Declaraciones de Suárez. 
 En la operación de cambio político traté de actuar desde la legalidad     
 
 Ya.    12/06/1977.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 62. 

11-VI-77

INFORMACIÓN NACIONAL

Pág.11 ya

EN LA OPERACIÓN DE CAMBIO POLÍTICO TRATE DE ACTUAR DESDE LA LEGALIDAD

DECLARACIONES DE SUAREZ

El 15 de diciembre señala para mí un clarísimo mandato popular: superar las dos Españas e iniciar un

camino de normalidad democrática

EL PAÍS, EN GENERAL, HA DEMOSTRADO SU IDENTIFICACION CON LOS PROPÓSITOS

DEL GOBIERNO

No habrá intromisión oficial en los resultados de las elecciones

MADRID, 11. (Europa Press.) "Es evidente que yo no deseo continuar en la Presidencia si no obtengo el

respaldo necesario para poder gobernar con eficacia." Así se ha pronunciado el presidente del Gobierno,

don Adolfo Suárez, candidato a diputado por Madrid de la Unión de Centro Democrático, en unas

declaraciones hechas «1 director de Europa Press, Antonio Herrero Losada, cuando faltan tres días para

las elecciones generales.

Estas declaraciones habían sido solicitadas por escrito y mediante la presentación de un cuestionario hace

unos días y han quedado contestadas el sábado por la tarde, despué» de una entrevista personal en el

despacho del presidente.

Es la primera vez que don Adolfo Suárez en este periodo electoral »a define ante una serie de temas

concretos, como amnistía, situación d» partidos no legalizados, formación del próximo Gobierno

problema económico, etc.

No habrá intromisión oficial en los resultados electorales

El contenido de este diálogo entra el presidente Suárez y Europa Press es el siguiente:

¿No cree que su participación en ¡a lucha electoral podría restar credibilidad a la, pureza de las

elecciones? ¿Se están dando realmente los mínimos para una igualdad de oportunidades políticas?

La credibilidad de unas elecciones no se mide solamente por la» personas que concurren, aun teniendo en

cuenta las peculiaridades de estos comicios, sino por el sistema de garantías jurídicas en qu« se asientan.

Sin ánimo de autogestionar al Gobierno, he de decir que estas garantías son absolutas y la igualdad de

oportunidades poli-ticas las puede comprobar usted mismo en el uso de Jos medios de comunicación

estatales y en el sistema de recursos establecidos. Se han tomado todas las medida* posibles para evitar

cualquier Intromisión oficial en la campaña, y en los resultados. Hemos aplicado con 9l máximo rigor y

transparencia lag normas que rigen en otros países donde los partidos que están en el poder se presentan a

las elecciones. LA .Administración del Estado delegó numerosas competencias que podían afectar al

proceso electoral en el poder judicial. Y es este mismo poder judicial a quien queda confiada la decisión

en los posible,» casos de desviación de las decisiones de la Administración pú-Wica. Con estos y «tros

requisitos está garantizada la pureza y la Igualdad de oportunidades. MI presentación es, desde luego,

arriesgada, pues partir hacia la meta del 15 d« junio con la enorme carga de gobernar un país en

momentos difíciles y de erosionarme por una acción pública de la que están libres lo» demás candidatos.

Es evidente que ninguno de ellos pudo ser atacado o criticado por sus obras recientes de Gobierno.

No, naturalmente, concurro con 1« aspiración de ganar. Es el móvil final de todo candidato. Pero

considero mucho más importante, cualquiera que sea el veredicto de las urnas, que los resultados sean

absolutamente veraces e indiscutibles. I´ista es la grun oportunidad para asentar definitivamente la

democracia en nuestro país, y no se conseguirá si no se parte de una absoluta transparencia y credibilidad

Busqué el pluralismo político

Al amanecer el 1 de julio pasado usted era ministro secretario general dei Movimiento. Cuarenta y ocho

horas más tarde era ya el presidente de un Gobierno que eliminaría por decreto el Movimiento y

convocaría elecciones democráticas. ¿Pensaba usted en ello cuando recibió el encargo de formar Gabinete

o fueron las circunstancias las que se lo impusieron?

