La "voluntad patriótica"     
 
 ABC.    21/07/1962.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA «VOLUNTAD PATRIÓTICA»

Unos perfiles biográficos del nuevo ministro de Industria, señor López Bravo, que ayer reproducíamos, de la revista "Actualidad Económica", nos invitan a formular algunos comentarios, más bien reflexiones, en torno a la oportunidad que en este caso ha representado colocar al hombre idóneo en el puesto clave—clave, en el momento histórico actual—del desarrollo industrial de España.

Hay que echar la vista muy atrás para comprender que la gran tarea excepcional de poner a España en pie definitivamente requería también soluciones excepcionales, traídas por hombres de excepción. Y recordar que el achaque fatal en la decadencia de España era la falta de voluntad, el conformismo dócil, la renunciación previa, que durante siglos ha estado señoreando la vida española. Hombres de dentro y de fuera de España—Ganivet, Macías Picavea, Costa y Ortega y Gásset, en los primeros, y Chamberlain y Fouillé, entre los últimos—llegaron siempre a la conclusión de que la indolencia española, convertida en abulia nacional, que se traducía en exclusivismo, intransigencia, incapacidad asociativa, falta de ideales, brutal separación de clases y disociación interregional constituían los Verdaderos obstáculos tradicionales para alcanzar cualquier empeño de redención. Resumiendo esta situación, otro economista contemporáneo de gran valor, don Gregorio Fernández Díez, afirmaba qué " España padecía una crisis de voluntad, y por consiguiente de patriotismo y sin "voluntad patriótica", que es acción e ideal, era muy difícil reconstruirnos de verdad".

Que la "voluntad patriótica" que se echaba de menos a fines del siglo pasado y comienzos de éste se despertó viva, eficaz y diligente con el Movimiento Nacional, nadie lo duda ya, ni siquiera los más acérrimos enemigos de España. Y esa "voluntad patriótica" ha hecho milagros en los últimos veinticinco años, hasta ponernos ya en los umbrales del paso definitivo para la incorporación de nuestro país al grupo de los países que consiguieron ganar las batallas económicas contemporáneas. Este paso definitivo es el que se abre ante nosotros en estos momentos, en que, apoyándose en los supuestos de una previa estabilización monetaria y financiera, se marcha ya con firme y rápida andadura hacia el necesario desarrollo económico.

Porque entra por mucho la voluntad inflexible y la tenacidad inquebrantable —aunque servidas por una inteligencia flexible y una capacidad adaptable a las oportunidades de cada momento— es por lo que la gente se ha fijado preferentemente en la personalidad del nuevo ministro de Industria, seguramente porque en los cargos anteriores que sirvió demostró, sin ningún género de dudas, esa difícil facilidad para hacerse cargo de los problemas arduos y tratarlos y resolverlos con habilidad y soltura. De aquí el acierto de su nombramiento, cuando el problema actual que se plantea a la econpmía española, para que entre de manera definitiva por el camino del desarrollo y la ´expansión-—que es, en gran parte, el camino de la industrialización—, es, nada más y nada menos, que el del su reestructuración, el de su "cambio de piel" en el ámbito industrial, añadiendo facilidades y suprimiendo obstáculos a esta evolución necesaria a1 país.

Con las siete llaves con que, como símbolo de decadencia y desesperanza, se trató dé cerrar el sepulcro del Cid, vinieron otras tantas llaves de pesimismo para los españoles, que cerraron el paso a cualquier aspiración de redención económica. Se condenaba al Cid no porque fuera el espíritu del belicismo y la aventura, sino porque representaba la vigencia y vivencia del espíritu español; no porque fuera peleón y camorrista, que nunca lo fue, sino porque era el arquetipo de la dignidad hispana, que convenía olvidar y aún sacrificar. Poco menos llegó a decirse, en esas épocas de dimisión de todos los valores morales, que, en lo económico, España debía volver al pastoreo primitivo, abandonando toda ilusión de florecimiento industrial.

A la "irrenunciable industrialización" se va a dedicar ahora España, impulsada por un hombre joven, que sabe bien dónde están y cómo se accionan los resortes maravillosos de la producción moderna, abundante y barata—sus primeras palabras oficiales como ministro aludieron al problema de los costes, como básico para nuestro engrandecimiento—, y que posee la "voluntad patriótica" necesaria para alcanzar rápidamente todos sus objetivos.

 

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