Autor: Aparisi, Antonio. 
   La mujer ante el trabajo y la educación     
 
 Pueblo.    22/05/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

LA MUJER ANTE EL TRABAJO Y LA EDUCACIÓN (1)

HACE unos días, en el cDaily Herald» del 29 de abril de 1963, leíamos esta gacetilla: «La noticia de que haya 24 millones de mujeres trabajando en loa Estados Unidos ha asustado a los hombres. Se le ha advertido al ministro de Trabajo norteamericano que si esta ciíra sigue subiendo dentro de poco estarán los nombres parados en las esquinas pidiendo trabajo. Las mujeres ocupan el 34 por 100 de la de la mano laboral del pais se estan desplazando a todos los tipos de, trabajo, especialmente trabajos administrativos y de oficina. El mayor aumento lo está dando el número de mujeres trabajadoras casadas. Un tercio de todas las mujeres casadas trabajan. Hace Veinticinco años la mujer casada que trabajaba estaba en la proporción de" una de cada diéz.»

Al margen de esa nota de humor que amenaza con ese paro posible en el sector masculino—amenaza en la que no creemos—, es curioso observar este fenómeno de la Incorporación masiva de la teujer a la vida laboral y la iafluencta tan decisiva que ello ha tenido para que un pueblo como el americano haya alcanzado esos altos niveles de vida que nadie discute.

Por los datos que conocemos, la población de Estados Unidos, después de la incorporación a la Unión de los nuevos Estados de Alaska y Hawai, rebasa" un poco los 170 millones de habitantes, Ello

nes de mujeres han de quedat incluidas en el censo de población activa, totalizando así él 34 por 100, a ellas tendríamos que incorporar 46 millones y medio, aproximadamente, de hombres para alcanzar con el 66 por 100 la total población activa.

Ha sido, pues, la eficiente y muy cuidada incorporación de la mujer a las actividades productoras de la nación un factor de notable consideración para alcanzar un índice de población activa que no, se hubiera logrado si sobre aquel pueblo pesara, como sucede en algunos países europeos, ese concepto totalmente superado de que la mujer debe quedar recluida en el hogar y de que so1o la aportación masculina ha de jugar en la hora de incrementar efectivos para la vida activa de un pueblo. Difícilmente se alcanzarán niveles de adecuado desarrollo ai la población activa rio. se mueve por encima del 40 por 100, y pretender alcanzar eso porcentajes con la sola contribución del hombre es una utopia.

En el Congreso Sindica1 de 1961, una de las ponencias se dedicó al estudio de las fuerzas de trabajo, y al analizar las tasas de población activa de distintos países, según datos facilitados por la Comunidad Económíca Europea, tos países en ella integrados daban una media del 44 por 100. Pero lo importante no, era ese alto porcentaje, sino la participación de "la mujer, que acusaba una media del 29,5 por 100 del censo activo de la industria y nada menos que un 61,7 por 100 en el sector servicios,

cifras que se. aproximan bastante a esa media general dei 34 por 100 de los americanos.

Veamos algunos datos referidos, a la población española. Las últimas cifras facilitadas por la Dirección General de Empleo (estimación de la población activa al 31 de diciembre de 1960) nos da: en hombres, 9314.000, y en mu jereS, 2.120.000, focalizando asi 11.634.000, lo que supone un notable aumento sobre los ultimos añops en los que manede 1.800.000. De todas formas, los 11.634.000 sólo representa ua 37,65 por 100 de un censo que para aquella misma; lecha eleva el Anuario Estadístico a 30.900.000 habitantes.

No pretendemos, ni mucho menos, pedir para la mujer españpia aquel 34 por 100 que supone Ja americana en la vida iafeoral, pero obsérvese que los 2.120.000 mujeres de población activa (de ellas más de quinientas mil incluidas en «servicio doméstico») sólo representan el 18,22 por 100 de la población activa, que incluye en hombres al 81,78. Quizá en un justo medio radicaría el acierto, pues la población española femenina se eleva a 15.900.000 mujeres, y que sólo el 13,33 por 100 de esa cifra esté en situación activa, frente a un 86,67 por 100 de censo pasivo, nos parece exagerado.

Importante es todo cuanto hemos dejado expuesto, que son razones qué afectan al aspecto cuantitativo de nuestra población activa y al painel que la mujer juega en esos porcentajes. Pero és mucho más importante considerar la estructura sectorial—y por categorías profesionales— de ese censo femenino de poco más de dos millones de mujeres que integran la vida «activa» española.

En el curso-coloqüio que el pasado año se celebró en España sobre «Planeamiento Integral de la educación», se estudió en un amplio capítulo todo cuanto afectaba a la formación educacional de la mujer, y para precisar conceptas, allí se puntualizó la forma en que tendría que moverse con vistas al plan de desarrollo todo ese mundo femenino objeto de especial atención. Se llegaba a conclusiones muy duras sobre el bajo nivel de formación de la mujer, y al analizar sus tasas de escolarización, de las más bajas de Europa, se advertí» la necesidad de revisar las estructuras de esa población activa femenina, que, actualizando los datos que entonces se dieron, podría aparecer asi descompuesta:

Autónomas, empresarlas y trabajadoras, independientes (tanto en la agricultura como en la industria y servicios), 650.000.

Trabajadoras por cuenta ajena: servicio doméstico. 580.000; en la agricultura, industria y servicios, 615.000; en la Administración, 140.000; con una profesión técnica, 135.000.

El censo que antecede sugiere muchos y muy sabrosos comentarios. Lo haremos en otro artículo, no sin terminar con una afirmación que tomamos de uno de los documentos del curso-coloquio sobre planteamiento de la educación (Documento B-2), en el que leemos:

«Todos estos datos nos están poniendo de manifiesto la escasa formación de la población femenina activa, en su mayor parte ocupada en lo que se viene denominando csector primario», que es precisamente del que, a medida que se vaya produciendo el desarrollo económico y mecanizándose el campo, irá transfiriéndose población al sector industria, como de hecho ya está ocurriendo, y deberá pensarse en la necesidad de dar una formación profesional industrial a este v o 1 u m en de mujeres.»

Sobre este punto insistiremos.

Antonio APARISI

 

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