¿Un nuevo partido o un pulso?     
 
 Ya.    01/08/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿Un nuevo partido o un pulso?

EL manifiesto del flamante Centro Democrático y Social responde a lo que podíamos esperar.

Descartadas las referencias al sistema democrático, a la Constitución que lo expresa, a la Monarquía que

lo simboliza y al Estado de las autonomías dentro de la unidad de España, afirmaciones que cualquier

partido legal haría también suyas, la posible caracterización del nuevo partido le da un planteamiento que

sin gran rigor podríamos denominar socialdemócrata y reformista de la economía, con insistencia en una

redistribución justa que tampoco ningún otro partido repudiaría, aunque, sin duda, muchos presuntos

electores del señor Suárez dejen de serlo al no encontrar la obligada referencia compensatoria a los

medios de reanimar la confianza y la iniciativa para que la tarta que se pretende repartir no sea cada día

más pequeña.

PERO el programa del nuevo partido no puede ser juzgado en abstracto. Este partido nace de una

disidencia clamorosa y a la vista de unas elecciones, y lo que interesa no es un análisis académico de su

programa, sino preguntarse por su necesidad. En este momento, y a la luz de los acontecimientos que se

esperan.

En la vida política española, ¿hace taita la opción que acaba de presentar el señor Suárez? Ya hemos

aludido a los puntos en que no aporta ninguna novedad, pero incluso la posible nota específica que hemos

señalado ¿lo es realmente? ¿Permite distinguir al nuevo partido de aquellos entre los que aspira a abrirse

un puesto? Quienes busquen ante todo la redistribución de la riqueza que el señor Suárez promete parece

lógico que acudan preferentemente a un socialismo que, independientemente de que cumpla lo que

promete cada día, renueva sus seguridades reformistas; quienes prefieran que acompañe a esa

redistribución una mayor seguridad de equilibrio y, sobre todo, el mantenimiento de aquellos principios

que en su día votó el electorado de UCD, de los que el señor Suárez se apartó y que no encontramos en su

programa, es natural que los busquen en el partido del que procede el señor Suárez.

PERO si no hay una opción claramente definida, si por añadidura tanto el señor Suárez como el señor

Lavilla rechazan incluso duramente cualquier pacto previo con su derecha, no ya por razones de

matemática electoral, sino para preservar su identidad centrista, ¿qué diferencia real existe entre ellos y el

partido del señor Suárez?

DE ahí la perplejidad que confesamos en comentarios anteriores ante la creación de un partido que sitúa

al electorado centrista puro ante dos ofrendas análogas; tres, si consideramos la del señor Fernández

Ordóñez, sobre la que ha caído pesadamente la de] nuevo Centro Democrático Social. El manifiesto se

extiende en el recuento de los servicios que la UCD del señor Suárez ha prestado a la transición y de los

grandes problemas que ha abordado. No negamos los primeros, aunque respecto de los problemas habría

sido justo mencionar aquellos que por un planteamiento demasiado abstracto o condicionado han quedado

a medio resolver y necesitan arreglos tan difíciles como el de las autonomías; por no hablar del orden

público, porque ahí nada hay de que el señor Suárez se pueda envanecer. Pero no es el pasado lo que

ahora interesa, sino ese futuro que tan considerablemente puede perturbar la decisión del señor Suárez.

Habíamos suspendido nuestro juicio definitivo a la espera de sus palabras. Acaba de hacer público el

manifiesto de su partido y debemos confesar que seguimos sin ver la explicación por parte alguna. Nos

parece más un pulso a la UCD que un nuevo partido.

 

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