Autor: Olmo Parra, Antonio del. 
   En torno a la reforma agraria     
 
 El Alcázar.    09/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EN TORNO A LA REFORMA AGRARIA

Por Antonio del Olmo Parra

El pasado día 15 de octubre tuvo lugar en Palma de Mallorca la clausura de la XXVIII Asamblea General

de la Confederación Europea de la Agricultura (CEA), Organización internacional que ha presidido

durante cuatro años don Luis Mombiedro de la Torre, con la eficacia y el realismo característicos de su

dinámica personalidad. Su intensa labor fue puesta de relieve en un ambiente de calor derivado del

agradecimiento que se tributa a los éxitos obtenidos por un auténtico líder de talla internacional. En dicho

acto de clausura se le impuso al Sr. Mombiedro de la Torre la medalla de oro de la CEA, y seguidamente

fue nombrado Consejero de honor de la misma.

La importancia de la Confederación Europea de la Agricultura se desprende de su influencia decisiva en

las políticas agrarias de diecinueve países de Europa a los que pertenecen las 506 Organizaciones

Profesionales Agrarias y Cooperativas que agrupan a mas de veinticinco millones de agricultores.

Mantienen una vinculación permanente con la CEA, Organizaciones no gubernamentales como el Comité

de Organizaciones Agrícolas Profesionales de la C.E.E. (COPA); el Comité General de la Cooperación de

la C.E.E. (COGECA) y el Comité Europeo de Derecho Rural.

En los momentos actuales en los que España está intentando estrenar la democracia a la europea, la

celebración de la Asamblea General de la CEA en nuestro país ha venido a dar el espaldarazo a nuestro

acontecer sindical agrario, que tiende a transformarse en un Organismo Autónomo compuesto por la

Confederación de Organismos de Entidades Profesionales.

Que el campo se encuentra en crisis a escala mundial ya no se pone en duda, pero tampoco quedan

relegados sus problemas. Así, tanto en Occidente como en los países de economía centralizada, se tiene

conciencia de que el agro es el sector clave para realizar con éxito la planificación de su desarrollo.

En nuestro país es indiscutible y manifiesta la necesidad de emprender con la mayor urgencia un plan de

reestructuración del campo a corto plazo, con el fin de que se llegue a armonizar el crecimiento entre la

renta industrial y la renta agraria. Sin embargo, tal reestructuración ha de hacerse con un enfoque de

ámbito europeo, teniendo al propio tiempo en cuenta los problemas tradicionales que han afectado a la

agricultura y las soluciones que la C.E.E. vaya adoptando.

En la actualidad la agricultura tiene que enfrentarse con unos costos de explotación que se han elevado

más que proporcionalmente con respecto al incremento experimentado por los precios de venta en origen

de sus artículos. Por consiguiente, los beneficios o han desaparecido o bien han disminuido hasta el punto

de empujar al agricultor al desaliento y hacia la retracción de su actividad.

Para sacar al campo de su actual estado letárgico, agravado por los resultados y expectativas de las

cosechas, son necesarios medios abundantes y ágiles de financiación, al mismo tiempo que se ofrezcan

perspectivas de inversión dentro de un conjunto coordinado de disposiciones que aspiren a constituir una

verdadera política agraria.

Sin embargo, todas las grandes empresas que se realicen, como por ejemplo, la intensificación de la

conversión del secano a regadío, la colonización agraria, la concentración parcelaria, la repoblación

forestal y otros proyectos de importancia similar en vías de llevar a la práctica, son condiciones

necesarias, pero no suficientes para resolver los problemas de la agricultura. Ya no se trata del clásico

enfrentamiento entre el macro y el microfundio, sino de realizar una ordenación integral del campo en sus

aspectos técnico, social, económico y jurídico, y esa será, precisamente, la reforma agraria de que tanto se

habla. Sin un cambio en las estructuras del sector campo, las inversiones públicas pierden gran parte de su

efectividad. De aquí, que los problemas agrarios deban abordarse simultáneamente, enfocándolos dentro

del desarrollo regional e íntimamente ligados a los planteamientos concebidos para una racional

agroindustria que se adapte a las necesidades del país:

España debe contemplar que la formación de la agroindustria occidental procede a su vez de la

transformación de su propia sociedad que modifica el consumo alimenticio y promueve la tecnología que

asimismo varia las formas de producción alimentaria. Hoy puede asegurarse que la tendencia que

caracteriza a la economía agroalimentaria es la de su creciente industrialización, que en nuestro caso debe

encauzarse dentro del proceso cooperativo que tan magníficos resultados está proporcionando el agro

español.

 

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