Autor: García Abad, José. 
 Obras Públicas quiere beberse todas las aguas. 
 No quedará río en su sitio     
 
 Diario 16.    18/03/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Viernes 18-marzo 77/DIARIO16

Obras Públicas quiere beberse todas las aguas

No quedará río en su sitio

Si prospera la maniobra del Ministerio de Obras Públicas nos van a colocar trasvenes hasta por teléfono.

Si hosca ahora han colado al pato obras tan injustificadas como el trasvase Tajo-Seguro, a pesar de la

oposición -de técnicos adscritos a otro departamento, a partir de ahora no dejarán río en su sitio.

La maniobra de Obras Públicas consistiría en apoderarse de la competencia sobre las aguas subterráneas

que ahora dependen del Ministerio de Industria.

La unidad de competencias es en principio saludable. El agua es una y sirve para lo mismo —beber,

regar, intervenir en determinados procesos industriales, etcétera—-, tanto si ´a descubre el Instituto

Geológico y Minero la tierra como sí la proporciona Obras Públicas por medio de una presa o de un

trasvase. Nadie discute la unidad, pero resulta arriesgado dejar esta competencia única a un departamento

dominado hasta el momento por los intereses de un cuerpo poderosísimo: los ingenieras de Obras

Públicas.

Por presiones de éstos se construyó el faraónico trasvase Tajo-Segura, con mayestático desprecio de las

aguas subterráneas, capaces de resolver el problema a un precio desproporcionadamente menor..

El Ministerio emprendió incluso un trasvase clandestino —el de Cherta-Calig—, que según declararon a

D16 autoridades aragonesas y funcionarios de la Administración Central se hizo sin información pública.

Aprovechándose del trauma que provocó en la población un muerto por dispara de la Guardia Civil, a raíz

de una manifestación contra la escasez de agua, Obras Públicas emprendió, asimismo, un trasvase desde

el Guadalquivir. El Ministerio hizo caso omiso del estudio de la FAO, que demostraba la alta

probabilidad de la prese iría de aguas subterráneas. Tampoco importó que ingenieros españoles

demostraran sobre el terreno la existencia del líquido en el mismo pueblo.

Afortunadamente, el revuelo ecológico desencadenado a causa de la amenaza sobre los pinos de

José García Abad Valsaín ha frenado a Obras Públicas. Segovia podrá contar con agua hasta más allá del

año 2000 gracias a los sondeos realizados por el Geológico. La factura que tendremos que pagar los

españoles desciende desde 420 millones de pesetas —coste de la presa— a dos millones qua le ha costado

al Instituto.

Afortunadamente también, el fin del franquismo impidió la realización contra viento y marea del trasvase

del Ebro, que una personalidad de Obras Públicas había anunciado como irreversible. Si tan grandiosa

obra´ se realizara, los tenócratas de Obras Públicas hubieran conseguido dedicar una cantidad de dinero

astronómica a congestionar aún más Barcelona, a costa de desertizar aún más la Empaña pobre.

Justamente lo contrario a los más elementales principios que aconsejan disminuir los formidables

desequilibrios regionales que sufrimos en España.

Abuso de poder

La falta de un control popular del ejecutivo, el ansia inaugura de los diversos ministros, la inexistencia de

un departamento que mande en la economía y la presión del cuerpo de ingenieros y de las empresas

constructoras explica las herejías económicas anunciadas y muchas otras que alargarían demasiado este

artículo.

Obras Públicas se ha beneficiado de la debilidad tradicional del Ministerio de Industria. Los ingenieros de

Caminos se aprovecharon de su poder sobre los de Minas. El único perdedor es el pueblo, que sin estar

representado tuvo que pagar las más absurdas facturas.

El tema es tan importante que resulta improceden^ plantearlo desde el punto de vista de unos u otros

ingenieros, aunque comprendamos el disgusto de los "mineros". La unidad de atribuciones sobre el .agua

es-exigible desde criterios de racionalidad económica y técnica. Pero Obras Públicas no debe ser el

Ministerio destinado´ a unirlas, puesto que faltarían las garantías mínimas sobre la utilización de tan

controvertidas actuaciones. El tema de las aguas ha vuelto a poner de manifiesto ia urgencia de una

reforma administrativa que venimos preconizando insistentemente en este diario.

Mientras no se realice esta reforma, más vale dejar las cosas como están. Es preferible "no meneallo".

Todo parece indicar que Obras Públicas ha querido aprovecharse de las últimás secuelas del franquismo

para beberse las aguas subterráneas. Un proyecto que difícilmente hubiera colado dentro de un sistema

plenamente democrático.

Es cierto que dentro de la democracia va a resultar más difícil hacer comulgar a las españoles con las

ruedas de molino distribuidas durante el franquismo. Pero aún con democracia resulta muy difícil impedir

que los ingenieros se lleven el gato aL agua. Por lo menos en una primera fase será impensable que los

diputados cuenten con los elementas técnicos suficientes para redactar un contrainforme. Por eso es

preciso que un tema tan vital como es el del agua se encuentre adscrito a un departamento libre de toda

sospecha.

 

< Volver