La evolución pacífica de España     
 
 ABC.    18/07/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA EVOLUCIÓN PACIFICA DE ESPAÑA

PARA justificar sus desazones, aquellos que sufren de impaciencia y no pueden soportar la interminable espera apartados de la cosa pública, alegan que su conciencia, en continuo desasosiego, no les permite una vida normal. El futuro de España les mantiene insomnes, en continua alerta, siempre temerosos de verse asaltados en cualquier momento por lo imprevisto. En esta inseguridad y alteración llevan un cuarto de siglo, y más dé uno ha envejecido inmerso en esta incertidumbre. Poseen brújula, sextante y carta de marear para dirigir la navegación que salvaría a los españoles del naufragio que les aguarda si no se enmiendan. Son dueños, asimismo, de las recetas milagrosas para los males que sus ojos clínicos descubren en el país. Son además autores de un plan salvador, perfecto y admirable engodos sus aspectos, y únicamente requieren licencia y libertad de movimientos para ejecutarlo. El remedio maravilla por su sencillez: consiste en procurar una evolución pacífica, operación indolora y asaz fácil.

Basta para ello pactar con los disconformes y perdonavidas, contratistas no sólo de la paz social, sino en posesión de las claves que garantizan el futuro de España. Gente generosa, transigente, de ánimo dispuesto a la reconciliación, al olvido; máximos en la tolerancia, pródigos en el sacrificio si se traía del bien del país; Una evolución pacífica, planeada y admirnistrada por esos hombres, eternos disidentes de la victoria española, es cierto, pero siempre prontos a pasar la esponja por ella, sería de efectos maravillosos. ¿Se puede inventar nada más inocente, mas natural y a la vez mas noble?

¡La evolución pacífica! Pero, en estos últimos veinticinco años, ¿ha hecho España otra cosa que evolucionar pacíficamente? ¿En qué período de su Historia se dibuja más acusadamente esa evolución? Evolución en lo espiritual y lo material, en lo económico y en lo social. Evolución de dentro a fuera y de fuera adentro. En la industria y en el comercio. En el empresáriado y en el mundo del trabajo. Evolución que se inició cuando todavía la nación no había restañado sus heridas y humeaban los escombros y que; paso a paso, por un esfuerzo perseverante y titánico de todo el pueblo, ha sabido levantar el conjunto grandioso de la España actual. ¿Cuándo en nuestra patria se ha evolucionado tanto ni tan pacíficamente como en éste cuarto de siglo, por efecto de aquella explosión de patriotismo desesperado del 18 de julio?

índices irrefragables de esa evolución que hablan a la razón y a los sentidos son el progteso industrial, el esplendor de las ciudades, la fecundidad de inmensas extensiones rescatadas a la aridez, la creación de pueblos, el aumento del patrimonio forestal, los ríos disciplinados, el Plan Badajoz y la Costa del Sol, la redención de Los Monegros—el más gigantesco plan de colonización—, las Universidades Laborales y cientos y miles de conquistas, satisfacción de viejos anhelos arrumbados en el desván de las decepciones. ¡ Cuántas esperanzas florecidas, cuántos sueños cristalizados en hermosas realidades! Millones de españoles han despertado a una nueva vida, y si el gozo y satisfacción no ha llegado a todos los ámbitos, no es por eso menos verdad que no hay suburbio ni rincón rural sin la ilusión de que está próximo el impulso que transforma y da vida.

Las consecuencias de esa evolución pacífica, realizada en un clima de orden y armonía, dentro de normas de co´ncordia, con un espíritu de unidad, están al alcance de cuantos no cierren obstinadamente los´ ojos para verlas. Entonces, ¿qué novedades ofrecen los inquietos desavenidos, muchos de los cuales fueron en época nó tan lejana como para olvidarla gerentes de una anarquía sembrada a voleo por toda España? Nos dirán que disienten del procedimiento. Propugnan aquellos Otros, sistemas, ya ensayados, que fueron la causa de nuestro retraso, de nuestra desgracia y de grandes catástrofes nacionales. Defienden la escisión de los españoles en grupos y partidos, con la consiguiente perturbación y turbulencia, y esperan que de esa confusión salga la luz de las soluciones políticas que apetecen. Nada supone para los recalcitrantes la tangible verdad, la obra acumulada en años de afanosa tarea y conjunción de voluntades, frente a sus delirantes devaneos.

¿Vamos a cambiar lo real por lo problemático, lo seguro por lo dudoso, lo conocido por lo ignorado?

¿Vamos a traicionar el sagrado legado de héroes y mártires por componendas con los autores de la tragedia?

El espíritu del 18 de julio no es una entelequia ni un fuego fatuo, sino una realidad viva, palpitante, que surge con Ja fuerza de un volcán, en cuanto las circunstancias exigen que sea evocado. Recientes, clamorosas y aplastantes pruebas de ello se han dada en los últimos meses: en Andalucía primero, en Burgos al conmemorarse el XXV aniversario de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado, en Garabitas, en Valencia, en Bilbao, en Madrid y en otras ciudades. A la fecundidad de ese espíritu de! 18 de julio debe España su transformación. Y na está exhausto ni mucho menos, porque "nos encontramos en los umbrales de una etapa de expansión económica y la tarea es inmensa". Cuanto se ha conseguido en este cuarto de siglo servirá de fundamento para más trascendentales avances: reforma á fondo de la estructura del campo, en sus tres aspectos: jurídico, técnico y económico; creación de nuevos puestos de trabajo para absorber los excedentes de mano de obra campesina; fomento de las inversiones; redistribución justa déla renta; nivel de vida para los españoles análogo al que disfrutan los países más adelantados.

"El ideario por el que combatimos, decía Franco en Valencia, y que se concreta desde los primeros tiempos de la Cruzada. se encuentra hoy en plena marcha y nos ofrece sus óptimos frutos. La transtormación de la nación, sólo los enemigos obcecados no quieren verla. El progreso espiritual, social y económico no admite discusión... Cuidemos, pues, de nuestra fortaleza con unidad, con disciplina y con trabajo intenso en esta nueva era en que desde bases firmes e inconmovibles vamos a emprender la tarea de nuestro desarrollo económico."

La evolución pacífica, bandera de ciertas gentes que nunca fueron pacíficas sino belicosas, que dividieron a España y la infectaron de odios de tribus, es, tal como ellas lo entienden, un retroceso hacia lo que fueron las bases de partida de las fuerzas nacionales alzadas el 18 de julio. Incurrir en los mismos errores, extraviarse en los mismos caminos, equivaldría a declarar a los españoles sin enmienda. La evolución pacífica desarrollada bajo la égida de Franco sigue la trayectoria inspirada por los principios del Alzamiento hacia fines ya señalados, previsto que el actual régimen no es una situación excepcional, sino, que está afirmado sobre principios "a los que nadie nuede atribuirles vigencia transitoria, ni limitar su extensión y alcance., de acuerdo con interesados deseos y criterios puramente personales". Principios fundamentales ya promulgados, una ley de Sucesión y una, forma política definida que es la Monarquía Tradicional, Católica, Social y Representativa. Aceptar lo que está "previa, legal y sabiamente instituido" equivale a garantizar la permanencia de una vida nacional ordenada y perfeccionar ese proceso ie la evolución pacífica, due continúa para bien de la patria.

 

< Volver