Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Te has lucido, Adolfo     
 
 El Alcázar.    07/12/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

"digo yo que..."

TE HAS LUCIDO, ADOLFO

EN un abrir y cerrar de ojos, el Niky Lauda de la destrucción democrática, presidente Suárez González,

ha mandado al diablo a todos los partidos que integraban la Unión de Centro Democrático y ha dicho que

cáscaras de pimiento, y que lo que se necesita es un partido fuerte, y soberano, y mandón.

Al señor Suárez González le consta perfectamente que el pueblo está hasta el corvejón. Le consta también

que quince mil empresarios catalanes están dispuestos al «lock-out» ya dejar de cotizar a la Seguridad

Social, con lo cual, los ingresos que el Estado percibe por este concepto se verían mermados en varios

miles de millones de pesetas. El señor Suárez González y su Gobierno han llevado a España a un

auténtico caos, produciendo, con su deliciosa política de autonomías, casi un estado de guerra civil entre

Navarra y las Vascongadas, en donde toda la razón y toda la simpatía la lleva Navarra, que, en efecto y

para que conste, fue el último reino incorporado a la Corona de Castilla.

El señor Suárez González no ignora que él no es Espartero, ni O´Donnell, ni Serrano, ni Narváez y que le

han llamado la atención desde el «Washington Post» y que, por mucho Consejo de Europa, mucho

Parlamento europeo y mucha gaita escocesa, está desgobernando de una manera tiránica e imponiéndonos

la democracia a puntapiés en el estómago.

Cuando se haga la Historia de este período nefasto que le tocó al señor Suárez, con gran júbilo por parte

de él y con enorme tristura por parte de los españoles, se dirá:

Y este señor de Cebreros fue el que debilitó todos los poderes esenciales para que una patria sea eso: una

Patria. Fue el que mermó la autoridad del Orden Público, el que reconoció el Partido Comunista, el que

gobernó de hecho y sin derecho a espaldas de la voluntad popular, el que pactó con tirios y con troyanos

con tal de sentarse en el sillón y ante la mesa del Palacio de la Mon-cloa. Durante su égida, un millón de

españoles entraron en paro, la inversión se hizo nula, se devaluó la moneda y el país se disolvió en el

espacio como Cartapacio.

Se me antoja que el propio presidente Suárez actúa ignorando las responsabilidades gravísimas que

contrae. Sus programas de Educación, largamente protestados, tienen un tinte marxista. El desorden que

ha mantenido y que ha hecho, prácticamente, de la calle desván para asesinos y atracadores ha convertido

una ciudad alegre y confiada en una ciudad hermética y triste. Sus únicas soluciones para ahorrar energía

no es producir más energía sino mandarnos a todos a la cama a las nueve y media de la noche y

obligarnos a apagar la luz.

Cuando el país está en tal trance, cuando todos nos damos cuenta de que nos hallamos en el filo de la

navaja, el señor Suárez González, de Cebreros, provincia de Ávila, donde se fabrican unas cachabas

extraordinarias, se atreve a dar un golpe de efecto desde dentro del Estado. Se terminaron los partidos

políticos. Aquí no hay más partido político que uno, el del presidente.

Y, naturalmente, los comunistas, que están en todas partes. No sé si el señor Suárez González sabe que en

Buenos Aires más de dos mil personas, durante los funerales por Franco y José Antonio, aclaramaron al

Caudillo y llamaron traidores a la «tropa» que hace nuestra política de todos los días. No sé si sabe el

señor Suárez González que en Italia el nombre de Franco conjuga el entusiasmo de una enorme cantidad

de jóvenes hartos ya del comunismo, de sus amenazas y de sus asesinatos. Que con todo lo que está

pasando tengamos los españoles que vivir diariamente el juguteo político, el maniobrerismo de los

partidos, que mientras los navarros están dispuestos a partirse la cara por su Fuero y por España se nos

ande con jugaditas de ajedrez y con machaconerías políticas de Pepe; primero, es otro insulto más al

pueblo español que va a tener que comer estas Navidades el pavo de guardarropía, porque son ya más de

tres mil empresas las que se niegan a dar la paga de Navidad.

Y mientras este cataclismo económico sacude a la Patria y deshace la esperanza de millones de familias

españolas, el señor Suárez González juega a que es Espartero y se asegura una mayoría en un Congreso

que no sirve absolutamente para nada.

Y, además, de la mano de los socialistas, proclama la confesionalidad de una nación en su noventa por

ciento fervorosamente católica. Te has lucido, Adolfo.

Alfonso

PASO

 

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