El Tribunal Constitucional     
 
 ABC.    12/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El Tribunal Constitucional

Las declaraciones del presidente, señor García Pelayo, a este periódico sobre el Tribunal Constitucional, arrojan mucha luz sobre la importancia de esta pieza clave de nuestro moderno ordenamiento jurídico.

No obstante la importancia que le confieren sus competencias en los contenciosos que se susciten entre los diferentes estamentos estatales, nos interesan particularmente aquí las competencias del Tribunal en el amparo de los ciudadanos frente a los posibles excesos extraconstitucionales de los Poderes del Estado.

Nos interesan por su más directa incidencia y conexión con la sociedad y porque, según el mismo presidente ha declarado, esas competencias son las que más frecuentemente se instan por los ciudadanos.

Lo cual supone, en principio, no sólo su existencia, sino que la sociedad ha tomado conciencia de ellas.

Sería, en efecto, grave que fueran constantes las pugnas entre los Poderes del Estado —y no han sido escasas las surgidas, como era previsible, entre el central y los autonómicos—, pero más aún que, surgidas entre el ciudadano y todo el complejo estatal para él aplastante, éste tuviera manos libres frente a aquél, inerme. Es posible que muchos de esos recursos no prosperen porque sean fruto de un erróneo concepto de los derechos cívicos y de la autoridad del Estado.

Sin embargo, la posibilidad de ese error no debe limitar el ejercicio del derecho. Será un estímulo para el recto ejercicio de la autoridad del Estado en el marco de la Constitución y para que los ciudadanos, al ejercer sus derechos reales, sepan también sus limitaciones, que están, exactamente, en sus deberes.

No es ajeno a este amparo del ciudadano en concreto, frente a actuaciones concretas de los organismos y sus hombres, el amparo que el propio Tribunal ejerce de la Constitución, frente a leyes que pudieran contradecirla. Una ley anticonstitucional, aunque fuera para «fortalecer físicamente» al Estado, resquebrajaría la Constitución y el propio ciudadano quedaría desamparado de ella. Porque la Constitución tiene un catálogo de derechos humanos que no pueden desconocerse.

Finalmente, en cuanto la Constitución es algo que afecta, amparándoles,

a todos, no puede olvidarse la función adaptadora de ella que desempeña este Tribunal, cuya doctrina, como señala su presidente, «quizá pueda evitar excesivas reformas».

 

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