Autor: Dávila, Carlos. 
 Casi seguro: los días 6 y 7 de diciembre. 
 El viaje al País Vasco puede ser un "boomerang" para Suárez     
 
 ABC.    27/11/1980.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Casi seguro: los días 6 y 7 de diciembre

El viaje al País Vasco puede ser un «boomerang» para Suárez

MADRID (Carlos Dávila). A las presumibles diferencias —en algún caso, desplantes— que el

presidente Suárez puede encontrar en su viaje al País Vasco por parte de los nacionalistas, se

puede unir la «contenida» hostilidad que una parte de la misma UCD vasca le puede significar

con acciones tan concretas como su manifiesta ausencia en alguno de los actos o recepciones

que se programarán durante el viaje de dos días que Suárez realizará, casi con seguridad, los

próximos días 6 y 7 de diciembre.

La contestación vuelve a venir, otra vez más, de Vizcaya. Son una parte de los militantes

vizcaínos, los mismos que han suscrito la ponencia de desdoblamiento de poderes firmada,

entre otros, por Julen Quimón y el presidente del puerto bilbaíno, Adolfo Careaga. Son también

los mismos que hicieron saber su descontento y su malestar por la ausencia del presidente en

los tres funerales de los militantes asesinados por ETA, los mismos que están dispuestos a

votar afirmativamente la famosa ponencia en el Congreso de enero y los mismos, en definitiva,

que encarnan la contestación más radical al presidente en la UCD vasca.

El fundamento de su enfado es el aplazamiento «sine die» de la prometida reunión conjunta

entre tos Comités ejecutivos nacional y regional, una reunión que se pidió cuando los

cadáveres calientes de Ustaran, Arrese y Doval movían a los afiliados norteños a la acusación

contra un aparato central —sintetizado, sobre todo, en el presidente— que hasta que se

desencadenó el terror etarra había hecho mínimo caso al problema de un partido maltrecho y

desatendido en la más castigada de las tierras españolas. Ahora mismo no se conoce aún si

existe voluntas —pasados los primeros fervores y las promesas para calmar los ánimos— de

celebrar una reunión en la que los vascos han basado, su esperanza de supervivencia.

Por esto, las cosas se complican. ¿Es el partido nacional consciente de la delicada situación en

que se pondrá al presidente si antes no se realiza la susodicha sesión de trabajo? Es posible

que en algún sector muy extenso del colectivo ucedista prime ahora la atención a los

problemas de Estado, y de tal forma lo haga que se olviden las urgencias partidarias, sin

dimensionar exactamente cuáles pueden ser las consecuencias del establecimiento de esta

prioridad. Los consejeros de Suárez trabajan en el montaje de toda la estrategia del presidente

en su decisivo viaje al País Vasco, trabajo para el que, dicho sea de paso, no han contado para

nada con el asesoramiento de los miembros más significados del partido en esta región.

Como, por otro lado, los nacionalistas aún no reconocen haber tenido contactos para tratar el

tema del viaje, es preciso decir que, a dos semanas vista, no existen «a priori» demasiados

elementos positivos como para augurar un «happy end», un final feliz (me atrevería a decir que

ni siquiera un principio) a una visita que puede ser criticada desde los más diversos frentes.

Distantes, casi más que nunca, las posiciones tras el comunicado y contracomunicado de la

pasada semana, ambiguamente esclarecido el deplorable y trágico suceso de Hendaya, e

infelizmente resuelto, por ahora, el contencioso que enfrentó a una gran facción del partido

vasco con el presidente, el viaje, pensado como factor de distensión, puede convertirse en un

«boomerang» que negativice, hasta extremos que ahora no me atrevo a imaginar, las

relaciones no sólo entre los dos Gobiernos, sino las internas centristas.

 

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