

mar-vista. Y no olvidaré que citando yo le pregunté algo referente del Príncipe, él me contestó

hablándome del Rey: «Se apoyará en todas las fuerzas políticas y sociales del país; un Rey no pacta con

asociaciones ni con partidos.» La respuesta era gallarda, por la simple razón de que, viviendo Franco,

nadie llamaba Rey al Príncipe de España.

Cuando nos despedíamos, mientras me acompañaba hasta el rellano de la escalera, en aquel octavo piso

de la calle Basílica, me espetó un vibrante mitin: «Hay que hacer una llamada al espíritu de exigencia, de

sacrificio y de esfuerzo. Ahora hay una tendencia imponente al relax, al abandonismo... Y los logros

importantes no se alcanzan sin trabajo, sin generosidad, sin renuncias personales. Hemos de cumplir una

tarea justa, necesaria, entusiastamente. Pero hemos de movilizar no sólo las conciencias de muchos

españoles, síno. o también, sus voluntades, su servicio personal...»

ALGO DISTINTO EN LAS CORTES

Meses después hablaríamos de nuevo, varias veces, en las Cortes, siendo él ministro del primer Gobierno

del Rey. Nuestra última «parrafada», siempre en el juego dialéctico de oponer a su tenaz evasiva mi

tozudo interrogante, fue el día que le eligieron consejero permanente «de los 40 de Ayete», derrotando en

la liza al marqués de Villaverde. Aquel día su discurso ante el hemiciclo electrizado en la alta tensión de

posturas contrapuestas sonó a... cosa distinta.

El teniente general Díez-Alegría, que llegaba de El Cairo para asistir al Pleno, cementó: «Debe ser por la

nostalgia que da la lejanía..., pero me está gustando hoy el talante abierto que encuentro en las Cortes.

Que hay «bunker» y cerrojos ya la sé. pero... hace diez años no se hubiere podido ni soñar lo que hoy

hemos oído aquí.»

Y Nicolás Franco Pascual de Pobil, después de comentar el intento político de su pariente el marqués de

Villaverde, me dijo: «Suscribo a] ciento por ciento el discurso de Suárez. No podía imaginario así. Y

aplaudo que haya hablado de la necesidad de hacer política real, de lo que hay en la calle... Es la primera

vez que be amortizado mi escaño, desde que asisto a los debates plenarios.»

Fueyo Álvarez. desde la víspera, andaba silencioso «meditando y decidiendo et voto». Le vi levantarse de

su asiento (codo con codo con Rodríguez de Valcárcel. que votaría NO; y proximísimo a Girón, que

también diría NO a la legalización de los Partidos) y decir secamente «SI». Después le pregunté por qué.

«Porque un NO no es una política.» «¿Y el SI?» «Una aventura.»

No había transcurrido un mes cuando el Rey aceptaba la dimisión de Arias. Crisis de julio del 76 Y el

Consejo del Reino se reunía nara elaborar una «terna». So última «eterna».

¿QUÉ PRESIDENTE TENEMOS?

DE LA «OPERACIÓN PRINCIPE» A LA «TERNA»

Suárez era la válvula mitral de Televisión Española cuando «desde arriba» y hacía el pueblo, se puso en

marcha la «operación Príncipe: Ganar la aceptación popular de la Institución monárquica encarnada, en su

«lía, en el Sucesor Juan Carlos. Suárez puso todo su empeño, su inteligencia imaginativa y su «savoir

faire» ai ser vicio de es» operación. Punto y aparte de varios años.

El Consejo del Reino se reúne dos días seguidos: un total de siete horas y media de deliberación y

votación, para elaborar una «terna». La jefatura del Gobierno está vacante. Por mucho que los periodistas

nos empeñemos en arañar las puertas dei sigilo de oficio, no hay la más mínima filtración, Martín Sanz

me había dicho al término de la primera sesión: «Ni está siendo fácil, ni va a serio.»

Cuando ya hubo «terna», que aún desconocíamos, porque Torcuato Fernandez-Miranda acababa de

enfilar, con ella en el bolsillo, la ruta de la Zarzuela, el mismo consejero Martín Sanz me comentó con

una leve dosis de ironía: «Puedo decirle una cosa: el Consejo del Reino., ha funcionado, en toda la

acepción de esa palabra. Como un ,-motor adecuadamente puesto en marcha.»

El presidente de las Cortes, antes de marchar, al abrirse la hermética puerta del salón Mariana Finada nes

babia dishn escuetamente: «El Consejo del Reino ha terminado, ¿stcy en condiciones de poder ofrecer al

Rey lo que me ha pedido.» ¥ aquí comenzaron las cabalas: ¿nuede el Rey haber sugerido algunos

nombres de presidenciables? ¿Puede haber jrsinuado la especie de hombre político que ¿a transición va a

demandar? ¿Habrá apuntado la conveniencia de que se le be a elegir entre hombres vinculados con el

Régimen de Franco, pero con talante liberal democrático, y vis resolutiva cap»z de hacer el cambio sin

asperezas? Quizá, sí. Y un indicio es que los tres nombres de la ´erna tenían esa virtualidad: venían de

ayer y eran capaces de trabajar para mañana.

Monseñor Cantero Cuadrado me contó una anécdota de aquel Consejo difícil: «Yo no sé —decía— por

qué hemos de dejar a Dios fuera de estos asuntos, que si importan a los hombres también le importan a

Dios... Así que hemos rezado al Espíritu Santo antes de empezar la sesión... Yo no recuerdo, en n:uguno

de los Consejos del Reino a que he asistido, que se haya rezado. Pero esta vez era distinto.» Alguien que

parece saberlo bien me informó recientemente: ¿Sabe^ quién nuso a Suárez en aquella terna? El Espíritu

Santo, el Rey, los Oriol y... algunos votos más.» A las cinco de la tarde empezarpn a circular «ternas» en

los medios informativos y políticos, las más respaldadas por «fuentes fidedignas*., era: «Areilza-Suárez

Silva». «Areilza-Suárez- López Bravo» y «Silva-Suárez-López Bravo». Areilza me decía el mes pasado:

«Bastaba conocer la composición del Consejo del Reino para saber que ni locos me hubieran metido en la

terna. ¡Jamás esperé ser designado presidente!» Tal vez fuese sincero...

A las siete y diez de la tarde del 3 de julio, en plena vorágine de Redacción, saltó un telegrama de

agencia. vía télex, que arrojaba la noticia: «Suárez, presidente de Gobierno.»

Un final inesperado que nadie, nadie, nadie, acertaba a interpretar. Un viejo ordenanza de ABC.

cachazudo y filósofo, rezongó: «El Rey los quiere jóvenes.».

Pilar URBANO.

 

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