Autor: Terán, Fernando de . 
   Un Madrid que no pudo ser     
 
 El País.    13/07/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Un Madrid que no pudo ser

FERNANDO DE TERAN (Arquitecto urbanista)

La estimulante lectura de la propuesta comunista contenida en la reciente publicación titulada Madrid

para la democracia, no puede dejar de suscitar interés y esperanza en todo aquel que, sin prejuicios,

acepte la lucidez desde la que están elaboradas la critica de la situación actual de Madrid y la alternativa

propuesta para su futuro en este documento. A pesar de que se trata de un trabajo de urgencia, coyuntural

y hasta electoral, no cabe duda de que por primera vez se señalan sistemáticamente todos los problemas

pendientes que tiene la ciudad y se esboza un programa indicativo para la nueva situación política en la

que ha entrado el país, que permita cambiar la orientación de las formas que ha venido adoptando el

desarrollo de Madrid. Situado pues, personalmente, en esta actitud de interés, quisiera hacer una reflexión

marginal, sugerida por la lectura de tan incitante texto.

Ciertamente que en este momento, planteado con un evidente deseo de incidencia y eficacia política,

cualquier regusto erudito hubiera estado fuera de lugar, por lo cual no tenía sitio en él una referencia

detallada a los que pudieran ser los antecedentes históricos de un planteamiento del desarrollo de Madrid

basado en la búsquera clara del bienestar y la libertad de todos los madrileños. Pero, por otra parte, resulta

injustamente insuficiente despachar la existencia de tales antecedentes con la lacónica y vaga animación

de que «duran te la República se fue elaborando una planeación especial de Madrid en función de las

directrices emanadas del Ministerio de Obras Públicas durante el primer bienio», como si apenas nada se

hubiese hecho entonces para sentar las bases de un Madrid más satisfactorio y concebido con evidente

visión de futuro. Quisiera, por ello, recordar brevemente que desde 1931 a 1939, se sucedieron para

Madrid diversos estudios de planeamiento, que culminaron o no en planes, proyectos y realizaciones,

desarrollados no sólo por aquel Ministerio y no sólo en aquel bienio.

La llegada de la República supuso, en primer lugar, un revulsivo para el Ayuntamiento, donde un equipo

de arquitectos socialistas acometió la redacción de lo que habría de ser el primer planeamiento general de

Madrid, anticipando una certera visión del papel de la ciudad en un marco territorial amplio y un

planteamiento de exigencias políticas, legales y administrativas. El trabajo fue aprobado en 1933, sólo en

lo referente al interior del término municipal, ya que la legislación vigente no permitía una planificación

supramunicipal. Del mismo momento es un proyecto de Bases para una Carta Municipal, que contenía la

propuesta de municipalización de todo el suelo no urbano del término, para su progresiva urbanización a

cargo del Ayuntamiento.

Durante el primer bienio republicano, la personalidad y claridad de visión de Indalecio Prieto, al frente

del Ministerio de Obras Públicas, dejó huellas definitivas en el desarrollo de la ciudad. A través de la

actuación del Gabinete Técnico de Accesos y Extrarradio, junto con la prolongación, hacia el Norte, del

paseo de la Castellana y la construcción de los Nuevos Ministerios, se planteó e inició la construcción de

los enlaces ferroviarios subterráneos de las lineas del Norte con las del Sur, así como el estudio de la red

de carreteras de accesos a Madrid con una visión urbanística del conjunto territorial contenida en los

estudios de un plan comarcal que contemplaba la organización de una corona de poblados satélites y el

acondicionamiento de lugares de recreo. Entre éstos se incluía el tratamiento del valle del Jarama con una

serie de playas artificiales y la creación de una llamada Ciudad Verde según proyecto del vanguardista

grupo de arquitectos denominado GATEPAC.

Otro tema importante, abordado después de iniciada la guerra, lo constituye el Plan Regional, que

responde a los deseos de contemplar el futuro de la ciudad dentro de un amplio ámbito territorial, cuya

ordenación debía ser acometida unitariamente como previsión del crecimiento de Madrid después de la

guerra. El estudio lo llevó a cabo el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid

(creado por el arquitecto Bernardo Giner de los Ríos, ministro de Comunicaciones, Transportes y Obras

Públicas), cuyo presidente fue Julián Besteiro, que escribió un interesante prólogo para una memoria del

planteamiento del plan, publicada en 1939. El trabajo se inscribía tanto en la visión territorial del

problema, como en la misión social del papel del planeamiento, ya que además de prever un sistema de

núcleos satélites.

la red de comunicaciones, la clasificación de usos del suelo comprendiendo amplias reservas verdes,

instalaciones deportivas, explotaciones agrícolas e industríales, se planteaba el tema de la utilización de

los valles del Jarama y del Tiétar y de las sierras de Guadarrama y de Gredos, tanto para proceder a su

protección en una operación denominada expresamente de «conservación del ambiente», como para

promover su aprovechamiento para disfrute de la población madrileña, a través de parques regionales,

lugares de inte/es nacional, colonias de verano, ciudades de reposo y playas artificiales.

Así pues, al terminar la guerra, Madrid tenía un plan de extensión aprobado. La construcción de los

enlaces ferroviarios, de la prolongación del paseo de la Castellana y de los Nuevos Ministerios estaba en

marcha. Y existia un conjunto de estudios de planeamiento del más alto interés que no pueden ser

olvidados por su valor testimonial, y porque más allá de negaciones y condenas y de distorsiones

conceptuales y escengráficas ligadas a la versión del «Madrid imperial», iban a ser recogidas

parcialmente en el planeamiento de posguerra algunas de las previsiones contenidas en ellos, aunque, por

otra parte, el proceso de desarrollo real de Madrid, privado de toda posibilidad de gestión mínimamente

democrática, las relegaría al concurrido limbo de aspiraciones frustradas en que yace la mejor parte de las

ingenuas pretensiones del planeamiento urbano desarrollado en España en los últimos cuarenta años.

 

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