Autor: Peña, Francisco Javier. 
   Cuatro meses de actividad diplomática y lord Palmerston     
 
 Informaciones.    20/10/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GIBRALTAR: FIN DEL PRIMER TIEMPO

Cuatro meses de actividad diplomática y lord Palmerston

Por Francisco Javier PEÑA MADRID, 20.

Con la estancia en Londres de nuestro presidente del Gobierno, acaba de terminar el primer tiempo de la

presente reactivación diplomática del problema de Gibraltar, iniciativa por su origen tanto como en su

desarrollo exclusivamente de color rojo y gualda. El planteamiento español ha llegado a su última acción,

y, tras la entrevista de ayer entre los jefes de ambos Gobiernos, el asunto ha quedado listo para la decisión

definitiva, que, salvo un imprevisible cambio de doctrina —el cual, a su vez, no se improvisa—, es

exclusivamente británica. Si Gran Bretaña no acepta ahora el principio de conversar con España sobre la

soberanía de Gihraltar —o da largas—, el tema volvería a congelarse de nuevo para otros cuatro o cinco

años, como poco.

Parece que también esta vez se ha desenfocado la justa dimensión de la visita. del presidente a Londres,

que en lo que a Gibraltar respecta no ha. ido para dar ninguna batalla, sino sencillamente a coronar con el

peso de su condición la actual iniciativa sobre una de nuestras más firmes constantes de política exterior.

Los entendidos consideran inexacto, impreciso e irreal hablar de «nuevas propuestas españolas» en todo

este proceso de cuatro meses de contactos diplomáticos y políticos entre Gran Bretaña y España, iniciado

en París en el mes de junio pasado, así como que el ofrecimiento de autonomía para los gibraltareños, si el

territorio se integrase en España —presentado con luces de eran estrella—, sea en este primer tiempo algo

muy valioso, puesto que en la mente de cada una de las tres partes en liza es considerada prácticamente

como un punto de partida. Lo era inchfso en tiemnos de don Fernando María Castiella, aunque el

contenido de ésta ahora pueda ser más amplio.

En estos cuatro meses se ha hablado exhaustivamente y sin ambages, y se han examinado como

hipótesis de trabajo muchas alternativas, aunque, según informaciones totalmente solventes, sin

precisiones, ni un contenido desmenuzado, que quedará para tiempos sucesivos, si los hay; para las

negociaciones propiamente dichas.

EL ULTIMO ESFUERZO

El último esfuerzo diplomático y político español ha consistido en tratar de armonizar nuestra posición a

las precondiciones británicas —que exigen el levantamiento de las restricciones fronterizas antes del

inicio de cualquier conversación, aunque sin un compromiso formal de éstas en contrapartida

flexibilizándola lo más posible. (La expresión básica de la postura española _ está contenida en la

declaración española de 11 de julio pasado, reiterada en septiembre con un tono mesurado y discreto por

el ministro de Asuntos Exteriores ante la XXXII sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.)

Diplomáticos británicos y españoles han apreciado en estos cuatro meses que en conjunto hay una mejor

atmósfera hispano-británica, hecho sin duda positivo, pero, ¿basta que Gran Bretaña no rehuya el tema

como antaño para creer que la solución está ya a nuestro alcance? ¿Son suficientes cambios políticos en

nuestra nación para pensar que Gran Bretaña va a mudar de súbito vina conducta político diplomática

mantenida desde hace dos siglos y medio? Dicho todo de otra manera: ¿Se ha precipitado la acción

española, quizá por aplicar a la política exterior métodos similares a los utilizados para solucionar

cuestiones internas?

Es muy oportuno recordar en este momento aquella sentencia del señor Henry Temple, vizconde de

Palmerston: «Gran Bretaña no tiene en el mundo odios tii simpatías eternas, simplemente intereses

permanentes.»

20 de octubre de 1977

 

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