Autor: Ariño Ortiz, Gaspar. 
   El monólogo electoral     
 
 ABC.    11/06/1986.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC, póg. 30

TRIBUNA ABIERTA

MIÉRCOLES 11-6-&

EL MONOLOGO ELECTORAL

Por Gaspar ARIÑO

´L gran circo ha abierto de nuevo sus puertas. A medida que pasan los días, ía presencia de tos líderes

políticos en los medios de opinión, en actos públicos, en la Prensa, en la radio y -cuando les dejan- en la

televisión, se intensifica. Ya han sido difundidas las frases, las canciones, las imágenes y los colores de la

campaña. Ya se les ha dicho a todos lo que deben decir o no decir. Ya los Bancos hicieron sus cuentas so-

bre las perspectivas electorales de unos y otros y han distribuido su dinero, con la esperanza de recuperar

algo de él. Y, en fin, el gran espectáculo de tos funambulistas -volatineros que hacen ejercicios en la

cuerda floja- ha empezado. El pueblo español, soberano por un día -el de las elecciones-, escucha, una vez

más, a unos y otros, mientras ofrece, con vieja zorrería, una gran incógnita en esta ocasión. Nadie sabe

realmente lo que va a pasar.

No digo que algo de esto no sea necesario para estimular la participación política, aunque desde luego

convendría abaratar un poco el espectáculo. Sin embargo, toda esta algarabía debería ir acompañada de

algo más. Uno de los valores indiscutibles de la democracia es la obligada y periódica revalidación de la

confianza de las gentes en una persona o un grupo de personas a las que se otorgó un día la dirección de

los asuntos públicos. Confirmar o retirar la confianza es un acto de la razón, que exige análisis y evalua-

ción de lo realizado. El Gobierno saliente debe rendir cuentas ante el pueblo español de lo que hizo

durante el mandato que finaliza. Pero no sólo entre sus amigos, en ruedas de Prensa y mítines preparados,

sino ante la oposición y ante las cámaras de televisión, que es hoy el verdadero foro nacional. La

oposición debe hacer su crítica a aquella labor. Y unos y otros ofrecer un nuevo programa o plan de

acción hacia e) futuro. La democracia no puede funcionar correctamente sin un mínimo de honestidad y

transparencia política, fruto en gran parte del debate abierto -y directo- entre los responsables políticos.

Esa es la esencia de todo proceso electoral. La libertad política, la del hombre de la ca-

lie, la de todos aquellos que no estamos en la carrera política, consiste precisamente en elegir y para ello

tiene que razonar, sobre la base de una información veraz que los candidatos ofrezcan. Si éstos no se

ajustan a la verdad, si mediante todas esas técnicas publicitarias que en estos días nos invaden, lo que se

Intenta es engañar a las gentes, éstas tienen el derecho a defenderse del engaño y a sancionar duramente a

quienes no tienen respeto hacia ellos. Una democracia engañada, falseada, manipulada sistemáticamente

por la valla, el pós-ter y la farándula no es de recibo. El debate democrático en profundidad y por extenso

no puede ser sustituido por la propaganda masiva. Eso es más propio de un país tercermundista que de un

país europeo.

Viene todo esto a cuento de esa polémica creciente sobre el necesario debate entre los dos principales

líderes, del Gobierno y la oposición. Yo he escrito más de una vez que España es un país sin debate

político verdadero, ni en el Parlamento, ni, desde luego, en la Televisión. Aquí lo que hay son monólogos

sucesivos que aburren a las ovejas. Otra vez estamos ante los «espacios gratuitos» de radio y televisión,

en los que una serie sucesiva de bustos parlantes nos cuentan sus batallas, precedidos de la consabida mu-

siquilla, la ventana que se abre al horizonte o el sol de la mañana que se levanta. Hay que tener más

respeto al pueblo español, que no es necio ni menor de edad. No se puede vender la opción política como

un detergente.

No basta tampoco la entrevista con la Mita de turno, complaciente con unos, agresiva con otros y siempre

superficial. Aquí hace falta e) debate cara a cara entre los principales líderes, ante un panel de periodistas

con

ideas, que provoquen y centren el diálogo. No es ésta una cuestión de estrategia electoral sobre la que

puedan disponer libremente los partidos; no es algo que pueda ser aceptado o rechazado por éstos según

sus conveniencias. Esta es una cuestión de ética política, de salud pública, de autenticidad del sistema.

Los debates parciales que hemos visto hasta ahora entre algunos ministros y los hombres de la oposición

han sido enrique-cedores, mucho más ilustrativos para el ciudadano que tantos mí tines y declaraciones

que tiener el dicterio como sistema. Et de bate es un derecho del puebl> español.

El proceso electoral es un jui ció -se juzga una gestión di Gobierno que ha durado cuatr años- en el que el

juez es c pueblo. Este tiene derecho a qu le rindan cuentas en directo y si intermediarios, de acuerdo con >

principio de contradicción, qu es el que preside todos los ju cios. Negarse a ello, aparte d ser muy poco

democrático, resu taría en principio sospechoso I ciudadano tiene derecho a de; confiar de quien no

quiere dar cuenta y razc de sus actos porque es evidente que hay £ ello una mal disimulada voluntad de

engaño ocultación. Bienvenida sea la encuesta y propaganda, los mítines y los discursos, cuña radiofónica

y el póster en la pared -rr rada dulce y sonrisa atractiva- si con toe ello se estimula al electorado. Pero el

pueb español no es masa, ni rebaño, al que h« que conducir. Merece algo más. En todos k países de

nuestro entorno, la saludable prá tica del debate público ante las Cámaras & bre las principales cuestiones

que tiene pía teada la nación es algo que se esl imponiendo y uno no acaba de entender p qué aquí cuesta

tanto. La polémica en torr a quiénes han de ser los protagonistas no > seria. Guste o no guste, aquí no hay

más qi dos protagonistas, al menos por el momeni Todo lo demás son escapismos.

 

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