Bancarrota en la O.N.U.     
 
 Pueblo.    03/06/1963.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Bancarrota en la O.N.U.

LA actividad po1itica, no siempre coronada por el éxito, de la O. N. U. hace que !DS comentarios se olviden de otro aspecto de la organización internacional que en los últimos tiempos están tomando un cariz verdaderamente alarmante: sus finanzas. Efectiva, mente, la O. N. U. se halla al mismo borde de la quiebra financiera, y si hasta el momento ha podido subsistir ha sido a base de la ilimitada generosidad de algunos países, como los Estados Unidos, a los que la organización sale mucho más cara de lo que pudieron prever en el alegre día de su constitución.

LA última sesión extraordinaria, en la que por primera vez se alcanzaba la cifra de 111 miembros, ha tenido que ocuparse, por fin, seriamente del estado de la caja. Y la caja, desde luego, está en un estado difícilmente empeorable. Un déficit de cien millones de dólares, en números redondos, que nadie sabe por qué procedimiento enjugar.

COMO se sabe, cada país debe cotizar anualmente según una tarifa adecuada a sus posibilidades, y que la misma O. N. U. fija el día de su ingreso. Estas cotizaciones anuales suelen ser pagadas, aunque no siempre con una puntualidad excesiva. Teóricamente, bastan para cubrir los gastos internos de la organización y asegurar su funcionamiento técnico y administrativo. Pero paía lo que no bastan, en modo alguno, es para nacer frente a los grandes gastos eventuales que la organización ha. ya de afrontar.

ESTO quiere decir que cada vez que la O. N. U. decide intervenir realmente en la política mundial, como hizo en el Congo, por ejemplo, alguien debe pagar los gastos, porque la caja de la organización no llega con sus recursos habituales a poder pagar una movilización de fuerzas armadas. ¿Quién debe pagar en estos casos? ¿Todos los Estados miembros, a prorrateo? ¿Sola, mente aquellos mas directamente interesados en la cuestión? El problema es difícil de resolver, como siempre que se trata de pagar.

HASTA ahora, la O. N. U. se ha embarcado en dos intervenciones militares importantes y costosas. La primera fue el envío de una fuerza armada a la zona de Gaza, en Palestina, con objeto de que las hostilidades entre Egipto e Israel no volvieran a producirse. La segunda fue la importante intervención en el Congo. La verdad es que en las dos ocasiones la intervención de la O. N. U. se ha mostrado eficaz, ya oue, por Un lado, en Palestina el armisticio ha sido respetado por todos, y, por el otro, la unidad del Congo ba prevalecido. Ahora bien, ¿quién paga? En ambos puntos se hallan estacionadas tropas internacionales a las que hay que alimentar y pagar. Sólo las del Congo vienen a costar unos diez millones de dólares mensuales: La O. N. U. tiene el proyecto de reducir este gasto a la mitad en cuanto el Congo cuente con un ejército nacional suficientemente instruido; pero, así y todo, hay que prever aún una larga estancia de los "cascos azules" en tierra congoleña. Aunque el gasto quede reducido a cinco millones de dólares al mes, la cifra no resulta aliviadora.

TODAS estas intervenciones de las tropas de la O. N. U. han sido perfectamente legales, ya que han sido decididas según un procedimiento válido (decisión de 1a Asamblea General). Según determinó en

su día el Tribunal de La Haya, todos los miembros deben concurrir a los gastos. Pero las tropas de Gaza no han sido mantenidas por todos los miembros. Más de la, mitad de los miembros de la O. N. U. (5T. exactamente) nunca han pagado su cuota extraordinaria. Para el Congo la situación es aún peor. Con uno u otro pretexto, nada menos que 69 Estados se han negado a pagar ni un centavo. Y lo malo es que entre los paises que no pagan están muchos que tienen asignada, dadas sus posibilidades financieras, una Cuota alta, como son, por ejemplo, Francia o la U. R. S. S. En el caso de Francia, la cuota para el pago de las fuerzas de Gaza es satisfecha al fin y al cabo Francia se considera responsable de que hayan tenido que emplearse estas tropas—, pero Francia no ha pagado ni un céntimo para el mantenimiento de las tropas en el Congo y por este concepto debe ya a la organización por cuotas atrasadas mas de 15, millones de dólares. La U. B. S. S., a su vez, no paga nada ni en Gaza ni en el Congo y se limita a decir "que paguen los imperialistas agresores", siguiendo con ello una ya larga tradición.

CSTA claro, a la luz de todo esto, que la O. N. U. en las presen condiciones no podría hacer frente a la necesidad de una tercera intervención sin perder realmente su autonomía. La cuestión es grave, ya que lleva consigo la posibilidad de que la O. N. U. sea o no un organismo eficaz, o se limite a una platónica política de declaraciones y condenas morales. La sesión que ha tratado e¡ tema se ha visto inmediatamente dividida. No ha habido solución de momento. Y lo que se debatía era algo que salía, por supuesto, del campo de las finanzas interiores, para entrar de lleno en el de las posibilidades políticas de la organización.

PERO, por ahora, la sombra de la bancarrota total no se ha apartado de Lake Bucess.

 

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