El precio de los fracasos     
 
 Pueblo.    29/05/1963.  Página: 3. Páginas: 3. Párrafos: 10. 

EL PRECIO DE LOS FRACASOS

EN el haber del «premier» Macmillan hay dos fracasos que pueden costar caros a los conservadores: el primero se cosechó en Nassau, sobre las Bahamas, y consistió en Ja imposibilidad de convencer a Kennedy de que Inglaterra necesitaba imperiosamente que los Estados Unidos continuasen construyendo proyectiles «Skybolt», con los que Inglaterra contaba para equipar sus fuerzas aéreas. Toda la estrategia de defensa, cuidadosamente planeada durante un año, se le vino abajo al Gobierno inglés en dos días.

El segundo fracaso, mucho mas grave, consistió en el velo de De Gaulle a que Inglaterra pudiese integrarse en el Mercado Común y la subsiguiente suspensión de las negociaciones de Bruselas.

Ahora parece llegado el momentó de pagar el precio por aquellos dos fracasos y la factura va directamente cargada sobre el haber del partido conservador.

Asi parecen por lo menos Indicar los resultados de las últimas elecciones municipales que acaban de tener lugar en Inglaterra. En los Consejos Municipales los conservadores han perdido la friolera de 627 puestos, mientras que los laboristas han ganado 654, y los liberales, 80. El retroceso conservador es tan impresionante que ya hay que con. siderar seriamente si la etapa de gobierno conservador no está tocando verdaderamente a, su final.

El éxito de los liberales, a los que se considera como los detentadores de la moda política del momento, ha sido sólo moderado. Esto quiere de lo que con toda probabilidad los liberales no van a contar mucho en la próxima contienda electoral general y que. como es tradicional, conservadores y laboristas se enfrentarán mano a mano Los éxitos parciales en los puestos vacantes de los Comunes que los liberales se han ido apuntando a lo largo de todo ej ano no significan sino el crecimiento de un estado de opinión de decepción hacia el partido gobernante, pero las ilusiones de resurgimiento que hayan podido hacerse los líderes del liberalismo británico no parecen ir a encontrar confirmación.

El éxito que sí está perfectamente cimentado es el laborista. ¿Ha logrado el partido laborista remontar su grave crisis interna sin más que desaparecer Gaitskell? Cierta, mente es pronto para decirlo", pero las perspectivas que se abren al laborismo inglés son hoy tan prometedoras como lo fueron en los días del final de la guerra.

Por lo pronto, y tras el triunfo en las elecciones municipales, los laboristas controlarán los Consejos municipales de casi todas la ciudades inglesas de importancia industrial, y entre ellas Liverpool, Bristol y Douvres. Y no sólo eso, sino que además han logrado profundos avances en regiones típicamente conservadoras en las que abunda la población de clase burguesa.

En las altas esferas del partido conservador se abrigaban esperanzas de que la situación hubiera mejo r a d o sensiblemente en los últimos tiempos Efectivamente, el número de parados había disminuido de modo considerable y en la actualidad anda por el tope de los 700.000, que, con ser una cifra alta, no es catastrófica para un país de la población y los recursos industriales de Inglaterra. El nuevo presupuesto, preparado cuidadosamente por Maudling, era considerado como un presupuesto «popular» y se´ confiaba plenamente en sus efectos electorales. En efecto, el presupuesto contenía una reducción del impuesto sobre la renta que debía beneficiar a unos tres millones y medio de contribuyentes modestos. Por otra parte, las subvenciones y créditos concedidos a los industriales se habían centrado sobre 1as regiones en las que el paro es más fuerte: Irlanda del Norte en primer lugar, y Escocia y región Nordeste. Para el Estado representaban estos apoyos un déficit de 687 millones de libras y se había comprobado que tales medidas producían satis facción popular, aunque los laboristas las habían tachado desde el primer momento de mezquinas e insuficientes.

Pero nada de esto ha servido de gran cosa. La tendencia hacia la impopularidad de los conservadores, que se inició hace año y medio, está llegando ahora a su punto máximo y amenaza con convertirse en decisoria en el futuro. Cierto que unas elecciones municipales no son unas elecciones generales y que los dos electorados suelen reaccionar de forma muy distinta, ñero has nadie pretende en ei campo conservaaor ocultar la gravedad de la situación. Es ésta grave, sobre todo, porque muy bien pudiera ocurrir que los «tories» siguieran retrocediendo, hagan lo que hagan, por uno de esos fenómenos irreversibles que se dan con frecuencia en los virajes de la opinión pública, y que en Inglaterra son más frecuentes que en ninguna otra parte.

Ante este panorama, que pudiera conducir en un futuro no muy lejano a un cambio de signo del Gobierno inglés, hay que preguntarse, seriamente si lo que ocurre es que los laboristas están ganando terreno o simplemente que los conservadores lo están perdiendo. Las dos cosas, como es natural, pueden no ir juntas. ¿Están los laboristas otra vez en condiciones de gobernar en Inglaterra? Es posible que el advenimiento a la jefatura de Harold Wilson haya hecho superar muchas escisiones interiores. Pero ¿cuál es el programa laborista válido para la Inglaterra de 1963 o 1964? Para nadie es un secreto que, con opinión conservadora o no en el país, el laborismo inglés, al igual que muchos socialismos continenfcales, ha perdido velocidad, acercándose peligrosamente a un conformismo burgués que lo hace inoperante. ¿Ha podido Wilson insuflar un espíritu nuevo en tan poco tiempo? La respuesta es importante.

 

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