Laberinto español     
 
 Pueblo.    22/05/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LABER1NTO ESPAÑOL

"The Spansh Labyrinth", de Gérald Brenan, abstracción hecha de las simpatías políticas de su autor y de la manera en que éste llegue a conclusiones capaces de discrepancia, dispone de una documentación histérica verdaderamente impresionan, té, ast en lo político como en lo económico y social, y más en estos dos últimos campos. Alguna disculpa tiene el autor por ciertos subjetivismos, ya que de su parte confiesa que él libro fue escrito durante la Guerra de Liberación e inmediatamente después. Le resultaba difícil documentarse en un ambiente caldeado por la pasión política; ademas, reconoefa y reconoce "fuertes sentimientos y prejuicios", ya que había tomado partido. Después de sentirse de vuelta de muchos caminos, Brenan juzga que la principal virtud de España "reside en su intratabilidad". Teme para este mundo nuevo una muerte por monotonía, por uniformidad, npr despersonalizacion. "A esa muerte—agrega—opondrá España una desesperada resistencia."

Reconoce en los españoles fuerza e Independencia de carácter, reacción rápida y completa ante cualquier situación social, integridad emotiva; don de la palabra... Señala también como el mayor vicio nacional "un exceso de confianza y de optimismo", defecto partícular en el que caemos todos los españoles y hemos de confesarlo cuando nos miramos por dentro.

Brenan arranca de la Restauración, de Cánovas, a quien no escatima elogios por su inteligencia ni por su cultura, pero queda perplejo ante un supuesto canovista que en realidad calificó todo su sistema y que delataba su esencial falsedad, de alto abajo: no confiar en manera alguna en elecciones. Cuando los teorizantes del sufragio universal, directo y secreto, vuelven los ojos con nostalgia hacia él pasado, ¿qué encuentran? Nada. Porque, ciertamente, la Restauración se caracterizó por su sistemática desconfianza de los principios expresos en la Constitución del 76. Por eso en España hay´ que ser demasiado candido o demasiado hipócrita cuando se suspira por lo que nunca existió; únicamente lo conocimos como negación. No discrepamos de la o p i ni oh del autor cuando pone frente a la popular afirmación de Cánovas —"Vengo a continuar la historia de España"—la realidad de que lo que hizo fue corromperla más rápidamente. El sistema sobrevivió penosamente a, su fundador, entre continuas quiebras: la más calificada de todas, por incruenta, la final. Un pensamiento lógico nos lleva a calcular como menos probable la restauración de la Restauración. En la cuéntala esta última han de anotarse las pálabías de Cambó cuando escribia: "Durante todo un siglo, España ha vivido bajo la apariencia de Un régimen democrático constitucional, sin que el pueblo haya, tenido nunca, ni directa ni indirectamente, la menor participación en el Gobierno. Los mismos hombres que le dieron sus derechos-colíticos tuvieron buen cuidado, de hacer que no los pudiera ejercitar nunca." ¿Y quien piensa en exhumar una apariencia, un fantasma, un "revenánt"?

 

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