Autor: Río López, Ángel del. 
 Por la ruta del chabolismo de Madrid. 
 Chabolas adosadas a las tapias del cementerio de San Isidro     
 
 Ya.    21/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

POR LA RUTA DEL CHABOLISMO DE MADRID

Chabolas adosadas a las tapias del cementerio de San isidro

Precarias condiciones de vida en unos niveles de hacinamiento increíbles Traspasos hasta de 40.000

pesetas por chabolas raquíticas Proiiferan las enfermedades respiratorias entre la población infantil

"Yo me río cuando dicen que en España no hay hambre"

Algunas de lag chabolas se peran a las tapias del cementerio de San Isidro como buscando cobijo para su

débil estructura de tablas. El resto se disemina por una amplia extensión, entre cuestas y calles sin

asfaltar, a espaldas de General Ricardos, a menos de cien metros de una de las principales vías de Madrid.

Resulta anacrónico el cambio tan brusco de escenario en. tan eólo unos metros. La zona chabolista—los

vecinos la denominan barrio Armengort—constituye la reliquia del chabolismo que antaño se extendía

hasta la ribera del Manzanares, refugio de ios "busqueros" de un Madrid difícil, que Baroja llevó a la

literatura con todo el dramatismo de «u ágil pluma, Ahora comparten la zona familias de payos y gitanos,

en *u mayor parte obreros no cualificados, con una media familiar «lía—seis miembros—y un grado de

hacinamiento verdaderamente lamentable.

E1 estado de las challólas es deprimente. Muy pocas están construidas de ladrillos y yeso; la mayoría

ge han levantado con tablas y chapas y algunas lonas que protegen los débiles tejados. Carecen, de agua

corriente y alcantarillado, y la pobreza asoma por los cuatro costados. Hemos entrado en una de las

chabolas. Apenas treinta metros cuadrados de superficie; dividida en dos habitaciones: la cocina y el

dormitorio. "Aquí vivimos siete personas. Tenemos esta cama de matrimonio y esos dos camastros. Hay

también una cuna destartalada, que se ha quedado pequeña para el menor de los crios. Una pequeña,

gentada en un orinal, royendo un trozo de pan, nos mira con extrañeza. "Es la más chiquita de todos. Mire

usted que "delgaína" está. La pobrecita todavía no ha levantado cabeza, Primero tuvo pulmonía, y después

«e me ha quedado enferma de los bronquios. Los mayores también han pasado muchas bronquitis, y es

que aquí vivimos como animales, i Sí, en Invierno se nos cala la chabola! Mi marido está internado en un

hospital y vivimos de lo poco que le han dejado de enfermedad) porque yo no puedo trabajar, estoy

lisiada del riñon y además no puedo dejar «olas a estas criaturas. Mire usted, yo me río, por no llorar,

cuando dicen que en España ya no hay hambre. Pues sí la hay, señor, y no somos sólo nosotros. Aquí hay

muchas familias que pasan hambre, se lo aseguro. ¿Cree usted que se puede vivir con 7.800 pesetas al

mes? Gracias a que algunas personas me ayudan y me dan ropas para los niños...´

TRASPASOS ABUSIVOS

Loe signos d´e pobreza afloran en otras chabolas de la zona. Aquí también, inevitablemente, la

especulación ha encontrado campo abierto. Se pagan traspasos y alquileres increíbles. Nos hablaban los

vecinos de cifras de hasta 40.000 pesetas por el traspaso de una chabola. de sesenta metros cuadrados.

También nos cuentan que existen caseros que explotan hasta diez chabolas, sin contratos de

arrendamientos ni recibos que justifiquen el alquiler.

En «A verano, y con buenos amortiguadores en el coche, se puede entrar por las calles. "Pero «n el

invierno no podemos ni siquiera pasar nosotros. Por esas zanjas que usted ve corren verdaderos arroyos

de agua y el barro es para verlo y no contarlo."

En al verano los vecinos sacian algunos de los muebles a la calle para que se oreen de le humedad

invernal. "En este tiempo nos pasamos casi todo el día fuera, parque dentro no hay quien pare. ¿Jomo

usted ve, aquí sacamos las mesas y las silta« para cenar, principalmente porque nos desenvolvemos

mejor. Otro problema que tenemos es el de los mosquitos. ¡Vamos, que nos comen! No ve usted que hay

por aquí muchas aguas esta «cadas. La gente no tiene tampoco civismo, porque tira los orinales en cual-

quier sitio, a la puerta del vecino."

En efecto, abundan los charcos de aguas corrompidas, se vierten las basuras y las aguas fecales a la puerta

misma de las viviendas. Los vecinos nos hablan de disputas entre ellos mismos porque unos vierten a. las

puertas de otros. Ni que decir tiene que las enfermedades respiratorias, típicas de los medios de

hacinamiento grotesco, también abundan en la zon´a.

"Aquí nos tienen dados de lado. Hasta hace poco, a la gente le daba miedo venir por aquí por que decía

que éramos "quinquis". Cuando vamos a comprar a los comercios de General Ricardos nos tratan de

forma despectiva y a menudo tenemos que oír frases como: "Esos gitanos..." Nosotros no somos gitanos,

pero aunque lo fuéramos. Los que aquí viven ge comportan correctamente son trabajadores y no «e meten

con nadie, pero la gente se cree que porque vivamos en condiciones inhumanas somos uno»

degenerados."

Hay cierta apatía entre muchos de los vecinos a la hora de contestar a. nuestras preguntas: "Estamos

hartos de periodista* y de gente que viene a hacer fotografías,- a decir que pronto tendremos piso, y luego

nada de nade." Hay una lógica desconfianza porque nunca se han cumplido las promesas. "A mí me

dijeron «ti el Ministerio hace, ya diez años, que me darían piso si tenía una "buena mano" allí. Vamos,

que hay que tener recomendación para vivir dignamente. Y yo sí que necesitaba el piso porque entonces

mis niños eran pequeños y tenían asma. Llevé un certificado médico en el que «e hacía constar que con

urgencia debería sacar a los niños d´e las chabólas. Pero nada, aquí se han criado como han podido los

pobrecitos,"

Las paredes de tierra han servido para adosar unos cuantos tenderete* que sirven dé improvisado patio.

También para criar algunas gallinas .«e han hacho pequeños corrales. La estampa resulta anacrónica en

una zona de Madrid de moderna concepción. "Aquí aguantaremos hasta que nos lleven a donde quieran.

Sabemos que un día u otro tendremos que marcharnos de aquí, porque no tardarán en construir pisos. No

queremos ni pensar en lo que vamos a hacer. Si es»t«.mo& aquí es porque no tenemos dinero para un

piso. Nos dicen que tenemos hasta televisión; pero si eso es lo mínimo que se puede tener. Ya nos hemos

acostumbrado a vivir de esta forma y tratamos de llevarlo de la mejor manera posible, pero siempre hay

problemas; ahora me veo obligada a casar a una hija de quince nos y ¿dónde la meto? Tendremos que

construir un chamizo pegando a nuestra chabola, si el rasero nos deja, claro."

Ángel DEL RIO LÓPEZ

 

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