Política coherente     
 
 Pueblo.    30/05/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Política coherente

YA hemos señalado varias veces que los discursos del ministro de Comercio, señor Ullastres, estemos de acuerdo o no con todo lo que en ellos se dice, constituyen. por la claridad de sus ideas, estilo directo y abundancia de datos exactos, piezas fundamentales para estudiar la coyuntura económico-social de España. Esta aíirmacton no es una correspondencia a las frases amables que para nuestros "tigres" tuvo en el discurso de Valencia; sino el reconocimiento de un hecha que no ignora ninguna persona interesada por esta clase de problemas.

En el citado discurso de Valencia, pieza extensa que duró dos horas, tiene Interés primordial la parte que dedicó a la necesidad de que hubiera una política coherente en la coordinación de los intereses económicos y sociales. Si importantes son las medidas que en cada momento y sobre cada materia particular se adopten, indudablemente lo primero es sentar los principios que deben determinar tales medidas. "un el fondo, dijo Ullastres, se trata del tema, de coordinar, equilibrar, ajustar,´los ingresos de todos y cada uno de los grupos sociales, de todos y cada uno y no sólo de las clases sociales, entendidas al estilo marxista, sino de todos y cada ano de esos grupos socíales , espontáneos o creados por la voluntad del hombre, que reunidos por afinidades de todo tipo, tienen precisamente una comunidad de Intereses que se desarrolla enmarcada, bien dentro de los cauces institucionales creados: estatales, sindicales, etc., en el campo economico, bien en otros campos, pero con repercursión económica."

Sobre tres planos principales fijó Ullastres la necesidad de coherencia: el ritmo de crecimiento, la política de consumo y la de distribución de rentas. Sobre este último vamos a fijar en el comentario de hoy nuestra atención.

Parte Ullastres de la idea básica de que siendo los bienes que producimos, y ios que podemos producir en un futuro próximo, limitad os en comparación con paiseg de más desarrollo, las mejoras de nivel de vida de ciertos sectores sólo podría lograrse a base de restar a otros. La Inflacion no es solución, entre Otras cosas, porque los perjudicados acaban siendo siempre a los que se interesa favorecer. Por eso dijo algo que en PUEBLO se ha repetido insistentemente: "Todo consiste en que pongamos los medios para que, efectivamente, lo que tratamos de darles, de más a los trabajadores sean los empresarios los que lo cedan efectivamente de sus bneficios."

Esa puntualización de que la mejora ha de ser a costa de los beneficios, en los casos en que su volumen lo permita, es básica, pues el sistema que normalmente se ha seguido en España ha sido el de cargar las mejoras en los precios, sin merma algana de los. beneficios, que, no pocas veces, han sido aumentados. En cambio, si se cargan a los beneficios, dice Ullastres: "Entonces no hay inflación. Entonces lo que hay es aumento de compra de bienes de consumo por el lado de los trabajadores y disminución de compra de bienes de Inversión por parte de les propietarios. Pero hay una consecuencia no prevista ni querida: que pagan (?) no solo los empresarios, sino también los trabajadores de otras empresas: las productoras de bienes de capital."

Evidentemente, la relación entre los diversos fenómenos económico-sociales es grande y difícilmente puede concebirse medida favorable a na sector que no resulte en alguna forma negativa en otro: la extensión de la televisión perjudica a los cines, y la de los automóviles al ferrocarril. Por ello, el temor a los perjuicios posibles llevaria inevitablemente a 1a petrificación, como aquel personaJe de Stephan Zweig que no quería hacer nada porque cualquier acción podía dañar a un hermano desconocido. La brújula para salir del aparente círculo vicioso es el bien centón, al que han de subordinarse los intereses de sector grupo. Y precisamente en este bien común encontrarán los enemigos de oda transferencia de rentas argumento para «ponerse a ella: la disminución de las inversiones frena el desarrollo y se traduce a la larga en taita de trabajo y en pobreza para los mismos que se quería beneficiar.

La objeción es seria y rao rale ignorarla ni desecharla a la ligera. Indudablemente hace falta invertir en tanta major proporción cuanto mayor sea el crecimiento que deseemos lograr

La inversión supone ahorro y, por tanto, sacrificio en ei consumo. Pero nosotros ya hemos expuesto otras veces nuestro criterio, que coincide con el de la "Mater et Magistra": si la autofinanciación de las empresas se hace a costa de los salarios que en justicia corresponden a los trabajadores, lo justo es que se les conceda a éstos el título de propiedad sobre tas cantidades invertidas. Algo parecido puede decirse de los consumidores, a los que se haga pagar, con fines de inversión, cantidades superiores a las que corresponden en una sana política de costes y beneficios. La fórmula no es cosa de estudiarla ahora. Baste con apuntar que es perfectamente compatible una política de inversión con una justa distribución de rentas.

Además, como señaló Ullastres, en una línea también clásica en PUEBLO, "hay otro medio de darles más a anos y quitárselo a otros: la política fiscal, los impuestas, no ya dentro de Ja empresa, sino A CADA UNO EN PARTICULAR A TRAVÉS DEL IMPUESTO SOBRE LA RENTA."

Son tan recientes nuestras campañas sobre el decepcionante resultado del Impuesto sobre la renta en España, que no es necesario que nos extendamos más sobre el tema. Añadamos, pora reforzar nuestra postara con las palabras de Ullastres, que, a través de los canales de la Hacienda se mejoran a las clases mas débiles sin producir Inflación, ja que lo que hemos incrementado a unos en capacidad de compra, se lo hemos quitado a otros.

Concluimos este comentario con el siguiente párrafo de Ullastres, que resume las anteriores Ideas expuestas sobre la política de rentas:

"Política sana, correcta, en cuanto a coherencia entre medios y fines. Las otras consecuencias, las queramos o no las queranjos, podemos tolerarlas como un mal menor. Todo esto es perfectamente admisible y sobre ello se puede discutir. Pero no discutamos o, mejor dicho, pongámonos de acuerdo sobre los hechos y principios fundamentales, sobre los cuales se debe montar todo este tinglado tan decisivo de la política de ingreso, y rentas. Creo que nosotros, los españoles de 1963, en una encrucijada como la que estamos atravesando, en que tenemos en la punta de los dedos la solución, la solución económica y la solución social, la. solución lie paz, la concordia y el desarrolle vigoroso y rapidísimo, si dejamos pasar, por no ponernos de acuerda en ios principios, en los fines y ea los medios, esta oportunidad histórica, única de nuestro país, la historie nos podrá, con razón, exigir responsabilidades muy duras."

 

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