Autor: Fernández Prades, Carlos. 
 Las Cortes aprobaron el derecho de asociación sindical. 
 Libertad sindical, pero menos     
 
 El País.    31/03/1977.  Página: 45. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

CARLOS FERNANDEZ PRADES

El nacionalsindicalismo o sindicalismo vertical, que durante los últimos cuarenta años sirvió en el plano laboral a los intereses del régimen nacido el 18 de julio de 1936, quedó ayer legalmente desmontado con la aprobación por el Pleno de las Cortes de la ley Reguladora del Derecho de Asociación Sindical. Ello, sin embargo, no supone el restablecimiento de la libertad sindical que las centrales democráticas han reclamado y reclaman, y en cuyo apoyo han convocado movilizaciones obreras para el mes que mañana comienza.

La libertad de asociación sindical, que acaba con la unidad de sindicación obligatoria verticalista, dista aún mucho de la libertad sin adjetivos que permita a ios trabajadores decidir por sí mismos el modelo de sindicato que mejor defienda sus propios intereses frente a las organizaciones patronales, cuya constitución necesita de la misma libertad.

La estrategia gu-bernamental para obtener de las últimas Cortes franquistas la aprobación de laley de Asociación Sindicál conoció ayer un significativo fracaso, continuacíón del que va se apuntó casado el proyectó fue dictaminado por la Comisión deberes Fundamentales En aquella Libertad sindical, pero menos ocasiión, los procuradores sindicales que hicieron del verticalismo casi un sacerdocio consiguieron introducir en el texto original del Gobierno el término rama, como marco que delimita el ámbito de actividad laboral en el que se podrán constituir las asociaciones profesionales.

El sector reformista del verticalismo, por su parte, logró colar en el texto dictaminado por ¡a ponencia un segundo punto en el que se entiende por rama de actividad «como el ámbito de actuación económica la profesión u otro concepto análogo que los trabajadores o los empresarios determinen en los estatutos» de las asociaciones.

Una última baza en la estrategia gubernamental fue ¡a enmienda presentada por el señor Sancho Rof, en la que, en lenguaje perfectamente claro, se trataba de establecer que «los trabajadores y los empresarios tienen el derecho de constituir las asociaciones sindicales que-estimen convenientes para´-la defensa de sus respectivos intereses.

El fracaso gubernamental desmienten las cortes, almenos en su ímagenes ministro de Síndícaios asegurara al termino de.la sesión que no existía ningún problema para la inmediata legalización de las centrales democráticas), estriba, pues, en su propia estrategia para sacar adelante una libertad sindical que difícilmente habrían de conceder quienes hasta ahora han ostentado todo tipo de prebendas y privilegios en materia sindical.

Se puede asegurar que quienes nunca necesitaron de la libertad sindical para defender sus intereses —que no los de los trabajadores, en cuyo nombre pretenden justificar un modelo sindical que, pese a su dilatada existencia, no ha logrado ser comprendido por el mundo libre— están lejos de comprender lo que esta libertad supone de efectividad para que desde las organizaciones obreras y patronales se pueda lograr el entendimiento que sustenta la paz social que tanto les preocupa. Dudar de esta falta de comprensión sería sugerir ¡a existencia de intereses inconfesables porp arte de quienes protagonizaron ayer la fiesta rtro de las Cortes.

Dsspués de la necrologica del verticalismo que emocionadamente hiciera ante Pleno ei señor Lapiedra de Federico

—«Generalísimo Franco, Caudillo de España, fundador del sindicalismo, gracias», fueron sus últimas palabras ante de despedirse de la Cámara, a la que aseguró no volver más—, los procuradores, en un ambierte repleto de viejas nostalgias, rechazaron la enmienda del señor Sancho Rof y aprobaron la de Mónica Plaza, que supone la paradoja de que organismos sindicales que la ley hace desparecer habrán de ser oídos para elaborar la normativa legal de su desarrollo.

Esta normativa, ya elaborada, posibilitará la ausencia de cortapisas al libre ejercicio del asociacionismo sindical, según se aseguró a EL PAÍS en medios reformistas del verticalismo. Pero la libertad ayer aprobada, no obstante y aun salvando los trámites que comporta el texto legal definitivo, seguirá motivando la dinámica reivindicativa de libertad sindical de las centrales democráticas. Porque, en definitiva, la ley Sindical de! 71 no quedará derogada con e! nuevo precepto legal, y es en aquella donde junto con su profusión y confwsionismo - pese a no estar desarrollada en todo su contenido se compone la escencia misma de la falta de libertad para conrregir sindicatos y patronales como y cuandoquieran trabajadores y empresarios.

 

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