Me remito exclusivamente a los liecbos. que son más elocuentes que las palabras. En este sentido es

evidente—y allí están las colecciones de los periódicos—que la gran filosofía que presidió mi acción de

Gobierno como presidente lia sido la que expresé en la defensa de la ley de Asociación Política siendo,

como usted menciona, ministro secretario general del Movimiento. En aquella ocasión hablé, por

ejemplo, de la necesidad de dar cabida en el Esíado a todo el pluralismo político. Resultaba claro que al

aceptar las Cortes esa ley y sus consecuencias el Movimiento dejaoa de tener uno de sus principales

cometidos: servir de cauce a la participación política de los españoles, que a partir de ese momento no

tenía más limites que la propia legalidad de los partidos.

Mi primera declaración a los españoles y la declaración programática del Gobierno contenían todo lo que

después se convirtió en realidad. Ahora bien: en toda la operación de cambio político traté de actuar desde

la legalidad, respetándola y encauzando a través de ella la reforma. EI tiempo tomado en algunas acciones

»e debió exclusivamente a la idea de evitar heridas Injustas e innecesarias, aunque la supervivencia del

Movimiento resultaba claramente incompatible con un» democracia pluralista, Las circunstancias sólo

han influido en la obligación política de buscar el momento oportuno y más conveniente, de acuerdo con

las necesidades nacionales.

Superar las dos Españas

También hace tan sólo unos meses el dilema parecía centrarse en reforma o ruptura. ¿Qué ha Imperado, la

reforma o la ruptura a través de la reforma?

Creo que todos coincidimos en que la reforma y la ruptura perseguían el mismo fin: hacer posible una

democracia de corte occidental. En cualquier caso, hoy, en vísperas de las elecciones, ambos

procedimientos están ya superados y la realidad es única: España ha-normalizado su situación política, los

partidos pueden realizar el juego al que aspiramos, y no falta más que culminar el proceso, ahora a través

de unas Cortes mus representativas. Quiero, sin embargo, señalar un aspecto: al hacer pasar la reforma

política por las Cortes Españolas y el referéndum de la nación no sólo intentaba cumplir la legalidad

vigente, sino también, y de manera muy especial, que todos los españoles, cualquiera que fuese su

ideología política de origen, pudieran colaborar con la conciencia limpia en la elaboración del futuro

político democrático. En unos casos, porque el cambio político se hacía con la aproImeiim de uno*

procuradores elegidos o designados en vida de Franco. En otros, porque hombres que habían luchado por

la libertad en circunstancias difíciles podían encontrar en la ley el camino cierto y seguro de lograr una

España democrática. Y en todos porque el pueblo español. en su totalidad podía manifestar su voluntad en

referéndum, como así ocurrió. He deseado que nadie pudiera sentirse traidor o traicionado.

La explosión de alegría, popular el 15 de diciembre señala para mí un clarísimo mandato popular: superar

las dos Españas e iniciar un camino de normalidad democrática. Creo *iue he hecho |o que tenia que

hacer, e incluso me permito opinar modestamente que con ¡a colaboración de todos los españoles, hemos

desarrollado en corto plazo una etapa de transformación política sin antecedentes históricos.

Hemos dialogado con los partidos políticos

Si exceptuamos la petición de un Gobierno provisional y de coalición, ¿cuáles son las peticiones que la

comisión negociadora de ios diez no ha conseguido en estos meses?

