La gran negociación     
 
 Pueblo.    28/05/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA GRAN NEGOCIACIÓN

L A negociación Kennedy, que va a, abrirse en Ginebra inmediatamente después de que el día 21 los países miembros del G. A. T. T. hayan acordado su estrategia económica respecto a los países subdesarrollados, es, probablemente, la negociación económico mase importante de los tiempos modernos, y seria inútil ocultar o menos preciar de Ansia dónde depende de ella todo el futuro económico del mundo occidental.

EN resumen, lo que va a ocurrir es lo siguiente: los ministros de los países europeos y los de los paisas americanos van a planear sobre bases nuevas la estructura del comercio mundial. El instrumento del nuevo planteamiento es una nueva política aduanera, tendiente, como es lógico, a la rebaja de aranceles.

Esta es la idea central del proyecto Kennedy, cristalizado en el pasado mes de octubre en la firma de la Trade Expansión Act.

PERO desde que en el pasado octubre Kennedy estimó imprescindible revitalizar el comercio norteamericano par medio de radicales medidas hasta nuestros días de la primavera de 1963, han ocurrido en el mundo de la, economía mundial no pocas cosas. La Trade Expansión Act salla al paso de una necesidad: la de que los Estados Unidos, ante la gran expansión del Mercado Común Europeo, no quedasen definitivamente relegados al puesto de potencia económica de segunda fila, cosa que muy bien hubiera podido suceder si el Mercado Común y la. Zona de Libre Cambio hubieran formado un frente común—por medio de la integración europea de Inglaterra—y los Estados Unidos hubieran adoptado contra ese frente una actitud competitiva.

AT O es preciso molestarse demasiado para convencer a todos que aquella perspectiva peligrosa para el comercio americano ha pasado ya por completo. El Mercado Común Europeo no es ya hoy una, Juerga económica en expansión, y tan sólo el gran impulso adquirido en los primeros años de su vida ocasiona dentro de el algún progreso. El veto francés a, la integración inglesa ha acabado, como con otras tatitos cosas, con las perspectivas de una sólida integración de países en un ¡rente económico europeo. Kennedy, pues, no va a encontrar ahora ante sí un frente unido de negociación, sino dos bloques rivales de futuro incierto que temen por esa incertidumbre y que procurarán resolver en la negociación lo mejor posible sus propios y particulares problemos sin asomo alguno de solidaridad europea. Donde Kennedy acudía como parte débil pidiendo benevolencia, ahora puede acudir como parte fuerte dispensando gracias.

¡ytWCA Europa se pudo presentar en tan malas condiciones ante una negociación decisiva. El temor americanoes que los "seis", tras de su relativo colapso, se muestren recelosos en cuanto a la aplicación de los métodos de supresión progresiva de aranceles. Naturalmente que los países europeos tienen ahora causa justificada para ese recelo. No hace muchos meses, el mismo Douglas Dillon haria públicas sus previsiones, según las cuales las exportaciones americanas hacia Europa iban a crecer a un ritmo mucho más firme que las exportaciones de los países europeas hacia América. Por otra parte, las tarifas americanas que pueden considerarse prohibitivas para los artículos europeos son alrededor de un 22 por 200, mientras que las tarifas europeas que pueden resultar onerosas al comercio americano no pasan del 1 por 100. Está diáfanamente claro que una, reducción de tarifas por Igual a los únicos que beneficia plenamente es a los Estados Unidos, Y nunca Kennedy tuvo ante sí una perspectiva más propicia de alcanzar un total triunfo a poco que sepa mover en Ginebra las rivalidades europeas. De Ginebra puede salir para Europa una situación de subordinación económica valedera para cien años.

El campo más duro de negociación es, sin duda, el que se refiere a los productos agrícolas. También aquí los europeos tienen por qué temer. El 40 por 100 de las exportaciones americanas a países del Mercado Común son productos agrícolas, y para los americanos, en Ginebra,, será lo primordial salvaguardar estos intereses. La posición americana está clara: exigir a los países del Mercado Común que en modo alguno decrezcan estas importaciones de productos norteamericanos. Recordemos las causas del fracaso de las negociaciones con Inglaterra. ¿Irá a repetirse la historia? Nos tememos que los "seis" no puedan tener ahora en Ginebra una actitud semejante a la de De Gaulle.

Al fondo de la negociación está, como es lógico, el deseo de ir fortaleciendo los lazos de una integración atlántica, aunque sea en detrimento de la idea unitaria europea. Hay que reconocer que la idea europea se halla actualmente en un mínimo del que tal vea tarde tiempo en salir. Nadie puede reprochar a los Estados Unidos que aproveche la ocasión para dar un nueup impulso a su gran ptaneamiento mundial. Al fin y al cabo, Europa, se lo está buscando.

 

< Volver