El ejercicio del derecho     
 
 Pueblo.    04/06/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL EJERCICIO DEL DERECHO

SALVO las excepciones de rigor, los españoles tienen una formidable vehemencia para la protesta inútil, verbal y a destiempo. En cambio, avenas ejercen en un mínimo porcentaje su legítimo derecho por el camino serio de la denuncia o reclamación formal en uso de tal derecho.

Con lo cual vienen a suceder cada día dos cosas: que quien se considera perjudicado no hace absolutamente nada eficaz para evitar el per juicio o enmendarlo y quien debía de enterarse para arreglar el desaguisado y evitar que se repita tampoco tiene conocimiento.

¿Es ignorancia? ¿Es pereza? ¿Es el "no va a servir de nada"?

Nosotros estamos convencidos de que en la. mayoría de los casos se trata, pura y sencillamente, de ignorancia. Aunque resulte asombroso (en el criterio de la V. N. E. S. C. O. son analfabetos quienes no saben a la perfección la constitución o leyes constitucionales de su propio país), es enorme el número de personas que no conocen los derechos que les otorgan sus propios leyes; no el infinito número de leyes, sino, en el caso español, las leyes fundamentales, incluida el desconocí miento del Fuero de los Españoles.

En otros casos, sin duda está la pereza. Naturalmente, para ejercer un derecho hace falta invertir un poco de tiempo, seguir determinados trámites. Y en este sentido también resulta incrible la pereza ciudadana.

Una pereza que pasa « ser grave cuando el afectado adopta una actitud pasiva porque "no va a servir de nada", con lo cual se vuelve a las razones de ignorancia.

El Estado—cualquier Estado del mundo—, como cualquier entidad o como cualquier empresa, está representado por sus funcionarios, sus servidores, sus empleados. Naturalmente, ni el Estado, ni una entidad, ni una empresa pueden poner un inspector vigilando la labor de cada uno de sus representantes.

La honestidad de éstos—como el valor—se supone, mientras no se demuestra lo contrario.

Lo que resulta evidente e» que cuando esto sucede, cuando se altera la norma, la corrección o la eficacia, el perjudicado debe ejercer su derecho, no sólo para reparar el daño, sino para cooperar y señalar dónde hay algo que falla a quien puede enmendarlo.

Todo lo demás, los gritos, las protestas airadas o los comentarios ante los amigos et gana de perder el tiempo que pudo invertirse en señalar la anomalía ante quien corresponda y por el procedimiento que corresponda.

Mucho mejor andarían las cosas si todo el mundo ejerciera su derecho con un sentido responsable.

 

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