Por la ruta del chabolismo de Madrid. 
 El miedo a morir a la puerta de sus propias casas     
 
 Ya.    30/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

POR LA RUTA DEL CHABOLISMO DE MADRID

EL MIEDO A MORIR A LA PUERTA DE SUS PROPIAS CASAS

Chabolas en el kilómetro 5,700 de la carretera (fe Toledo: en los últimos diez años, el 50 por 100 de los

vecinos fallecidos lo han sido por accidentes de tráfico a la puerta de sus casas A causa del aislamiento

que padecen, tienen que cruzar a diario, y varias veces, la citada carretera, de tráfico continuo y que los

peatones tienen que sortear con evidente riesgo Insalubridad, ratas y espacios reducidos, las otras penurias

de estas familias asentadas sobre una zona agropecuaria, antiguo asentamiento de los traperos de Madrid

La población se ha ido reduciendo paulatinamente. Quedan medio centenar de familias, habitando´ en

casas de planta baja, de espacios reducidos, en pésimas condiciones de habitabilidad, con el fantasma de

la ruina en muchas de ellas. La pequeña barriada está situada al borde de la carretera de Toledo, en su

punto kilométrico 5,700, rayando con el término municipal de Leganés.

El suelo donde se asientan las chabolas está calificado como zona agropecuaria y hace unos veinte anos

dio cobijo a todos los traperos de Madrid; después; con la construcción del poblado dirigido de Orcasitas

y el parque Sur, la mayoría de ellos tuvieron que emigrar por obra y gracia de la expropiación forzosa,

quedando sólo esta Zona con unas características peculiarmente trágicas.

Los vecinos se han olvidado de los múltiples problemas que acarrea el hacinamiento en que se

desenvuelven, y su preocupación se ha volcado por esa carretera de Toledo, que pasa a tres metros de sus

viviendas, que tienen que cruzar varias veces al dia, porque hay un hecho significativo, trágico, increíble:

en los últimos diez años, la mitad de los vecinos fallecidos lo han sido por accidentes de carretera a la

puerta de sus mismas «asas. Para ellos, la carretera se toa convertido en un azote. Es amplia la lista de

mayores y niños que han perecido atropellados a podos metros de sus viviendas. Nos dicen que la última

víctima, hace menor de dos meses, fue la señora maria, una mujer conocida y querida entre el vecindario;

una mujer que se llevaba las manos A la cabeza y decía: "¡Dios mío, Otro más!", cuando se conocía el

atropello de algún vecino. "Su cuerpo, quedó irreconocible. Cada día tenemos mas miedo a la carretera.

Ya no son sólo los accidentes ocurridos a los vecinos, riño la gran cantidad de accidentes que en este

punto vemos casi a diario", nos dice una vecina.

AISLADOS POR TODAS PARTES

Lia zona ha quedado aislada por «aa muralla de asfalto y hasta sangra que es la carretera de Toledo. Los

colegios^ las paradas del autobús, los comercios, el médico, etc., tienen que buscarlos en el poblado

dirigido de Orcasitas y cruzar la carretera, sin ninguna pasarela ni semáforo cercano. Los vecinos tienen

que jugarse el tipo cada vez que cruzan la carretera, porque ¿1 tráfico, constante y denso, hace que los

peatones tengan que sortear a los vehículos para cruzar. "Cuando ponemos el pie en la carretera es como

si saltásemos a una plaza de toros, porque estamos expuestos, muy expuestos, a la cogida, y hay que tener

valor para sortear y aguantar a los vehículos, que pasan a una velocidad endiablada. Claro que hemo

solicitado en muchas ocasiones un paso elevadot pero somos tan pocos, que hacemos poca fuerza. En el

Ayuntamiento nos dijeron °en una ocasión que la petición tenía que llevar, al menos, quinientas firmas.

"O sea, que si no llegamos a quinientos afectados; no tenemos defecho a la vida", nos dice un vecino.

La situación de las viviendas es precaria. Carecen de agua y servicios. Existen dos fuentes públicas,

también al borde de la carretera, donde las amas de casa tienen que lavar la colada, recoger el agua para

beber y, a veces, sirven también de ducha improvisada para los pequeños. La especulación también tiene

cobijo en esta zona chabolista. La mitad de las viviendas están en régimen de alquiler, pagándose

cantidades exageradas con respecto a las condiciones de la vivienda.

En más de una ocasión han tratado de plantear su problema a la Administración: "Pero no estamos

unidos—nos dice un vecino—. Los inquilinos somos realmente pocos y los dueños, claro, no quieren

mover nada porque a costa de muy pocos gastos obtienen grandes beneficios con los alquileres. En caso

de expropiación, ellos, los caseros, llevarían la peor parte, porque se les indemnizaría con arreglo a una

propiedad sobre suelo rústico, es decir, escasamente; sin embargo, a los inquilinos tendrían que

facilitarnos nueva vivienda."

Los rigores del estío, aunque este año están siendo menos, hacen emanar olores pestilentes de los

vertederos que salpican los entornos de la zona. Un pequeño arrogúelo surca de sur a norte- la barriada,

medio seco, cenagoso, auténtico foco de Infección, donde se depositan también los vertidos de las

viviendas a falta, de cualquier otra canalización.

Otro de los graves problemas con que se encuentran los vecinos es el de las ratas.. "Las hay por miles, y

son un auténtico peligro porque penetran en las casas por los lugares más insospechados. Tienen minado

todo el suelo y aparecen cuando menos las esperas en las habitaciones a través de las toperas que

construyen. Hemos solicitado en muchas ocasiones campañas de desratización. Pero sólo una vez

vinieron a echar unos polvos que no las hicieron absolutamente nada", nos dicen.

El aislamiento que sufre la zona provoca situaciones desagradables. "Desde hace poco, menos mal,

contamos con alumbrado público, porque antes, ni eso. Y esto se convertía en una uténtica boca de lobo."

Nos hablan también los vecinos de los problemas de asistencia médica que padecen: "Ha habido

ocasiones en que hemos avisado al médico de urgencia y éste DO ha, podido encontrar el sitio; otros se

han negado a venir aquí por la noche, sobre todo en el invierno, que esto se convierte en un gran barrizal.

Otro tanto pasa con los taxis. Si necesitamos uno con urgencia, nos las vemos y nos las deseamos, y

tenemos que llegarhasta el poblado para encontrarlo. Las viviendas, ya- las ve usted, pequeñas,

deterioradas, llenas de humedad. Hemos tratado de arreglarlas lo mejor posible, pero los caseros no

quieren gastarse dinero en ellas y nosotros, que no son nuestras, tampoco vamos a hacer desembolso»."

 

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