Suárez, embajador     
 
 Diario 16.    07/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Suárez, embajador

Probablemente esta misma semana Adolfo Suáre? concluirá su gira por todos los países de la Comunidad

Económica Europea visitando Luxemburgo. Quien esperase de esta "tournée" más de lo conseguido se

equivocaba desde el principio: el presidente no podía lograr más que dar una imagen diferente de la nueva

España, en 3a que los primeros ministros no temen cruzar los Pirineos.

Bonn y Bruselas, acaso los puntos donde se decide hoy la política europea, han acogido bien a Suárez,

aunque haya üiabido evidentes disparidades de criterios. Por ejemplo, cuando Suárez propuso el plazo de

cinco años para el ingreso ¡español en la CEE, mientras el canciller alemán "otorgaba" un plazo de diez

años. Por ejemplo, cuando, entre bromas y veras, Schmidt criticó levemente la presencia de comunistas en

el Parlamento español. Bonn sigue olvidando algo que Suárez tiene muy presente: que el PCE no es el

minúsculo y stalinista DKP alemán. Por eso, la transposición de los esquemas políticos alemanes al caso

español, cosa que indudablemente gustaría a los germanos —y no sólo a ellos—, no será posible.

Quizá no tan plenamente como al principio se pretendía —recuérdese la frialdad del recibimiento en el

aeropuerto de Heathrow, los silencios de la prensa británica—, pero Suárez ha logrado sus fines: ofrecer

una imagen joven, dialogante y abierta de la nueva España, y, de paso, ofrecer una buena imagen

personal. Parece que los doscientos periodistas que, hace tres días, acudieron a la conferencia de prensa

del presidente del Gobierno español en Bruselas, salieron gratamente impresionados ante la simpatía y

sensación de sinceridad que causa Suárez.

Pese a sus escasos hábitos viajeros, pese a no conocer otro idioma que el castellano, Suárez se ha ido

convirtiendo, así, en el mejor ministro de Asuntos Exteriores que tiene España, Ha sido él quien ha puesto

la primera piedra hacia el ingreso español en el Mercado Común. Mientras, el Rey completaba esta

"operación imagen" en una zona del mundo tan difícil y tan vital para los intereses españoles como

Arabia Saudí.

El Gobierno se dejó arrebatar la iniciativa de la petición de ingreso de España en el Consejo de Europa.

El propio Oreja no respondió satisfactoriamente a la oposición con su intervención en el Pleno del

Congreso de diputados dedicado a política exterior. Con una política sin iniciativas, y sin asumir el menor

riesgo, se compromete la imagen de la España democrática al empeñarse en mantener en secreto el

Tratado tripartito de Madrid sobre el Sahara, del que el actual Gobierno no es responsable. Para colmo,

aunque ignoramos la parte de responsabilidad que en ello corresponde al palacio de Santa Cruz, España se

está viendo invadida últimamente por auténticos aluviones de personalidad oficiales chilenas y argentinas,

recibidas a bombo y platillo. Embajadas, cancillerías, departamentos de protocolo ¿no se podría hacer

algo al respecto? No parece que una excesiva publicidad a estas visitas favorezca esa nueva imagen que

Suárez traía de conseguir por los caminos europeos.

España, que parece estar olvidando sus —lógicos— complejos anteriores, tendrá forzosamente que

imprimir una nueva dinámica a sus relaciones exteriores. Esta dinámica pasa también, por último, aunque

no es lo menos importante, por la "desfranquización" de alguna Embajada. Tarea de la que, hnski hoy

nadie parece haberse preocupado.

 

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