Quiero señalar algo: si estamos donde estamos, partiendo como hemos partido de una situación

fuertemente enfrentada entre los dos términos que usted utilizaba antes (reforma v ruptura) y, a su vez, la

oposición a ambos del inmovilismo, no fue por una imposición, sino porque hubo unos acuerdos básicos,

un diálogo abierto y. en definitiva, la conjunción de unos criterios que p u d ieron ser fácilmente

aceptados por todos. Usted me habla de la famosa "comisión de los 10". Pues bien: todas sus posiciones

han sido tenidas en cuenta, y debidamente ponderadas, al estructurar los distintos momentos del proceso

político. Pero también fueron tenidas en cuenta las opiniones de aquellos sectores que hasta añora-no

fueron llamados de oposición. En muchos casos las posiciones de unos y otros coincidían básicamente

con los proyectos del Gobierno, aunque cambiase la forma, de presentarlos y la estrategia elegida. Sólo

así, desde la estructuración del diálogo, con la intuición posible para observar los deseos de evolución del

país y con suficiente capacidad para acomodarse al cambio real operado en la sociedad, hemos podida

completar el proceso hacia la democracia.

Ei país se identificó con los propósitos del Gobierno

La transición da un régimen como el del Generalísimo Franco a una democracia de partidos políticos

necesariamente tenía que presentar grandes d i f i c u Hades. ¿Dónde y cuándo se han producido las

mayores resistencias?

No hubo sólo resistencias, sino, como usted sabe, tensiones que urgían mayores prisas. Es difícil señalar

un momento más tenso que otro. Muchos, incluso, ni siquiera han trascendido a la opinión pública. Los

once meses vividos al frente del Gobierno han sido prácticamente una carrera de obstáculos. Pienso que

para un gobernante el problema más difícil es siempre el que tiene encima de la mesa, y no el (|iie ha

solucionado, por grandes que hayan sido las resistencias. Una política nueva como la que emprendimos

tenía, por fuerza, que suscitar resistencias de las estructuras que estaban más afianzadas, aunque sólo

fuese por la fuerza de la costumbre. Frente a ello, hay una gran realidad final: cuando ION problemas y

las soluciones han sido explicados he encontrado la máxima comprensión, y el país, en general, lia

demostrado su identificación con los propósitos del Gobierno. Si esa identificación hubiera faltado, si que

hubiéramos tenido una gran resistencia. Tan grande que hubiera hecho imposible terminar e>I proceso.

Prácticamente, no hay presos políticos

¿Qué es concreta mente lo que impidió la concesión de una amnistía total, sin que tuviera que esperarse a!

mes de las elecciones?

La necesidad de la amnistía fue concebida, por al Gobierno desde su toma de posesión como un

procedimiento pura conseguir la reconciliación nacional. Pero no podíamos hacer tampoco que este factor

de concordia surtiera los efectos contrarios en tnuclios españoles, igualmente en plenitud de derechos y

muchas veces con grandes razones de pul r iotistno, que veían en las medidas de gracia un grave riesgo.

Pero no lia sido éste el único factor ni el más importante. El más decisivo ha sido que no e n c o « t r amos

siempre la colaboración precisa por parte de las organizaciones a las que pertenecían los presos políticos.

Los actos de terrorismo han descendido en su nú-mero, pero, por el mero hecho de existir, se convertían

en argume ato en contra de la amnistía. Reconozco que las medidas de gracia se concedieron de un modo

poco espectacular; pero no buscábamos la espectacularidad ni el éxito de galería. También en esto hubo

que buscar las circunstancian oportunas y hubo que cumplir los trámites mínimos qiie exigían algunos

delitos que en su día todos líennos lamentado y c o n d enado. Hoy las cárceles están prácticamente vacías

de presos políticos. Todos deseamos que esta actitud sirva para que un pueblo demasiado castigado por la

violencia pueda encontrar la paz. Sé que no va a desaparecer el terrorismo. Pero nadie podrá u 1 pnriios

de que, aunque fuese lentamente—y. desde luejío, al mismo compás que la reforma política—, no

hayamos puesto los medio* para la conciliación.

En una democracia no debe haber exclusiones

Una vez reconocido el Partido Comunista, ¿cómo as que no se ha ido a la legalización de ots-os

partidos políticos de extrema izquierda menos importantes, al menos sobre el papel?

