El viaje de Suárez y la cohesión del Gobierno     
 
 ABC.    03/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL VIAJE DE SUAREZ Y LA COHESIÓN DEL GOBIERNO

No se trataba de incensar al presidente Suárez durante su viaje europeo; no se debí» tampoco afilar la

retórica del triunfalismo De acuerdo. Pero ¿acaso se trataba y se debía, con complejo de demócratas

inmaduros, depreciar, aminorar, desdeñar, el intento y aún la representación nacional que portaba el

presidente en su gira? ¿Esto era lo debido, lo correcto lo patriótico, lo democrático? Sinceramente,

creemos que no; rotundamente no.

Si e! viaje presidencial era de cortesía —como a todas luces parecía planteado— no había razón alguna

para esperar que tornase a España con una gavilla de ventajosos Tratados firmados bajo el brazo. Y si se

entendió, por el contrario, que en las actuéis circunstancias de la política española —con parte muy

sustantiva de la democracia por hacer todavía— y en las actuales circunstancias de la DO-líti-a europea,

eran posibles otros resultados más positivos del viaje, entonces o soñamos o derrochamos optimismo e

irreflexión. Bien o mal planteado el viaje, no podía dar de sí, a fin de cuentas, más ni otia cosa que lo que

de sí ha dado.

Precisamente sobre su oportunidad, sobre su acertado planteamiento o su desafortunada decisión se ha

abierto una polémica; en ln que, por cierto, no faltan opiniones públicas de miembros y medios

administrativos de no poca relevancia. ¿Les correspondía, a todos ellos, tal ejercicio de la crítica pública y

en forma y momento tales?

Nada de todo esto resulta ser, sin embargo. lo más grave en torno al viaje presidencial. Lo más grave, a

todas luces, ha sido v es el estallido de ios rumores de crisis ministerial. Más, incluso que rumores:

afirmaciones muy serias y reiteradas sobre la necesidad o conveniencia de formar un nuevo Gobierno de

«concentración nacional). Y en este plano reviste gravedad específica la disensión pública entre el

presidente de la Cámara óe Diputados, señor Álvarez de Miranda —partidario decidido del Gobierno de

concentración—, y el presidente Suárez, que, sorprendido en pleno viaje, se ve obligado a manifestar,

desde Roma, que no está de acuerdo con la propuesta. Demos por cierta, ante la abundancia de síntomas,

lo escasa cohesión del Gobierno. Añadamos el hecho, evidente, de las dificultades crecientes que el

Gobierno tiene por delante. Pero aun así, no es fácil comprender cuál es el respaldo de un hombre del

Poder legislativo para declarar la crisis o la necesidad de cambiar el Poder ejecutivo.

El Gobierno, que señamos, no ha sufrido una descalificados derrota en la Cámara de Diputados. Al

Gobierno no se le ha retirado la confianza desde el nivel competente. Entonces, ¿cómo se la retira, por su

cuenta y riesgo, el señor presidente de la Cámara de Diputados, siendo, además, para mayor confusión,

miembro destacado del partido político al que pertenece el Gobierno?

No vamos a entrar ahora en la conveniencia o no de un Gobierno de concentración nacional. Pero, en

cualquier caso, eJ cambio, la sustitución, no deben plantearse de forma semejante. A no ser que

iniciemos, con nuevos modos democráticos, una serie de descalificaciones arbitrarias, y mañana declare

el presidente del Senado que deben relevar al de los Diputados, o el presidente de la Cámara que hay que

sustituir a los dos, o el presidente del Gobierno que conviene cambiar a los tres.

Sin desmesurar ni magnificar el incidente, no es sensato tampoco restarle gravedad e importancia. Las

tiene. La tienen igualmente, los rumores de crisis. Ahora bien, tanto si se quedan en eso, en rumores,

como si se confirman, parece llegado el momento de reafirmar la disciplina política de partido y de

procurar y promover la cohesión y la solidaridad del Gobierno.

 

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