Autor: Río López, Ángel del. 
 Por la ruta del chabolismo de Madrid. 
 Pan Bendito, el "ghetto" con más elevado índice de delincuencia juvenil     
 
 Ya.    07/08/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Por la ruta del chabolUmo de Madrid

Pan Bendito, el "ghetto" con más elevado índice de delincuencia juvenil

Un problema candente: la difícil convivencia entre payos y gitanos Casas prefabricadas en las que los

vecinos viven a duras penas: en el verano tienen que dormir hiera, por el calor Explicación a los índices

de delincuencia: gran falta de puestos escolares

"Pan Bendito «a «I "ghetto" 4» Madrid." Los propios vecinos califican de esta forma la son» donde viven,

en el barrio da Adrantes, a escasos metro» del Parque Sur, junto a 1» carretera que une Carabanchel con

Villaverde. Las viviendas, prefabricados, nacidas para un alojamiento temporal de los vecino», continúan

en pie después de haber rebasado largamente el plazo marcado para su subsistencia. Aunque no son

viviendas construidas espontáneamente, de maderas y latas, reúnen todas las características del

chabolismo. Hay un dato altamente significativo, que habla de la marginación que sufren sus habitantes:

en Pan Bendito se dan los mayores índices de delincuencia juvenil de la capital. Las estadísticas hablan

también de un elevado porcentaje Ae analfabetismo y de población alcohólica. Es decir, todos los

ingredientes necesarios para que la zona se encuadre ´ dentro de esa ruta chabolista madrileña que

compone la cara negra de Madrid, a espaldas de urbanizaciones grandiosas, de moles de hormigón, que

tratan de cambiar la fisonomía urbana de la capital.

La difícil convivencia

Pan Bendito ha saltado repetidamente, a las páginas de sucesos, porque en la zona se han gestado con

gran regularidad diversos actos de delincuencia. No hace mucho que entre la asociación de vecinos y una

buena parte de la población surgían puntos de vista muy encontrados en cuanto a problemas dte

convivencia ge refiere. Mientras por un lado se hablaba duramente de los problemas que ocasionaba la

población gitana—componen la mayoría de la barriada—, por otro se defendía a éstos, asegurando que la

convivencia entre "payos" y gitanos era perfecta.

Sobre este particular hemos hecho un sondeo en la zona y los resultados han sido muy parecidos. Muchos

de lo» vecinos nos hablaban d« los repetidos actos de delincuencia protagonizados por ios gitanos, de que

continuamente eran amenazados por éstos y que la situación había llegado a un grado de tirantez

´insoportable; por otra parto, se nos aseguraba que se habían desorbitado1 las cosas, que la delincuencia

era protagonizada lo mismo por los "payos" que por los gitanos, y que estos últimos ge comportaban de

forma normal, Por nuestra parte, hemos observado una gran tirantez. Había muchos titubeos a la hora de

inclinarse por una u otra versión y se noa hablaba de agresiones mutuas con gran frecuencia.

Los vecinos, fuera por el calor

Los barracones de Pan Bendito, sin ser típicas chabolas, no reúnen tañí poco las mínimas condiciones de

habitabilidad. Los espacios son muy reducidos y Jas condiciones antihigiénicas a floran por los cuatro

costados. "En el invierno las pasamos canutas—nos decía un gitano—. Nos entra el agua por todas las

rendijas y tenemos que poner tablas desde las puertas de las casas hasta e! bordillo de las aceras. En el

verano, ¡qué le voy a decir...!, tenemos que dormir fuera porque dentro no hay quien viva."

A las diez d-e la noche, y a pesar da que el presente verano no ha mostrado todavía sus auténticos rigores,

se puede ver a laa familias con los trastos en la calle. Mesas, sillas y colchonetas se sacan a la puerta de

las viviendas. Allí se cena, se charla y hasta se duerme. Es mejor vivir fuera que a cuarenta grados en el

interior de estos barracones de madera y chapa, debilitados por el paso de los años. Los chiquillos,

mientras los padrea "toman el fresco", ge divierten, palos en ristre, en cazar las ratas. Y, desde luego, el

"safarl" no les resulta demasiado difícil, porque hay piezas para todos.