Mi deseo y el deseo del Gobierno, ha sido que todos los partidos estuviesen legalizados. No es bueno que

en una democracia haya exclusiones. Pero en los casos que todavía permanecen fuera de la ley se

producen abiertas contradicciones entre sus estatutos y los preceptos legales. Cabían dos posibilidades: o

cambiar la ley o cambiar esos estatutos. Para lo primero, habrá que esperar a la,s nuevas Cortes. Pa ra lo

segundo, esos partidos tienen la palabra. Sin embargo, creo que en estos momentos hay que atenerse a los

resultados. Y eso* resultado* indican dos cosas: primera, que una gran mayoría de españoles que votarán

el próximo miércoles se encuentran identificados con los partidos legalizados. La segunda es que incluso

los partidos no inscritos en el registro presentan candidaturas al Congreso y a! Senado y disfrutan

prácticamente de la misma igualdad de condiciones que los demás.

La transición a la democracia no termina en las elecciones

Bien. Ya estamos en el período predemocrático que culminará el día de las elecciones. ¿Señalarán estas

elecciones el final de la transición o, por el contrario, serán sólo el comienzo de un período constituyente,

es decir, un punto de partida hacia la democracia?

La transición hacia la democracia no termina, lógicamente, en la» elecciones, sino que con ella»

comienza un nuevo capítulo. Sol» cuando esté redactada una nueva Constitución elaborada por todos lo»

partidos que tengan representación en Cortes, sólo cuando hayamos encauzado definitivamente I»

solución de problema r e g i o n al, sólo cuando estén consolidada^ todas las libertades, sólo cuando se

hayan consolidado los hábitos de la convivencia y el respeto mutuo habremos consolidado también la

democracia. Pero permítame que considere injusto el calificar al próximo miércoles como el punto de

partida, ya que la consecución de ese momento es el resultado de una marcha difícil que entre todos

hemos realizado. El país comenzó a caminar hacia la democracia en eí momento mismo en qite S. M. el

Rey pronunciaba el mensaje de la Corona y prometía un lugar holgado para todos los españoles en

nuestras instituciones.

Necesito el respaldo popular para seguir en el poder

Con arreglo a la legislación vigente, a usted le restan algo más de cuatro años como presidente del

Gobierno, sa.lvo qu? dimitiera o que fuera cesado por el Rey, oído el Consejo del Reino. Pero también es

cierto que las nuevas Cortes podrían acordar su destitución por otra personalidad política. ¿Qué piensa

usted de su permanencia en el palacio de la Moncloa desptiés de las elecciones? ¿Influirían loa resultados

de las mismas?

Es indudable que los resultados de las elecciones influirán decisivamente en mi permanencia o no al

frente del Gobierno. Es cierto, también, que con arreglo a l¡» legalidad vigente, y en tanto no sa

modifique, yo puerto continuar como presidente. Pero también es evidente que yo no deseo continuar en

la Presidencia si no obtengo el respaldo necesario para poder gobernar con eficacia. Yo voy a las

elecciones voluntariamente, pero consciente del riesgo que lie aceptado.

El nuevo Gobierno dependerá del resultado electoral

Caso de permanecer en el cargo, ¿mantendría la actual composición de] Gobierno, o procedería a dar

entrada en el mismo a los representantes de aquellos bloques o partidos que hayan demostrado en las

urnas tener mayor aceptación entre el pueblo español?

Supe, desde los tiempos en que jugaba al fútbol, que no es buen "manaffer" quien anticipa excesivamente

la formación del equipo. Pero, si usted cree que esquivo SH pregunta, le adelanto mis criterios generales.

La formación del próximo Gobierno dependerá, igual que mi permanencia, del resultado de las

elecciones. Unión de Centro Democrático, la coalición en la que me he comprometido, piensa que tiene

un buen programa d>* Gobierno, y va a tratar de cumplirlo. Los hombres serán los que resulten más

idóneos para esa tarea, y serán, por supuesto, aquellos que conecten de alguna forma con las

representaciones existentes en las Cortes, para que sea posible —y discúlpeme la insistencia—gobernar

con eficacia. Los graves problemas que aquejan al país, casi todos heredados, necesitan esa conjunción de

valores: hombres preparados y eficaces y hombres con un respaldo que les permita llevar a cabo su

gestión.

