Autor: Dávila, Carlos. 
 Ahora visitará Ceuta, Melilla y el País Vasco. 
 Desigual balance del viaje de Suárez a Sevilla y Almería     
 
 ABC.    25/11/1980.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MARTES 25-11-80

NACIONAL

ABC/9

Ahora visitará Ceuta, Melilla y el País Vasco

Desigual balance del viaje de Suárez a Sevilla y Almería

MADRID (Carlos Dávila), Adolfo Suárez ha vuelto en Andalucía a ensayar el populismo controlado

como fórmula para conseguir un doble objetivo, sólo logrado a medias: actuar en gobernante decidido a

enfrentarse a los mayores retos y recuperar su desvaída Imagen pública, devaluada en los últimos tiempos

por sus limitaciones como estadista y, en menor grado, por sus propias timideces políticas. La fórmula,

parece que «científicamente» planeada (al menos eso dicen sus asesores) en el laboratorio de «marketing»

de la Moncloa, te ha deparado, en suma, un desigual resultado.

Las bondades ya fueron expuestas en la crónica urgente de una conferencia de Prensa afortunada, en la

que quedaron vírgenes, sin embargo, temas de tanta enjundia actual como la sincopada Conferencia de

Seguridad o Europea, o la profundización en tas lacras que sufre esta Andalucía efervescente de ansia

autonómica y mermada en su capacidad de respuesta para hacer frente al paro ascendente, a las

inversiones descendentes y a la mínima confianza empresarial. Pero esta segunda conferencia presidencial

fue, en conjunto, positiva. No existieron revelaciones, ni novedades trascendentes, pero sí, a mi juicio,

dos aspectos que merecen resaltarse: su insistencia en los cautos augurios de éxito en el drama terrorista

—drama en el que, al parecer, existe alguna esperanza imposible de revelar por comprensibles razones de

seguridad— y su anuncio, declarado y nada ambiguo, de resistencia y combate contra los que discuten, y

aún más, rechazan, su liderazgo en el partido y en el Gobierno.

LOS ERRORES

Nadie debe presumir un Suárez derrotado. Nadie, que no practique la fantasmagoría en el análisis

político. El presidente ha puesto en marcha una doble operación para rentabilizar su capital político; una

operación que trata de conseguir voluntades en el sector más conservador de UCD (de ahí sus referencias

a los valores religiosos y morales, su reiterada confesión de catolicidad y sus alientos a la estabilidad

familiar) y que pretende, a la par, reforzar su bagaje de gobernante progresista que cuenta, hoy por hoy,

con el apoyo decidido de los socialdemócratas y más condicionado de los antiguos «azules», que se

oponen a la división de poderes y que concuerdan con Suárez en los planteamientos de avance social.

Pero el Adolfo Suárez firme en sus aspiraciones de mantenimiento en el Poder ha vuelto a caer en la

campaña electoral andaluza en los mismos errores de estrategia que le restaron apoyo en las regionales

catalanas y vascas. Ai margen de sus públicas manifestaciones en la conferencia de Prensa, el presidente

no supo o no pudo prescindir ni en Sevilla ni en Almería de su condición de jefe del Ejecutivo. Y éste fue

su principal pecado, el gran argumento que, con razón, -se utilizará desde las filas opositoras para

acusarle de electoralismo aprovechen y de inmoderación dialéctica. Así, sus referencias a la propia

campaña han sido mínimas, casi inexistentes, en las dos provincias.

El gran tema del terrorismo, con ser trágico y poseer incidencia evidente en el tejido social de estos dos

colectivos andaluces, ha restado protagonismo a los domésticos y graves problemas de la región. Un

periodista aseguraba—he oído esta frase en la propia Redacción de este periódico— que-«el pueblo ya

bosteza ante el horror», y completaba: «... y el paro le deja sin comer». Pues bien, Suárez ha evitado

referencias al desempleo, a la desocupación laboral, no por táctica electoral, sino por conservadurismo

político. Ha obviado esta referencia quizá tan conscientemente como lo ha hecho con la mención al 28 de

febrero, una fecha va casi mítica para Andalucía, a la cual no ha dedicado una sola frase en esta campaña

aburrida y mediocre, en la que la imaginación está brillando por su ausencia.

LAS CAMPAÑAS

Quizá, por otro lado, es mejor, porque, cuando aparece, cobra caracteres de desastre, ribetes de comédsela

chuscas. En Sevilla, en la gran cena de apoyo al candidato centrista Tassara, éste dio un espectáculo de tal

incontinencia verbal que bordeó los límites del escándalo. Como suena. Ei aspirante a senador, que

afortunadamente no tiene ninguna posibilidad de ocupar escaño en e! palacio de la plaza de la Marina,

construyó (es un decir) un discurso bufo, ripioso y hasta en una ocasión constitucionalmente

estremecedor. Su verbo retro-folklórico avergonzó a los mil asistentes que descansaron, ateridos de

horror, cuando Suárez le sustituyó ante el micrófono. Un Suárez pletórico tras la conferencia de Prensa,

que a pesar del grito («¡Artizzzzta!») con que le piropeó un aficionado a los espectáculos ratoneros,

intervino sin brillantez ni convicción algunas, aunque introdujo dos citas de Ortega y Kipling, que

parecen insólitas en su trayectoria de orador escasamente dado a la retórica culta.

En Almería, donde UCD todavía se encuentra en excelente situación, el presidente recibió aplausos

masivos en dos mítines mayoritarios (sobre todo el de Roquetas), en los que se puso de manifiesto la

parca entidad de los candidatos (en esta provincia se deben cubrir dos puestos para el Senado), que, si el

azar electoral sopla en contra, pueden quedar, al fin, sin escaño. Parece, sin embargo, probable que el

PSOE y el partido del Gobierno consigan cada uno puesto y el Partido Socialista de Andalucía, que

apenas llevó a cien militantes a un mitin del esperpéntico Rojas Marcos, no logre resultado positivo

alguno. En Sevilla, Cabrera Bazán («Meta un gof en el Senado») es, «a priori», el candidato mejor

situado, entre otras cosas gracias a la ayuda decisiva que le prestó el viernes un Felipe González

dialécticamente agresivo y medidamente alarmista, que tampoco, sin embargo, despertó entusiasmos

incondicionales en su ciudad natal.

IMPRESIONES

Flota en Andalucía el espectro, la sombra política de Clavero, que quizá en pura ortodoxia debió

contrastar su fuerza, una vez rotas e imposibles sus relaciones con UCD,-en estas urnas. Flota también la

impresión y el temor abstencionista, y flota, después de este fin de semana electoral, el espíritu de Adolfo

Suárez, reforzado, en mi opinión, tras su encuentro con los periodistas, pero anclado en sus vicios

políticos. Un Suárez, en definitiva, al que esperan dos viajes preocupantes (Ceuta y Malilla y el País

Vasco) y que tiene, ya en perspectiva casi inmediata, un Congreso, el segundo de su partido, que pueda

ser, por más que no se cuestione su liderazgo, el gran test que descifrará el secreto de su futuro político.

 

< Volver