—Nos dijeron que viviríamos aquí unos ocho años, pero vamos para veinte. Cuando leemos ido a

reclamar vivienda digna nos han dicho que nosotros no éramos de los peores, que había familias mas

necesitadas y que teníamos que esperar. Pero aquí cada vez es irías difícil vivir. Tengo ocho hijos y los

tres pequeños tienen que dormir en nuestra habitación. Los servicios apenas podemos usarlos porque se

atrancan con frecuencia y no hay quien soporte el olor a agua corrompida. Tenemos que salir al campo a

hacer nuestras necesidades, nos dice un vecino,

—Mire usted, hasta hace muy poco tiempo estábamos aislados por la mala fama que tiene el barrio.

Ningún taxista quería venir hasta Pan Bendito y hasta los médicos tenían rácelo d« venir de noche por

aquí. Hasta, que nos pusieron alumbrado público no se podía salir a la calla a partir de las nueve da la

noche. Un cuñado mío fuá anavajado por un gitano casi a. la puerta de su casa. Las familias gitanas

aumentaban increíblemente; donde vivían siete u- ocho d« pronto aparecían otros tantos, familias de éstos

que acampaban en laa tapias del cementerio d« Carabanchel y venían a pasar con los suyos largas

temporadas. En el invierno es frecuente ver grandes hogueras a la puerta de las casas. Los gitanos ss

calientan fuera y utilizan las casaa sólo para guardar los muebles, porqu» prácticamente viven a.la puerta.

Hemos visitado también la casa de una familia gitana, la de don Juan Heredia, el matrimonio, cinco hijos

y cuñado. Junto a la fachada se ha construido un pequeño patio de latas y maderas protegido por una tela

metálica) allí crían gallinas y conejos y atan la mula con la que por las mañanas salen a comprar chatarra.

—Nosotros no nos metemos con nadie. Los payos nos echan la, culpa de todo. En cuanto hay

algún robo o asalto¡ ya está: los gitanos. Tampoco quiero disculpar a nadie de nuestra raza, pero creo que

los actos de delincuencia que aquí se cometen satán repartidos a medies; lo que pasa es que nosotros

tenemos la fama.

Problemas de escolarización

Los vecinos esgrimen un motivo para explicar el alto índice de delincuencia en Pan Bendito: la falta de

escolaridad.

Un total de 300 niños, comprendidos entre los seis y trece años de edad, están sin escola fizar. Esta falta

de puestos «acolares origina que los muchacho» pasen la mayor parte del día e» la calle, produciéndose, a

decir de los propios vecinos, problema* d« Inadaptación e Incultura.

—Creemos que aquí radica «t problema. No se puede teñe» marginada a una población infantil tan

importante. Para loa chicos de seis a siete años deb» darse una escolarización normal, y para los de ocho a

trece años una educación especial, ya quo por los retrasos e inferior nivel cultural no podrían reintegrara*

al curso que les corresponde, nos dicen.

La mayoría de las calles d* Pan Bendito ofrecen un aspecto lamentable. Los baches que laa surcan

constituyen un auténtico "handicap" para los pocos coche» que las transitan y para los mochos carros, que

quiebran sus ejes por auténticos lodazales.

La estampa, en pleno distrito de Carabanchel, es deprimente. La marginación aflora por su* cuatro

costados y, a partir d» lag diez de la noche, deambula» por el barrio sumerge á uno en un clima de

desconfianza, per* la población no tiene la culpa de ello sino quienes han permU tido tal grado de

hacinamiento y marginación.

Ángel DEL RIO LOPE!

 

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