Autor: Bedoya, Javier M. de. 
   Lenvantina     
 
 Pueblo.    03/06/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LEVANTINA

SU IZA sea la ciudad mas completa de España; desde luego, la más proporcionada en la composición de todos ésos elementos que hoy deciden sobre un conglomerado urbano, dándole o restándole interes. Me refiero a Valencia, y Hablo como simple transeúnte.

La ciudad es moderna, confortable. En este sentido apuntan muchas otras ciudades; pero no bastan para destacarse el gran edificio ni las vías espaciosas; resultan imprescindibles los servicios urbanos correspondientes y, sobre todo, la limpieza y la señalización. Una ciudad bella es fundamentalmente una ciudad limpia.

Sin la emoción de la Historia y del arte, un núcleo ciudadano puede pecar de insípido. Valencia tiene a la vista sus viejas raíces, sus monumentos. Y he aquí que he gozado viéndoles insertos en la vida normal, salpicados por un lado y otro, no muertos en el desuso y el apartamiento. de un barrió viejo. ¿Qué quiere decir esto? Pues sencillamente que la ciudad ha sabido ir renovándose por evolución, y no a saltos; progresando desde dentro.

Se nota ahora una gran preocupación por llevar a las plazas y calles el verdor del césped y la al¿grta de las flores. Toda esta preocupación .—ya visible en los resultados— siempre pecará de parva en relación con la fama universal de Valencia. Sin embargo, en avenidas y bulevares que no son de

Roy abundan la jardinería y el arbolado, marcando una pauta que viene de atrás y que se trata de continuar.

Viene después la vitalidad de la calle, que es, para quien está de paso, elemento decisivo de diversión, como espejo de una determinada actitud existencial y fuente de toda clase da observaciones mínimas, Serían ridiculas las comparaciones sobre este tema en un país como el nuestro, donde la calle suele ser, por todas partes, multicolor y regocijada. Me quiero referir exclusivamente a la buena organización que se pone en Valencia al servicio del que .quiera disfrutar de este espectáculo. En este sentido, París, tan nórdico respecto a nosotros, siempre nos dio una lección con las terrazas de sus cafés. Valencia ofrece también una gama de facilidades al turista: el cristal, el boj, el mimbre trenzado (y no sólo el toldo), crean, a ambos lados de una misma acera, rincones placenteros ´en contacto directo con el palpitar de la calle.

¿Y el comercio no ¡orina parte de rostro de tina ciudad? ¡Claro que sí! Es su versión más al alcance de loisojos; al menos, la película de escaparates nos cerca como un teloncillo de fondo ininterrumpido. En los bajos de cada casa, en cualquier lugar del mundo, nos suele asaltar la oferta da algo que se vende y que trata de retener nuestra mirada. El comercio, con la naturaleza y calidad de sus productos, con su presentación, lanza siempre un reto a través de sus vidrieras o de sus puertas abiertas; a veces, la impresión global que produce a la gente de paso constituye todo un mensaje. Pues bien, en Valencia, llama la atención la, fidelidad de los buenos comercios a su estilo fundacional: asi, una camisería que supo triunfar en 1910 se esmera en conservar la decoración de su época, o una joyería de fln de siglo hace alarde de su antigüedad como dg algo que la enorgullece. Esto, llevado a todas las escalas del comercio (aunque no con la extensión que uno desearía), da una diversidad al comercio que me paree» digna de encomio.

Valencia, por último, es una ciudad sin suburbios, limpiamente recortada. Hay ciudades magníficas en España y juera de España que arrastran el peso de una transición penosa entre el encanto de la ciudad y el encanto del campo verdadero. Ya sé que con frecuencia este mal no se puede achacar a los urbanistas modernos, pero tampoco se puede negar que suele ser fruto, tanto en el pasado como en el presente, de criterios sociales poco integradores, generalmente por negligencia en el prever lo que pueden llegar a ser los cinturones clasistas en un sistema de convivencia. Valencia tiene la suerte de que «la huerta» haya dado un valor social a la tierra que rodea a la ciudad; es la tierra la que limita con energía y con decoro la planta de la ciudad afortunada.

 

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