Importancia del Tribunal Constitucional     
 
 ABC.    13/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

IMPORTANCIA DEL

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Las Constituciones necesitan, como todas las leyes, una interpretación auténtica, independiente, jurídicamente especializada. Una interpretación, en suma, exenta de condicionamientos políticos; que, por la presión de mayorías parlamentarias o por otras circunstancias, podrían contradecir el espíritu del texto constitucional y torcer su letra.

La Constitución española actual no es excepción a la regla; a! contrario, por restablecer un sistema democrático, con Monarquía parlamentaria —hace muchos años abolido— reclama con particular necesidad esta función interpretativa, no sólo para su propio articulado, sino también para todas y cada una de las leyes nuevas que deben desarrollar e! texto constitucional.

Son distintos los sistemas establecidos en las democracias para esta interpretación de la Constitución. Ahora bien, siempre se atribuye la responsabilidad interpretativa a un organismo o Tribunal con fuero de independencia frente a los poderes políticos. En e! caso español, la Constitución ha establecido un Tribunal formado por doce miembros, cuatro de los cuales propone el Congreso; cuatro, e) Senado; dos, el Gobierno, y dos, el Consejo General del Poder Judicial. Todos ellos hombres de leyes, todos juristas —«con más de quince años de ejercicio profesional»— que serán nombrados por el Rey.

Este Tribunal constitucional es, evidentemente, organismo primero y prioritario para la correcta aplicación de la Constitución y de sus leyes derivadas. Necesitaba, para su establecimiento, la aprobación de su ley orgánica. Y ya la correspondiente Comisión del Congreso

ha comenzado los debates y pronto estará aprobada.

En el artículo 1.* del proyecto de ley Orgánica se afirma: «El Tribunal constitucional, Como intérprete supremo de la Constitución, es independiente de los demás órganos constitucionales y está sometido sólo a la Constitución y a la presente ley Orgánica.» Así, queda situado dicho Tribunal en un área exenta de cualquier influencia política. Puede decirse en este sentido que es organismo —como debe serlo— «apolítico».

La importancia, la trascendencia de su función no precisa —luego de lo dicho— particular encarecimiento. En definitiva, e! Tribunal constitucional va a decidir, con sus sentencias, la constitucionalidad o inconstitucionalidad de todas las leyes que, desarrollando los principios da la Constitución, van a configurar la democracia española. Ni su responsabilidad puede ser mayor, ni su horizonte más amplio y más profundo.

El consenso fue, sin duda, una táctica obligada para lograr pronto, sin dilaciones que no permitía nuestro tiempo, una Constitución a la que todos dieran su asentimiento. Pero el consenso político implicaba, a su vez, un peligro de ambigüedad en el texto constitucional. Y precisamente por ello, por esta inevitable ambigüedad, resulta más decisiva la interpretación encomendada al Tribunal constitucional.

De las decisiones de este Tribunal dependerá, a fin de cuentas, y siempre que se respete su competencia, la definición democrática, el modelo democrático en el que vamos a vivir. No, entiéndase bien, porque el Tribunal constitucional desplace y menos anule el juego político de los partidos o porque se sobreponga a las votaciones del Poder legislativo. Pero sí en cuanto a este Tribunal corresponde controlar la adecuación de las leyes a la Constitución que ha refrendado e! pueblo. Sí en cuanto puede este Tribunal defender la Constitución contra posibles desbordamientos antidemocráticos de las simples mayorías.

 

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