Cine. 
 Evasión     
 
 Pueblo.    28/01/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Evasión

LA discusión está planteada desde hace años y tiene ya la suficiente dosis de encono como para poder abrirla, una vez más, sin ningún temor, con toda tranquilidad, con el mismo gesto de quien abre una manzana y sabe de sobra, de antemano, lo que va a encentrar dentro, gusa. no incluido.

A nuestra luz cotidiana y en el tibio caldo de nuestras habituales palabras, nos viene de nuevo al encuentro, con sus aditamentos familiares, el problema de la oposición, entre el cine de evasión y el cine que, de un modo holgadamente inconcreto, podemos calificar de comprometido, cuyos límites están a veces tan confundidos y cuyas raíces crecen, por lo general, en terrenos tan alejados entre sí. En el enfrentamiento de las dos posiciones no caben inhibitorios términos medios. El cine de evasión es el que elude la realidad y el cine de compromiso es el que la afronta.

¿En cuál de las dos direcciones será aconsejable que marche el cine? ¿Debe el cine llevarnos hacia la realidad que, en último término, siempre es nuestra realidad? O, por el contrario, ¿debe alejarnos de la realidad que, en primer lugar, está constituida por nuestra propia realidad? ¿Debe el cine hablarnos de nosotros mismos o debe hacer los posibles para que nos olvidemos de nuestra piel? ¿Debe airear nuestras preocupaciones y hacernos pensar en ellas, o debe llevarnos de la mano más allá de nuestras fronteras?

Para nosotros no hay duda. El cine adulto para mayores mentales debe Ir al encuentro, en ana o en otra medida, del compromiso. Y, sin embargo, las exigencias de gran parte del público, ayudadas por la producción habitual, Tan en dirección opuesta. Salvo contadas excepciones, fácilmente explicables, los grandes éxitos populares que año tras año se inscriben en la lista de las mayores recaudaciones de todos los países son siempre películas que pertenecen al grupo del cine de evasión. Hay, pues, una incuestionable preferencia popular por ese cine que se apoya en el elemento de ilusión que el espectáculo cinematográfico tuvo en sm origen.

El cine, que bace tiempo dejó de ser una experiencia física y un entretenimiento recreativo, lleva aparejado en si no sé qué necesidad de embobamiento que permanece tercamente pegada a sus fondillos cerno un lastre inútil, desde sus tiempos primitivos de barraca de feria, de espectáculo de encantamiento, con su parte de magia, como Edgar Morin ha demostrado en "El hombre imaginarlo". El cine ha evolucionado; pero nosotros, muchos de nosotras, seguimos pidiendo al cine que nos maraville, que nos excite, que nos sorprenda, que nos encante y que, en definitiva, nos niegue. Como si todo el cine siguiera siendo la pantalla tentadora de los sueños infantiles o la alfombra mágica que nos transporte fuera de nosotros mismos.

Quizá uno de los datos más incontrovertibles para conocer el dolor y la miseria de nuestro tiempo sea esa necesidad agobiante de nuestras multitudes de buscar en el cine un alivio a una carga vital demasiada gravosa; de utilizar las oscuras salas cinematográficas como vertedero de sus impotencias y de sus castraciones; de hurgar en el imposible mundo de los sueños de los films para encontrar el resquicio por donde entrar a un mundo de plenitud y de felicidad. Está demostrado estadísticamente y nuestra experiencia diaria nos lo confirma. Expresiones como "demasiadas complicaciones tiene la vida para ir a buscar más en el cine" son frecuentes en boca de los espectadores. Lo que en el fondo no es más que una terrible acusación.

¿Cómo es posible que dentro de nosotros mismos llevemos tanta miseria almacenada, cuyo espectáculo nos repele? ¿Por qué nos causamos tanto horror, que siempre que podemos nos evitamos? ¿Dónde se apoya ese oscuro cansancio de soportarnos? ¿En qué escondida parte de nuestro interior nace esa necesidad de evasión?

En la gran aseesis social que nuestro tiempo pide, el cine tiene su parte. Por eso estamos en situación de exigir que el cine ayude a crear el humanismo por venir, acercando el hombre al conocimiento de sí mismo en sus actuales circunstancias, descubriéndole su verdadera belleza moral y desvelándole el infinito poder y el infinito valor de su persona. En esa dirección el cine podrá encontrar sus espectadores idea, les, dueños de sí mismos, conscientes, capaces de aceptar la critica punitiva y dolorosa, abiertos a la comprensión de sus limitaciones y al nivel de sí mismos, nunca en demanda de engaños, sino en busca de concretas y robustas verdades como puños.

 

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