Autor: Ramos Gamez, Manuel. 
   ¿Relaciones laborales nuevas?     
 
 Arriba.    18/08/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

¿RELACIONES LABORALES NUEVAS?

Don Ricardo Blom expone unas consideraciones bajo ©1 título citado en e! diario ARRIBA, que exigen ser analizadas y contestadas para evitar que el silencio de los trabajadores y sindicalistas sea interpretado como una aquiescencia a sus teorías. Sin ostentar ninguna representatividad, me veo en la obligación de contestar su artículo.

Es factiblemente perceptible la simpatía del articulista hacia Jas centrales sindicales como CC. 00. y UGT.

No voy a detenerme, porque no lo merece, en enjuiciar su condena de las huelgas planteadas al margen o contra los criterios de las centrales sindicales nuevas. Quizá pueda usted explicar quién ha otorgado patente de corso en el mundo laboral a las nuevas centrales sindicales, y en base de qué pronunciamiento, el trabajador que quiera defender sus reivindicaciones, debe contar con el visto bueno de las citadas organizaciones. La referencia a esta condena me sirve tan sólo para confirmar la tesis que usted mantiene a lo largo de todo su artículo.

«Todo para y por CC. 00. y UGT; nada contra ellos», defendiendo a todo trance el monopolio sindical de estas centrales.

En su primer considerando usted expone:

«La estabilidad laboral y la productividad no vendrán de la mano de la dispersión organizativa de la oíase trabajadora, al menos en un esquema de libertad.»

Sin llegar a considerar la defensa que ello supone del verticalismo, durante el cual TÍO existía ninguna dispersión organizativa, sino más bien la más férrea unidad, hay que destacar la contradicción que supone plantear su exigencia precisamente en un esquema de libertad.

La libertad sindical no se puede condicionar de ninguna forma. Precisamente, uno de sus riesgos conocidos es te dispersión organizativa. Pero si el poder político, los partidos políticos y usted mismo se inclinaron, sin solicitar´su opinión a los trabajadores por esa libertad, no intente usted ahora condicionar, en base a razones de eficacia, (os derechos de cada trabajador a organizarse como mejor entiendan.

No venga usted a sustituirme cuarenta años de monopolio de! verticalismo por otros tantos de CC. OO. y UGT. En su segundo considerando usted viene a decirnos:

Para que tengamos dos centrales fuertes, CC. OO. y UGT,

como no, hay que entregarles el patrimonio sindical para facilitarles los medios necesarios. Porque aunque existan otras centrales, todos sabemos que éstas son las ´buenas´.»

Precisamente estas centrales son las únicas que, gracias al respaldo del PCE y del PSOE, disponen de medios en el campo laboral.

Precisamente por el padrinazgo político a que están sometidas y e! consiguiente apoyo material y político, las dos centrales que usted cita márxistas las dos, por casualidad, son las que cuentan con ios mayores y mejores aparatos de entre las existentes en el campo sindical, lo cual no significa que sean más representativas.

Por otra parte, dada la actuación de estas centrales como correa de transmisión de los citados partidos, cualquier potenciación dé las mismas supondría el correspondiente fortalecimiento de los respectivos partidos.

¿Qué pretende usted?, ¿Que el patrimonio sindical, creado durante varias generaciones por todos los trabajadores, se le entregue a grupos minoritarios de! movimiento obrero?, ¿Que el PCE y el PSOE hereden los resultados del esfuerzo de millones de trabajadores que no son ni han sido de uñó u otro partido?

Si a usted le preocupa la libertad sindical y la igualdad de oportunidades para todas las tendencias sindicales debería orientar sus esfuerzos de cara a conseguir que los grupos sindicalistas libres e independientes que existen y surgen a diario, sin ataduras ni padrinazgo partitocrático, puedan consolidar su estructura y materializar ese gran movimiento sindical libre que se vislumbra.

Pero no voy a´ caer en el mismo error y solicitar para un grupo lo que es de todos. El destino del patrimonio sindical hay que planteárselo en serio y democráticamente. Ello exige, fundamentalmente, que sean todos los trabajadores quienes decidan sobre lo que es suyo.

Ni el Gobierno, ni las Cortes, ni los partidos políticos, y menos usted, don Ricardo, pueden disponer de nuestro patrimonio. Si lo hicieran sería un enorme fraude y un nuevo expolio realizado en contra de los trabajadores.

¿Queda esto bien claro? Salvo que los trabajadores decidan democráticamente otra cosa, el patrimonio sindical no puede ser ni para los más listos, ni para los más fuertes, ni para los mejor recomendados, ni para los márxistas, ni para los independientes. El patrimonio sindical nos pertenece e todos, y entre todos hemos de decidir su futuro.

 

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