ya. Pag. 12

12-VI-77

INFORMACIÓN NACIONAL

DECLARACIONES DE SUAREZ

EL PROBLEMA ECONÓMICO ES PREOCUPANTE, PERO SE DIVISA LA SALIDA DEL

TÚNEL

Los males económicos se solucionarán después de las elecciones, si no triunfa una opción marxista que

quite confianza y seguridad a los inversores La operación de saneamiento económico requerirá aceptación

por todos Se me encargó una misión y creo que la he cumplido con la ayuda del pueblo

Se vislumbra una esperanza económica

El deterioro de la situación económica es evidente, sin que se vea posibilidad de arreglo hasta las

elecciones. ¿Cómo cree que ei Gobierno—presi d i d o por usted o por otra persona—deberá encararse

con ese grave problema?

Las elecciones sólo solucionarán el problema económico, y los demás problemas, en la medida en que sus

resultados devuelvan la tranquilidad y el sosiego necesarios a la nación. Acépteme esto como primera

afirmación. A partir de aquí le diré que el problema es, efectivamente, preocupante, pero se divisa la

salida del túnel. No podemos caer en la demagogia propia de los períodos preelectora-les. Se abusa, por

ejemplo, del argumento del endeudamiento exterior, y yo debo puntualizar que España es de los países

industriales menos endeudados. La deuda exterior española, en relación con su producto nacional bruto,

es muy inferior a la de listados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Dinamarca y otros países de

nuestro entorno económico. Sufrimos también un excesivo índice de inflación (32,6 del mes de marzo de

1976 al mes de marzo de 1977), pero hay países europeos que no están en período de transición política y

están por encima del 30 y otros se aproximan a la tasa española. No, no trato de dulcificar el panorama.

Pero trato de decir que quizá no debemos confundir la argumentación para la conquista de votos con la

realidad fría. Ahora estamos pagando el precio de una transición política ante la que todos hemos sentido

«tgún miedo hace no mucho más de un año y, desgraciadamente, también lo sintieron los capitales.

Algunos de los males que sufre la economía española se solucionarán tan pronto como se clarifique el

panorama político, si no triunfa una opción marxista que quite confianza y seguridad a los inversores.

Otros se corregirán a medida que se dulcifique la crisis en el mundo occidental al que pertenecemos. Los

demás n e c esitan una operación de saneamiento que requerirá unas nuevas líneas económicas basadas en

su aceptación por todas las fuerzas políticas y sindicales. Habrá que reforzar el sector público, reformar la

legislación fiscal... lo que quiero decir es que, cualquiera que sea el Gobierno encargado de esta tarea,

aunque venga con toda la urgencia, no podrá arreglarlo todo en cuestión de semanas. El largo "deterioro",

como usted dice, de la economía., requiere una profunda, pero también larga, terapéutica de. la que no

sólo será responsable el Gobierno, sino todas las fuerzas sociales.

Hoy que convocar una política de grandes objetivos nacionales

Si estuviera en su mano abordar otro de los problemas candentes, el laboral

productividad, huelgas, etc.), ¿cómo trataría de resolverlo?

Un Gobierno no puede resolverlo todo si la sociedad no quiere. Hasta ahora muchas medidas no han sido

posibles porque la sociedad no estaba estructurada p o 1 í t i-camente. Pienso que la fecha del 15 de junio

será decisiva y debe convertirse en el punto de partida para devolver a los ciudadanos el entusiasmo, l´ara

hacerlo, hay que convocar toda una política de grandes objetivos nacionales. A partir de esa política, un

Gobierno que pretenda solucionar los problemas que usted plantea tiene que comenzar por hacer posible

el entendimiento social; continuar por el relanzamiento económico y apoya r s e sistemáticamente en unas

haces de justicia.

Las reformas fisco! y agraria

¿Cuál es su opinión en torno a dos reformas por las que claman prácticamente todos los partidos: la

reforma fiscal y ia reforma agraria?

