Autor: Ramírez Heredia, Juan de Dios. 
   Polémico Jiménez de Parga     
 
 Diario 16.    14/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Polémico Jiménez de Parga

Juan de Dios Ramírez Heredia (Diputado de la UCD por Barcelona)

Desde el primer día que en la prensa, principalmente, se empezó a enjuiciar, criticar y hasta acusar al ministro Jiménez de Parga, advierte que la cosa no quedarla en una simple anécdota pasajera. Y les garantizo que en lo más profundo de mi alma me alegré.

Por dos razones: una, porque creyendo conocer a don Manuel, yo sabía que sería uno de los hombres incómodos en el nuevo Gabinete. Jiménez de Parga lo lleva consigo. Su trayectoria personal, fundamentalmente democrática, que no voy a descubrir yo en estas lineas; su tradicional independencia y su posición valiente y arriesgada ante el franquismo en los tiempos difíciles (decenas de expedientes y alguna cicatriz en su cuerpo a causa de una paliza que le propinaron los ultras de la derecha hace años a la salida de una de sus conferencias en Sabadell) no le harían amoldarse fácilmente a una disciplina estricta que pudiera ir en contra de lo que tradicionalmente había defendido.

Por eso digo que los primeros ataques que recibió de la derecha cuando dijo que los trabajadores en la empresa tenían que pasar de ser subditos a ciudadanos de pleno derecho, pronunciándose por un sistema incipiente de cogestión empresarial, al democratizar las mismas esencias de los sistemas de producción, a uno, cuya proclividad hacia la izquierda jamás ha ocultado, esta situación le produjo un «vidente regocijo.

La segunda razón de mi complacencia me la inspiraban algunas manifestaciones que personalmente le habla oido a Adolfo Suárez. El presidente parecía empeñado en desarrollar un programa de Gobierno de centro izquierda. Para ello se iba a encontrar con evidentes dificultades. Durante la dictadura, el poder económico era la fuente del poder político, y aún hoy lo es en buena parte. Estos detentadores hegemónicos de la fuerza económica no iban a ceder tan fácilmente sus privilegios a cambio de nada.

Como mínimo tenían que plantar cara. Y el ministro de Trabajo les había ofrecido en bandeja el ser diana de sus dardos. No desaprovecharon la ocasión, ciertamente, para vapulearle a gustó. Yo pensaba, pues, que Jiménez de Parga era un puntal válido para Suárez. El presidente, sí quería toar adelante con su proyecto, tenía necesidad de algunos hombres como Jiménez de Parga. De esta forma —elemental táctica política—, mientras el trasnochado capitalismo español se "entretenía" con el ministro de Trabajo, Adolfo Suárez podría ir robándole terreno a la oligarquía económica de este país.

Luego lo confieso con sorpresa, mi desencanto vino cuando buena parte de los medios de opinión, a

través de profesionales y escritores de militancia o simpatía izquierdista, hicieron el juego a los iniciales críticos del ministro, propagando la noticia, mil veces repetida, de su inmediato cese. Prefiero no entrar en el análisis de las posibles causas que pudieran justificar esta actitud. Lo cierto es que en la breve gestión del. ministro hasta ahora al frente de su Departamento, a tos únteos que ha podido molestar es a los empresarios, más empecinados en seguir manteniendo sus privilegios, muy en crisis, por otra parte, en estos momentos.

Punto y aparte es la cuestión actual de las preferencias del ministro por las alternativas que para las elecciones sindicales han presentado las diversas centrales. Evidentemente, si se manifiesta a favor de la propuesta de CC OO, tendrá a su lado a todos los comunistas y enfrente a la UGT y a tos socialistas. Y si lo hace a la inversa, pues eso. Es el juego y el riesgo de la política.

Parece, pues, evidente la remodelación del Gabinete y me constan las intrigas que algún ministrable está desarrollando para la pronta defenestración de Jiménez de Parga. Algún día se pondrán de manifiesto. No obstante, esta situación me inspira las siguientes consideraciones:

Si Jiménez de Parga dijera que es un hombre de izquierdas, no se lo creería nadie, ni siquiera él mismo. Lo que es evidente es que de derechas tampoco lo es. Jiménez de Parga es tan válido a la izquierda de un Gobierno presidido por el señor Suárez, como a la derecha de uno que formara Felipe González. ¿Por qué, pues, sustituirle si el presidente del Gobierno quiere desarrollar un programa de centro izquierda? No parecería lógico, salvo que fuera sustituido por un hombre de planteamientos similares a los de Jiménez de Parga, y entonces sí que quedaría de manifiesto cuánto pueden las intrigas en este país.

El presidente sabe que bastantes hombres estamos en su grupo parlamentario única y exclusivamente porque tenemos fe en él. El cese de Jiménez de Parga podría poner en crisis esta fe. Cuando nos dicen que el Centro es la derecha (con todos los respetos a la derecha democrática), a más de uno nos suben los colores a la cara, por la evidente contradicción entre nuestros planteamientos y la opción política en la que militamos. Tenemos necesidad de decirnos una y mil veces que defendemos un programa de centro izquierda por aquello de consolidar la democracia y así tranquilizar nuestras conciencias. Ojalá el presidente Suárez no nos to ponga más difícil prescindiendo del único ministro acusado de "rojo" de su Gabinete.

 

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