Autor: Funes Robert, Manuel. 
   El despido libre y su trasfondo político     
 
 El Imparcial.    21/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El despido libre

y su trasfondo

político

DECÍAMOS ayer que ha nacido en nuestro tiempo una clase de personas que viven y medran avivando el concepto de lucha de clases, sindicatos de clase, relaciones de clase, etcétera. Esa clase formada por iluminados que creen vivir en el siglo pasado y por profesionales del conflicto, han protagonizado, junto con una clase de economistas sin sentido de la realidad, la mayor paralización productiva y económica de los últimos decenios. Se inserta esto en una agresión general a todo lo que signifique autoridad en la familia, empresa. Hay que acabar con la autoridad espiritual, con la laboral, con la familiar:, con la estatal. Pero la autoridad no se destruye jamás, cambia simplemente de titulares. Y los que hoy la atacan lo hacen esperando ser sus herederos.

En la empresa se hunde la actividad bajo la acción de esa dase de redentores que hacen imposible con sus huelgas de solidaridad que la mayor culpa sea castigada con un despido. Y ya hemos pronunciado la palabra clave. La feroz campaña del PC y las centrales contra el despido fácil nace de que el despido imposible les garantiza que los obreros están a sus órdenes y no a las órdenes del empresario. El despido imposible convierte a las masas obreras en adeptos y empleados de los redentores pagados por la empresa.

El despido racional, puesto como posible en virtud del contrato de admisión, esto es, de la necesidad del obrero y de la respuesta de éste, convertiría a los obreros en subditos de la empresa y no en subditos de los líderes. Basta con las leyes tan avanzadas como se quiera para que la explotación del empresario no se produzca. Y el empresario, libre de temor a contratar enemigos que al día siguiente se unirán a las huestes dirigidas por los que predican el odio o la animadversión incondicional y perpetua a la empresa, aumentará sus plantillas. Y los que ya estaban colocados, habrán de tomar en serio su obra y con ello la productividad aumentará y los precios podrán bajar. Más empleo, más renta, más productos, más bienestar. Pero al precio de menos influencia y menos poder de los explotadores del concepto de lucha de clases.

Hoy no sólo es la productividad la que ha caído verticalmente. El clima de enfrentamiento que la clase parásita ha creado hace temer a la empresa la posibilidad de sabotajes impunes.

Una tuerca mal apretada en una máquina de veinte millones de pesetas puede arruinar el ejercicio del año. Ante la duda de la colaboración, la respuesta es duplicar los controles, aumentar los gastos que pasan a los precios. La desconfianza llega hasta este extremo. La empresa no puede funcionar.

El paro aumenta por días, Y es lo bueno que los responsables, los que montan sus vidas y haciendas sobre la explotación de la idea de que el empresario es enemigo natural y perpetuo del obrero, se quejan del paro que ellos mismos, provocan. Porque es ilusoria la creencia de que la inversión pública puede sustituir a la inversión y a la actividad privada. Salvo socialización integral y revolucionaria, que nos traería pobreza y dictadura, !a actividad privada es insustituible.

BJ despido fácil al estilo europeo es una necesidad para obreros y empresarios. Porque una clase de personas ha conseguido destruir el principio sin e! cual nada funciona. De otro modo: el despido fácil lo imponen los mismos que lo combaten, ya que han creado una situación que sólo de esa manera se resuelve. Con la posibilidad de despedir.

Porque el despido imposible no sólo priva a la empresa del poder de despedir, sino de todos los demás poderes.

MANUEL FUNES ROBERT

 

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