La reforma fiscal figura en el programa de la coalición que encabezo como uno de los objetivos

prioritarios. Le diría incluso más: la entiendo como una parte de la transición política, y es, desde luego,

el único instrumento válido para conseguir un adecuado equipamiento social, un sector público

importante por sí mismo y una debida atención a las necesidades sociales del país. No voy a caer en la

demagogia de decirle que España tiene que dejar de ser Un paraíso fiscal, pero la necesidad de que cada

ciudadano contribuya con arreglo a sus rentas, sin posible escapatoria, es un principio de mínima justicia

distributiva. En cuanto a la reforma agraria, no podemos caer en los esquemas clásicos con que se ha

planteado. La agricultura es un sector productivo y ha de ser contemplado como tal. Ha de garantizarse su

rentabilidad, y ha de darse a sus hombres la atención pública que requieren como ciudadanos. Hoy, más

que proceder a un reparto de la tierra, pienso que es más urgente proceder a su racionalización, expropiar

desde luego la tierra productiva no explotada y potenciar aquella que está siendo rentable a los

empresarios y a los intereses generales del país.

Sistema de libre iniciativa

Europa está, prácticamente, dividida en >3os opciones: aquella que se basa en la ubre iniciativa

(occidental) y la de dirigismo estatal (repúblicas populares del Este). ¿Cuál sería la alternativa de Adolfo

Suárez?

La alternativa de Adolfo Suárez está, por supuesto, donde está la alternativa de España: en su entorno

geográfico, en su entorno económico y en el mapa donde se dibujan realmente los intereses de la nación.

Digo con esto que estoy en el sistema de libre iniciativa. Pero mis principios de activación económica se

basan en tres criterios básicos: economía de mercado al servicio de la sociedad, presencia competitiva del

sector público y mayor preocupación por los equipamientos económicos y sociales. Mi creencia en la

libre iniciativa no me impide comprender que el Estado no puede ser ajeno—y me-nos en nuestras

actuales circunstancias—a la "jungla" de ganar dinero. Por eso su intervención se hace necesaria. Las

fórmulas de mercado libre han de tener las limitaciones y los tactores de corrección precisos. El Instituto

Nacional de Industria, en una nueva política, debe hacer innecesarias fórmulas de socialización aplicadas

en otros países.

Político exterior

Hasta cierto punto resulta comprensible la atención gubernamental a la transición política. Ahora bien, .no

cree que cuestiones de política exterior constantes, como la relativa a Gibraltar. han quedado demasiado

relegadas, al menos aparentemente?

La atención a la transición política no es sólo "comprensible", sino absolutamente prioritaria. El conjunto

de temas pendientes en España es como un gran "puzzle", cuyas piezas había que colocar en su sitio.

La reforma política ha sido el tablero para colocar esas piezas, que ahora comienzan n estar ordenadas.

Al margen de esto, no me parece razonable para el Gobierno decir qvie haya cuestiones de política

exterior relegada. Precisamente si de algo nos podemos sentir satisfechos es de haber abierto nuestras

fronteras, de haber normalizado nuestras relaciones con casi todo el mundo y de haber alumbrado toda

una posibilidad de protagonismo, de acuerdo con el peso de España en el marco internacional.

¿Gibraltar? No lo hemos olvidado, y sigue siendo para nosotros, al Igual que para Ja más vejerana escuela

da diplomáticos, una espina clavada, en el cuerpo español. SI el Peñón es una eterna reivindicación de

España, tiene que ser una Importante preocupación de cualquier Gobierno. Pero no es el único objetivo de

nuestra política exterior, como lo fue en algunos tiempos para disfrazar otros problemas en nuestras

relaciones con el mundo.

La unidad de España no está en peligro

Algunos ideólogos y políticos llegan a pensar que vivimos momentos críticos en los que la unidad de

España está abiertamente amenazada. ¿Comparte, usted, estos temores? ¿Cree que los problemas que

algunas regiones plantean podrán resolverse sin atentar a esa unidad que dura ya cerca de quinientos

años?

