Autor: Urbano, Pilar. 
   Suárez: "Estoy fijo en la política"     
 
 ABC.    25/11/1980.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

NACIONAL

MARTES 25-11-80

Hilo directo

Suárez: «Estoy fijo en la política»

Y Suárez, el ermitaño de la Moncloa. se fue a Sevilla... Policías, periodistas y militantes del «donuts»

acapararon, acaparamos, su tiempo de «relumbrón». El sabe bien que se le perdonan mal sus

«guardianas» de ausencia y presencia..., y se prodigó con los andaluces. Lo suyo fue un decir «¡eh!, que

sigo en pie y firme». En público, y en privado, dio explicaciones de su encierro: «Tengo que gobernar a

toda España y en una etapa de muy poca tranquilidad y sosiego, hostigado por Eos problemas reales del

país, que me obligan a una dedicación exclusiva de todo mi tiempo...»

El sabe bien que cuando un Truman sucede a un Roosevelt necesita cierto decorado de grandeza, «el

trono, que fabricará por sí solo a un rey», como decía De Gaulie; la magia de cierta distante reclusión, que

tan magistralrnente cultiva Giscard d´Estaing: la aureola del Poder silencioso, que sublima y trasciende al

líder, al líder que ayer mendigaba el voto y que mañana ha de volver a pedirlo.

« Pero Suárez está al cabo de la calle. El sabe bien que no es un fuera de serie. Que en ocasiones el timón

le viene grande y el temporal le desborda. El sabe bien que su «designación», de hace cuatro años largos

ya. está amortizada. Que su reloj político marca la hora y cinco minutos de «tener que cruzar la nueva

reválida». Y que el hombre de la calle tendrá la última palabra: «Vosotros sois los importantes», decía en

la cena del hotel Macarena a los casi mil comensales ucederos que le vitoreaban. Yo le pregunté, después

de la rueda de Prensa, qué pasaría si en su partido prosperaba la tendencia de separar las funciones

presidente del Gobierno-presidente del partido. «Lo que no quiero es que eso tenga que ser preceptivo ni

que quede clavado en los Estatutos del Congreso. Comprendo que, en determinado momento, puede ser

aconsejable que el hombre que preside el partido en el Poder no sea el mismo hombre que presida el

Gobierno... lo comprendo, y lo aceptaría.

« Suárez está al cabo de la calle. El sabe bien que tiene mala imagen y que su cotización popular está en

baja («y aún peor me la ponéis vosotros, día tras día —nos reprochaba a unos pocos periodistas, tomando

café en e! Alfonso XIII sevillano—; pero no por ello os niego la palabra; aunque tampoco para impedirlo

os adulo, ni os busco, ni os llamo por teléfono... como hacen descaradamente tantos políticos, incluso

ministros»). El sabe bien que el español de a pie se impacienta y demanda otro estado de cosas ¡ya!

Y, sin embargo, Suárez pide tiempo. En Sevilla, el sábado por la tarde, pidió tiempo: «Soy plenamente

consciente de que en breve no se pueden ofrecer resultados espectaculares, y que los españoles desean

una solución rápida —hablaba del terrorismo de ETA, en ese momento—. Pero la erradicación de ETA

ha de dimensionarse en un tiempo más amplio.» El sabe bien que se le acusa de no gobernar con

demasiados aciertos. ¡Ay, la quiniela archidifícil de nuestros mil quebraderos de cabeza! Y replica:

«Entre las muchas críticas que se me pueden hacer no está, ciertamente, la de permanecer ocioso. Esa

creo que no la he merecido. Conoce todo el mundo que yo dedico más horas que nadie a mi trabajo.»

El sabe bien que su liderazgo está contestado dentro de la propia UCD. Pero lo afronta a pecho abierto,

con la seguridad de quien entiende que la más pura esencia de «hombre-ucedé» se llama hoy, ahora,

Adolfo Suárez. «Defiendo la legitimidad de quienes me cuestionan como presidente del partido, siempre

que lo hagan dentro del proceso regulado por nuestros estatutos.» V le planta cara al aire adverso: en

Sevilla Suárez ha anunciado que va a luchar por su puesto. «No voy a hacer nada por evitar

que otros planteen la batalla de mi sustitución ai frente de UCD... No voy a utilizar subterfugios para

impedirlo. Pero sí voy a defenderme. Sí voy a luchar por la presidencia, como cualquiera de los demás.»

Y, precisamente, en respuesta a una pregunta que yo le planteé, dijo algo interesante que podríamos

traducir como un: «Señores, no me cuelguen la etiqueta de "el hombre que hizo la transición"... Porque yo

aún tengo cuerda para otros viajes. ¿Mi futuro político? Tengo un pasado político. Tengo un determinado

presente. Y estoy dispuesto a tener un porvenir político. Y aunque mis ambiciones personales de Poder

están satisfechas, tengo grabada la idea clara de servicio a unos ideales, de trabajo en pro de mi partido y

en pro de ia convivencia democrática en España. Y todo ello me lleva, inevitablemente, a la política.Estoy

"fijo" en la política.»

Su tono era unas veces firme y contundente; otras, emotivo y confidencial. Pero no siempre resultaba

convincente. Me explicaré. Aseguraba Suárez, prometía y hasta empeñaba su palabra: «ETA sera

erradicada.» Pero no podía, no debía, revelar indicios y medidas, «sería inconveniente, porque las

conocerían así los propios terroristas». No podía, no debía, declarar en público lo que en privado

confesaba; «Es mi cruz callada: la gente exige más dotación policial para el País Vasco... Y yo les diría:

"¡Voluntarios, dadme voluntarios!" Porque en el País Vasco no se está defendiendo algo del señor

Suárez, sino algo de España.» Pero su «ETA será erradicada» parecía más un desiderátum iluminado que

un pronóstico fiable. Casi tan difícil de creer como aquello de «no tengo ya, como en otras épocas de mi

vida, ambiciones personales de Poder». Cuando todos sabemos que el hombre en el Poder es como el

equilibrista en el alambre: el equilibrio... o la catástrofe, el Poder... o la nada.

Muy sugerente también fue e! dibujo «ilusionado» que Suárez hizo precisamente de ese dificilísimo

equilibrio llamado «centro». Coinciden los teóricos políticos en que la obsesión de la izquierda es el

progreso y la libertad; el afán de la derecha, el orden y la traducción. Y entre una y oirá, el centro se

ofrece como un oportunismo que nada entre dos aguas... y guarda la ropa. Y así. en cliché de «centro»,

el presidente trazó el retrato-robot de su situación ideal: «Igualdad de oportunidades, pero con prima

al mérito, al esfuerzo, af ahorro. Autonomías, pero dentro de la indisoluble unidad de España. Ley de

Divorcio, pero defendiendo a la vez la familia estable y duradera. Aconfesiona-lidad del Estado, pero

vigentes los sentimientos religiosos que vertebran nuestra sociedad y son nuestra constante histórica.

Pluralismo político, pero... con el patriotismo de todos.» i Inverosímil equilibrio, sueños de ilusionista!

Para unos, Suárez en Andalucía ha reencontrado su gallardía, su viveza, su agilidad, su afán de conquistar

voluntades. Suárez ha vuelto a ser «el Suárez del 76». Para otros, acomete su propia campaña electoral,

cara al II Congreso de UCD, donde jugará fuerte. Para mí, Suárez ha recordado, al fin, que gobernar es

también... dar explicaciones.

Pilar URBANO.

 

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