Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Palabras graves     
 
 Informaciones.    02/08/1977.  Página: 28. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PALABRAS GRAVES

Por Jaime CAMPMANY

PARÁ la esperanza de abrir * el horizonte de nuestra economía, recobrar el desahogo y proceder a un relanzamiento, las palabras contenidas en las declaraciones de don Nicolás Redondo, secretarlo general de la Unión General de Trabajadores, aparecen como sombrías y pesimistas. Contienen dos observaciones graves, si fueran exactas. Habría que estudiar con la mayor sinceridad y objetividad, despojándonos d e cualquier demagogia, su justicia o su posible injusticia o inexactitud. «El Gobierno actual es un Gobierno de derechas que va a defender fundamentalmente o totalmente los intereses de la derecha, de la oligarquía financiera», ha dicho Nicolás Redondo.

Y antes había afirmado: «Yo creo que hay una imposibilidad manifiesta de ir a un pacto social.» Esta imposibilidad se basa —según el señor Redondo— en el hecho supuesta de que los trabajadores no tienen culpa de la actual crisis económica y en que no figuran en el Gobierno fuerzas que representen a los intereses de los trabajadores.

Vamos a ver. El Gobierno, mientras no se demuestre lo contrario, no es un Gobierno de derechas, sino de centro. Pero es que, además, en cuanto al carácter de las medidas económicas y fiscales que ha anunciado, se ha comportado más bien como un Gobierno de centro-izquierda. ¿Dónde está la defensa fundamental o total de la oligarquía financiera? Al contrario. La oligarquía financiera ha recibido con notorio desagrado, perfectamente justificado desde el punto de vista de su interés, tales medidas.

Por otra parte, alguna parte de culpa tenemos todos en la actual crisis económica: la oligarquía financiera y también los obreros. Quizá sean las clases medias las más exentas de culpa. ¿O vamos a olvidar la escalada en las peticiones de aumentos salariales en los últimos años? ¿Y las horas de trabajo perdidas en huelgas y conflictos laborales? ¿No ha dañado eso la economía del país? Y aún más.

¿Quién puede afirmar, responsablemente, que los intereses de los trabajadores no están representados en el Gobierno? ¿Qué otras representaciones profesionales y laborales podrían haber ido más lejos de lo que ha ido, en sus recientes declaraciones, el ministro de Trabajo?

El Gobierno, aun a costa de desagradar a su propia clientela política, ha tomado unas medidas en las que se ponen los intereses comunes, los intereses de España por encima de los del propio partido.

Eso es un ejemplo para el necesario sacrificio de todos.

 

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