Con el problema regional ocurre lo que con otras muchas cuestiones: que ia nueva dinámica política

hacen que aparezcan como nuevos problemas arrastrados de antiguo. La unidad de España no está en

peligro. Creo, en cambio, que lo estaría si continuase et desconocimiento del hecho regional, si se

siguiesen haciendo oídos sordos a las demandas de las regiones, sí siguiésemos sin comprender sus

peculiaridades, si nos siguiésemos negando al diálogo con fuerzas que piden descentralización y

autonomía porque son dos principios absolutamente útiles para el desarrollo de su personalidad y sus

posibilidades y en nada atenían a la unidad nacional. Creo también que si las demandas regionales —que

en gran medida me parecen justas y atendibles—se canalizan, se normalizan y se atienden en unas Cortes

representativas, la unidad de España saldrá reforzada. En un ambiente de libertad y justicia, estoy

convencido de que los grupos que se consideran marginados coincidirán en la tarea común con los demás

españoles.

Después de las elecciones se resolverán otros problemas

¿Por qué muchos de los grandes problemas con que se enfrenta la vida española parece aue se dejan para

después de -las elecciones? ¿No piensa que van a ser tantos y tan importantes que difícilmente un

Gobierno va a poder afrontarlos todos?

Efectivamente, algunos problemas han tenido que e s p e rar necesariamente a las e 1 e c clones. Pero no

por comodidad, sino por realismo; no por aplazar nada, sino por la evidente necesidad de contar con

interlocutores con legitimidad democrática y pro bado respaldo popular. No se puede abordar el tema

regional sin re-» presentantes auténticos de esas regiones en los centros de decisión y discusión. No se

puede Intentar seriamente un plan económico de largo alcance sin que existan antes interlocutores

políticos y sociales. ¿Cree usted, sinceramente, que se podía intentar una negociación seria en lo

económico y en lo social con unas fuerzas políticas y sociales clandestinas? En cualquier caso es

fácilmente demostrable que hoy no existen más problemas de los que existían cuando «e constituyó el

Gobierno, que se solucionaron muchos (desde luego, los políticos) y que los demás sólo a partir de ahora

cuentan con las condiciones objetivas para intentar resolverlos desde ia negociación.

Una pregunta final: Cuando el 3 de julio aceptó la presidencia del Gobierno, ¿pensó en todo lo que le

vendría después sobre BUS hombros? Gafo de retroceder a esa fecha, ¿volvería a aceptar 61 cargo?

Voy a ser muy explícito y muy sincero. Si no hubiera pensado "en lo que me vendría sobre mis hombros",

sería un i r r e s ponsable. Acostumbro a medir muy bien mis pasos y a planificar todas mis acciones.

El día 3 de julio de 1976 comprendí perfectamente lo que tenía ante mí, pero también me di cuenta de la

oportunidad que se me presentaba. Me sentí con ilusión y con fuerzas para hacerlo. Como usted recuerda,

las críticas fueron duras. Pero ni éstas me amilanaron, ni me encumbraron después los elogios, ni me

afectaron las nuevas críticas. Nunca creí que iba a ser fácil nada de lo que tenía por delante. Pero hay algo

que me ayudó definitivamente: el talante del pueblo español. Sin su moderación y su alto ejemplo, nada

se hubiera podido avanzar, pero con su apoyo todo resultó, aunque difícil, posible. Aquel tres de julio

todos estábamos rodeados de una literatura catastrofista a la que, desde luego, no eran ajenas algunas

esferas del poder. Hoy, al mirar atrás, al ver que cuando menos esa literatura se cambió por la del

optimismo, no le puedo decir más que esto: que volvería a aceptar el cargo. Y aunque ahora mismo no

tenemos tampoco por delante ningún camino de rosas, lo aceptaré de nuevo si cuento con el debido

respaldo popular para Iniciar una nueva andadura de logros más concretos. Se me encargó una misión y

creo que la he cumplido. Lo único que le puedo decir e* que, al pasar esta hoja del quince de junio, no me

falta ilusión, no me falta entusiasmo, ni me falta capacidad de entrega para dedicarme a la tarea más

apasionante para un político: construir un gran país bajo una Monarquía democrática.

 

< Volver