Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La caída de ojos     
 
 ABC.    11/06/1986.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC

Escenas políticas

LA CAÍDA DE OJOS

MI dilecto y predilecto, mirado y admirado, vivales y frescales amigo José Luis Coll, chaparrito y corto

como tantos grandes hombres, no sé, Napoleón, Charlot, Mickey Rooney y e! juez Lerga, ha escrito uno

de esos artículos de incitación electoral que tanto agradece Helga Soto, la rubia teutona que manda en el

PSOE como si fuera una sobrina de Willy Brandt, y que tan celebrados son en las veladas de la «6o-

deguiya».

Ya se sabe que Tip y Coll son una pareja de genio igual y figura diversa. Tip es alto y Coll es bajo. Tip

gasta chistera y Coll usa e! hongo. Tip se deja bigote y Coll se lo afeita. Tip vota a Fraga y Coll a Felipe.

Eso, respecto de la figura. En cuanto a genio, tanto monta, monta tanto. La gracia está en el contraste y en

el juego de planos, como sucedía con aquella pareja gloriosa del «gordo» y el «flaco». El contraste entre

Stan Laurel y Oli-ver Hardy era a lo ancho, y en Tip y Coll es a lo largo. En los amores políticos también.

Tip se subió a una escalera, con una brocha y un caldero, para pegar carteles de Fraga, y así salió en la

portada de «Época», y ahora Coll escribe un artículo para invitarnos a votar a Felipe. Como Coll es un

espíritu fino, alejado de lo vulgar y lo zafio, enemigo de lo obvio, no ha escrito un eslogan ni ha dado un

grito publicitario.

El artículo de Coll se titula «La mirada». Uno empieza a leer el artículo, llega a la mitad, se traga los dos

primeros tercios, y allí no aparece la política por ninguna parte. Sólo al final, con técnica de «suspense»,

se vislumbra a un Felipe no nombrado, propuesto a la imaginación, y adornado de ese encanto que tiene

la adivinación de lo misterioso. Parece que uno estuviese leyendo una meditación filosófica sobre «la

mirada», su secreto y su significación. Pues ya está, dice para sí el lector. Bergson escribió de la risa, y

Coll escribe de la mirada. Pero no. Al final, ¡zas!, sale Felipe, sin salir, como cuando se resuelve una

charada.

Dice Coll que a los candidatos hay que mirarles a los ojos. Se ponen todas las foto-

grafías de los candidatos en abanico, y «miráis sus miradas». En seguida se comprende que, entre todas,

sólo hay una que intenta de-cir la verdad. Y este es el momento en que el lector despabilado da con la

clave de la adivinanza, y exclama satisfecho: (Felipe!, como quien acierta: jLa gallina!

O sea, que hay que elegir presidente del Gobierno por la caída de ojos. El elector consciente debe

detenerse ante los carteles electorales, y hacer, uno a uno, a los candidatos la vieja pregunta embelesada:

«¿Qué tienes en la mirada?» Seguramente Felipe tiene en la mirada el encanto de los ojos moros y

gitanos, una mezcla de sueño de jardines con música de agua y de picardía de feria de burros con

aguaderas sobre las mataduras. Fraga tiene ojos célticos, claros y lejanos, que se le duermen bajo el

castaño de la siesta, y que parece que estén mirando siempre más allá, además de un largo paisaje de

lacones y lampreas. La caída de ojos más melancólica es la de Roca. Roca tiene ojos de atardecer de

otoño, y parece que estuviese leyendo continuamente un poema de Salvador Espríu. Tiene la mirada fría y

apagada, y el párpado a medio entornar, como para ver las cosas en un eterno crepúsculo. Don Santiago

Carrillo tiene los ojos de cuco, inquietantes y escrutadores, los ojos más peligrosos de nuestra política.

Los de Gerardo Iglesias son mucho más inocentes, aunque presentan un punto de impenetrabilidad

perturbadora. ¿Y los ojos de don Adolfo? |Ohl la caída de ojos de don Adolfo!

Lo que no se puede decir, creo yo, es que en los ojos de Felipe haya que buscar y encontrar la única

intención de decir la verdad que han puesto en los carteles electorales. Y si con los ojos nos estuviese

diciendo la verdad, una cosa son los ojitos y otra los momios. Con tos morritos, dice el nene tantas trolas

que hay que ponerle acíbar en la lengua. ¡La verdad en Felipe! Eso sólo se le ocurre al frescales de Coll.

Eso no es una caída de ojos. Eso es una caída de pluma.

Jaime CAMPMANY

 

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