La Administración y la especulación del suelo     
 
 Ya.    19/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La Administración y la especulación del suelo

El ministro de Obras Públicas y Urbanismo, señor Garriguei Walker, ha dado una primera

cuanta de sus propósitos en lo referente a viviendas de carácter social, que son las más

solicitadas. Su declaración contiene dos Ingredientes principales, uno de tipc organizativo y otro

de sentido ideológico, que merecen tratarse poi separado.

RESPECIO a lo primero, ha explicado que los efectos del decreto del pasado 9 pueden

producir Inmediato empleo para 100.000 obreros en la construcción de 73.000 viviendas.

También explicó las clasificaciones o baremos entre los que se va a mover el criterio para

adjudicación.

SU exposición sobre los planes del Ministerio está presidida por la ciertísima afirmación de que

el Estado no tiene presupuesto suficiente para abordar por sí la resolución de este problema.

Es más—añadimos nosotros—, nunca lo ha tenido y previsiblemente nunca lo tendrá. Por

consecuencia, es preciso llamar a la iniciativa privada para que vea en este sector un campo de

suficiente interés para meterse en él. Lo que tiene que hacer el Estado es promover un marco

de actuación atractivo para el negociante y constructor y social mente aceptable en un mercado

normal.

ESTO es lo que entronca con la posición ideológica del ministro Garrigues. Como sabe el

lector, el señor Garrigues es de ideología liberal y cree sinceramente que es precisamente el

intervencionismo del Estado e! factor desencadenante de la especulación del suelo. En

consecuencia, cuanto más libre deje el mercado la reglamentación estatal, más fácilmente

podrá la sociedad, a través de los empresarios, solucionar el problema.

1VÍOS gustaría compartir la fe del señor ministro en la absoluta libertad efe mercado y en sus

cualidades terapéuticas para situaciones sociales como ésta. Pero las experiencias españolas

son decepcionantes a este respecto. Es posible que así sea porque ha habido libertinaje

constructivo dentro de un reglamentismo muy casuístico; pero tenemos la impresión que,

defados a su arbitrio, los empresarios tienden a exprimir demasiado el limón y se dedican a un

tipo de construcciones cuyo único destinatario no es el común de la población. De cualquier

manera, esa libertad de mercado tendría que venir en una nueva ley que, efectivamente,

ofreciese a la iniciativa privada un campo atrayente, pero que nos garantizase contra el dicho

"Urbaniza, que algo queda".

 

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