La responsabilidad política de los sindicatos     
 
 Informaciones.    13/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La responsabilidad política de los sindicatos

PARA hoy está fijada la tercera reunión de las centrales sindicales con la Administración. Aunque la divergencia sobre si deben ser prioritarios en la discusión los temas económicos (Gobierno) o los sindicales-laborales (Sindicatos) pueda, quizá, aplazarla, la realidad es que tanto unos como otros están emplazados a acelerar estas negociaciones, antes de que el otoño rebase en su temperatura los grados soportables para la delicada situación socio-económica-politica presente.

Crisis que obliga a los responsables sindicales a tener que medir mucho sus pasos. Las consecuencias de una decisión sindical pueden acarrear resultados decisivos para todo el proceso democrático. Su obligación, por tanto, es encabezar y dirigir de un modo sensato y realista todos los conflictos con energía, pero sin apasionamientos.

Uno de sus principales deberes consiste en explicar sin ningún tipo de complejos la realidad del momento por el que atravesamos y la consecuente necesidad de no ser incoherentes entre lo que se negocia por arriba y lo que se reivindica por abajo, en un determinado convenio colectivo. Porque una cosa es defender firmemente las reivindicaciones de los trabajadores y otra muy distinta y peligrosa es intentar poner al Gobierno entre la espada y la pared.

La metáfora no es gratuita. Hay en estas horas una polémica política, un tanto artificial, sobre la conveniencia o no de un Gobierno de concentración que sustituya al actual. Y en el calor de este debate, algún político, en un exceso de voluntarismo y sin medir bien sus- actos, puede caer en la tentación de «calentar» el otoño más de la cuenta, intentando utilizar a algún sindicato como «correa de transmisión», para demostrar prácticamente la necesidad de su oferta ministerial, con la ingenua creencia de que derribando mediante un movimiento huelguístico al Gobierno U.C.D. lograría apropiarse de algún sillón ministerial.

Frente a este peligro, los sindicatos, y en especial el que puede verse más afectado por la política coyuntnral y personal de algún político, deberían imitar a sus hermanos franceses que acaban de afirmar su plena independencia, incluso frente a los partidos de izquierda y al mismo Programa Común.

Hay que desligar las legítimas reivindicaciones de los trabajadores de las maniobras o conspiraciones políticas de lo contrario, perderíamos todos: sindicatos, empresarios, partidos, y el mismo proceso democrático.

Las elecciones del 15 de junio señalaron un vencedor relativo en un partido de la derecha democrática. Y los sindicatos no deben dejarse arrastrar por algún político de izquierda deseoso de borrar los para él tristes resultados electorales. Hay un Gobierno, que cumpla su mandato; hay unos sindicatos, que se desarrollen. Para ello hay que ser escrupulosamente democráticos con los datos electorales e inteligentemente reivindicativos para poder capitalizarlo sindicalmente.

Ya es sabido que en toda huelga lo más difícil no es saber empezarla, sino saber terminarla. Esa es la gran responsabilidad política de las centrales sindicales: saber empezar .y terminar en el momento oportuno —ni antes ni después, desechando algunos aprendices de brujo político—, una acción reivindicativa.

Por lo demás, no hace falta que digamos que el porvenir del proceso democrático depende en gran medida de que los dirigentes sindicales estén o no a la altura de esta difícil responsabilidad,

 

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