Autor: Aparisi, Antonio. 
   La mujer ante el trabajo y la educación (2)     
 
 Pueblo.    29/05/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

La mujer ante el trabajo y la educación (2)

COMENTABAMOS en el anterior articulo que la estructura de nuestra población activa, femenina tendrá que ser revisada. No solo para aumentar los efectivos, sino también pan cuidar, mejor su cualiftcaeión. En el mismo documento que entonces citábamos —el B-2 del curso coloquio sobre planeamiento integral de la educación—se ctóúa.: "Otra razón nos la proporciona la experiencia de países con alto grado de industrialización, donde las exigencias de éste han revelado ta insuficiencia de la mano de obra masculina y la necesidad de utilizar mano de obra femenina. Esta posibilidad ha de tropezar en España con una gran dificultad, derivada del porcentaje de analfabetismo entre la población femenina en edades activas. "

¿Tiene fundamento esta afirmación? Por desgracia vemos que sí y tratemos de razonarlo. E) avanee logrado en cuanto a la disminución de Jas cifras de analfabetismo ha sido notable clurante los últimos anos; aquellos porcentajes aterradores de un 56,2 por 100 en 1900, fueron disminuyendo en décadas sucesivas y la curva descendente da, de diez en diez años, los saltos siguientes: 50,6, 43,3, 32,4, 23,1 (en 1940). 17,3 y 12,1, en 1960. según datos facilitados por la Comisión de Enseñanza del Piar de Desarrollo.

Pero ese 12,1 por 100 es una media de ambos sexos; los porcentajes en hombres y mujeres son, respectivamente, del 8 y 16,7. Dobie número de analfabetos en la mujer que en el hombre, y si a principios de siglo este coeficiente no hubiese tenido mayor importancia, boy, cuando vivimos una era de avances tecnológicos, cuando la igualdad 3e derechos en el hombre y la mujer sitúa a ésta en paridad con todo quehacer político, económico, sociológico, etc., es indudable que el nivel educacional tendrá forzosamente que aumentar si queremos que exista ese debido equilibrio que mantenga vivas, de un lado, el estilo propio e inconfundible de las esencias permanentes de la lamilla española, y, de otro, el ritmo que exigen los tiempos.

Y no se advierta en nuestras palabras ningún tono pesimista. A Dios gracias, la política educacional española, en los últimos años, es consoladora en cuanto a los avances logradas en la corrección de esas, cifras de analfabetismo. Hemos utilizado unas cifras de 1960; pues bien, el Anuncio de Estadistica de 192 rebaja aquellos porcentajes a Eos siguientes: analfabetos varones, el 6,7 por 100; mujeres, el 13,78 por 100, y ambos sexos, el 10,35 por 100; es indudatíle que de seguir este ritmo, las esperanzas del Ministerio de Educación se verán cumplidas y en 1970 el analfabetismo en España podrá considerarse desaparecido.

Añadamos a esta política de alfabetización la ingente tarea de nuestra Sección Femenina, cuya actuación tanto Ha contribuido a llevar la cultura a los medios rurales; cátedras ambulantes, agrupaciones folictórlcas, educación deportiva, sanitaria y social, cursos, albergues, residencias. han contribuido de manera tan notable en la elevación cultural de la mujer, que con razón podemos decir se ha hecho en los últimos veinticinca afios lo que no hicimos en todo un siglo.

Pero en la vida moderna no basta que no exista analfabetismo; leer, escribir, contar, podrían ser conocímientos suficientes para principios de siglo, pero en los momentos actuales, la cultura tiene otras exigencias y para ocupar un puesto digno en la sociedad son precisos otros conocimiento». Si reparamos en la descomposición que en nuestro anterior artículo hacíamos de esos 2.120.000 mujeres activas, sólo aparecen con una profesión técnica el 6,4 pop 100; un 7 por 100 son e mpleadas de la Administración; otro 10,6 por 100 podríamos Incluirlo en el grupo de personal especializado, y la cifra del peonaje ge nos eleva a un 76 por 100, en la que cerca dé un 30 por 100 lo absorbe el servicio doméstico y otro tanto la agricuitura.

Las tasas de escolarizacíón —seguimos utlliaando datos del eurso-coloquio—acusan, en todos los niveles, unos coeficientes bastante más bajos para la mujer que para el hombre. En la enseñanza primaria, en la edad escolar obligatoria—seis a doce años—, de cada cien niñas sólo asisten a la escuela 84,64; evidentemente, este porcentaje no refleja la totalidad de niñas de esas edades que reciben enseñanza, puesto que no incluye a las de diez a doce años matriculadas en enseñanzas medias; teniendo en cuenta estas matriculas, la proporción de niñas de seis a doce años que reciben una formación, bien sea primaria o de tipo medio, seria algo superior al 89 por 100.

Y Si de las enseñanzas primarias pasamos a las medias y de inciacion profesional tasa se nos viene abajo: sólo el 12 por 100 de la población femenina comprendida entre diez y diecinueve años recibe enseñanzas, y como de éstas, el 70 por 100 cursan el bachillerato clasico, quedan escolarieadas en enseñanzas laborales un 30 por 100, aproximadamente; es decir, un 3,6 por 100 de la tasa general. En la mayoría de los países de Europa, de cada cien estudiantes de estas enseñanzas medias, 40 son mujeres.

En enseñanza superior, la proporción de mujeres estudiantes se sitúa también por debajo de la medía de los paisés europeas; sin embargo, el desnivel es menor para esta enseñanza, puesto que la proporción de población escolar femenina en enseñanza superior es de 18 por 100, y las máximas son Estados Unidos, con- 38 por 100, e Italia, con 28 por 100 (datos curso coloquio). No desconocemos el gran aumento de la matricula escolar femenina en los últimos años; pese a ello, es lo cierto que la formación de la mujer sigue constituyendo en España un problema de urgente solución. En el libro "La educación y el desarrollo económico-social: objetivos de España para 1970" (Madrid Junio 1962), se comentaba aquella cifra tan baja tíe mujeres con una profesión técnica, cifra que desglosada en porcentajes y redondeando números nos da; profesoras maestras, catedráticas, el 31 por 100; enfermeras, matronas, el 20 por 100; escritoras artistas y Deportistas, el 4 por 100; prolesiones liberales, el 7 por 100; pertenecientes a congregaciones religiosas, el 32 por 100. Y se llegaba a las dos conclusiones siguientes:

a) Escasa aportación de ta mujer a la docencia, pues salvo en eJ Magisterio y escuelas normales, en los demás sectores de la enseñanza apenas tiene importancia cuantitativa.

b) Todavía es muy pequeña !a proporción tíe universitarias que trabajan en empleos correspondientes a su formación. Un país como España no puede permitirse ei lujo de desaprovechar requisos humanos, ejue se han formado a un elevado coste.

Preciso, pues, ha de ser iniciar una nueva bruzada que situé a la mujer, cuantitativa y cualitativamente, en ese conjunto de población activa, que tendrá que ser Incrementado.

Antonio APARISI

 

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