Autor: Urbano, Pilar. 
   ¿Dónde está ese hombre?     
 
 ABC.    27/09/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

¿DONDE ESTA ESE HOMBRE?

• En un bar de oficiales, por la mañana, se hacía «filosofía»:

—Si es malo Que maten, peor es que no baya beligerancia.

—¿Qué quieres decir? ¿Que nos liemos todos a tiros?

—No. El Ejército, no. Pero allí arriba (gesto de señalar no precisamente el cielo, sino el norte de España,

con el vasito de tinto entre los dedos)... sólo la ETA puede matar; y los policías nacionales y los guardias

civiles tienen que estar quietos como pasmarotes... Cuando muere un etarra hay huelga. Cuando muere un

guardia civil cuesta llenar la iglesia para el funeral.... porque lo que hay allí es miedo. Por eso digo

«beligerancia».

• En el bar de las Cortes, por la tarde, se hacía «filosofía»:

—La situación no cambiará mientras el miedo no cambie de bando. Mientras no se tema y se respete más

a un policía que a un etarra.

—Esta situación no es nueva. Ya hemos vivido en menos de un año dos o tres muy similares. ¥ no ha

pasado nada...

(Los «filósofos» tristes eran diputados centristas. Célebres, por cierto.) En algún rincón del «buffet» oigo

a Joaquín Garrigues decir eso que dice siempre en casos tensos: «La situación es desesperada, pero no

grave.» Alguien le pregunta: «¿Sabrá Suárez hacer una cabriola sorprendente..., un «chut» de despoje, a

tiempo?» Y nadie responde nada. En otro ángulo. Mágica, repantigado en un sofá, comenta: «... Bueno,

Suárez le expuso a Felipe el panorama de tensiones del estamento militar...» ¿Que dimita Suárez ¿Ya

quién se coloca en su lugar?

Tan sólo un minuto antes Carrillo me había dicho lo mismo: «¿Existe ese hombre de recambio? Si es de

derechas no lo acepta el Parlamento, o, al menos, la mitad del Parlamento. Si es de izquierdas, a los

militares no les resuelve la papeleta. Con todos sus fallos, hay que reconocerlo. Suárez, hoy por hoy. es el

hombre.»

• Acabo de oír, de refilón: «Mira, tú, la ETA ya ha conseguido convertir a Suárez en el prisionero

de su Moncloa... El no puede viajar, porque las metralletas le esperan al otro lado del charco; pero

Telesforo Monzón sí puede dar un cócte! en Madrid y solíar su pregón de negociación ante la Prensa

extranjera.» Me encuentro entonces con el ministro del Interior, que va hacia el hemiciclo. Le

comento lo que acabo de oír: «;De negociación con ETA. nada! ¡Nada! Y el presidente no

está "prisionero" de nadie. Está, como se dice en términos castrenses, en su puesto de mando. Donde

debe estar en estos momentos.»

• En un pasillo, Bandrés me confiesa que no entiende a Monzón: «No viene aquí al Congreso, ni a

entrevistarse con ninguna figura de la "política de Madrid", porque cree que Madrid no es

ámbito para arreglar nada de Euzkadi; y, de pronto, "salta" con este viaje y estas

declaraciones... Yo las interpreto como un brazo tendido a la negociación, aunque las de-

mandas sean muy fuertes. Pero el ministro Rodríguez Sahagún ha desorbitado un poco su juicio sobre

Monzón al calificarle casi de brazo inductor del terrorismo.»

Los centristas ´"filósofos" del bar han dejado sitio a otros diputados. Dicen aboba que «si aquí hubiera un

poco de "vergüenza constitucional", a Monzón se le despojaba de su escaño ipso facto; porque el mero

hecho de llamar a las Fuerzas Armadas «fuerzas de ocupación» es situarse fuera y en contra de la

Constitución. Y aquí está de más ese señor». Recorro con los ojos el hemiciclo, escaño a escaño, y me

presunto, en serio, ¿dónde está «ese hombre»?—Pilar URBANO.

 

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