Autor: DIÓGENES. 
   Las negociaciones continúan     
 
 Pueblo.    26/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LAS NEGOCIACIONES CONTINÚAN

SE está usando mucho —quizá demasiado— ío denominación de «ilegalidad» aplicada a bastantes huelgas de las que se vienen produciendo a lo largo y ancho del país en este tiempo de franca y no reprimida conflictívidad laboral. No es nuestra intención denunciar tales denominaciones, ni mucho menos impugnarlas, sino atraer la atención al hecho en sí, es decir, que está ahí y no sirve ni ignorarlo ni despreciarlo. Las huelgas se producen, legales o no; y cuando se producen no se nevada, se rompen las conversaciones o no se inician, se altera la paz social, se perturba la economía y se lesionan gravemente las relaciones laborales.

Ante este hecho incuestionable hay que reflexionar seria mente, investigar con sinceridad las causas y exponer los razonamientos con claridad y firmeza, sin descalificar previamente a nada ni a nadie. La huelga denuncia siempre situaciones de insatisfacción social o económica en empresas o sectores. Lo que se requiere es ver si esa insatisfácción es real o aparente, sentida, o provocada, urgente o tolerable, y peonería en relación directa con la problemática de la empresa, del sector y de la nación.

Naturalmente, para hacer esto se precisa tener interlocutores válidos en las empresas, es decir, representantes de los trabajadores elegidos legal y democráticamente por ellos (cosa que en los últimos tiempos no se ha producido, encontrándose un vacio de representatividad por demasiado tiempo); se precisa también una contabilidad transparente y asequible de las empresas que ofrezca la suficiente garantía de fiabilidad a la negociación de los trabajadores (cosa igualmente que en bastante tiempo no suele ocurrir, con eso de las dobles contabilidades y el tecnicismo empleado en los balances anuales, asi como el reservadísimo secreto con que se llevan las cuentas de las empresas, a las que muy pocos privilegiados tienen acceso, ni siquiera los inspectores de Hacienda).

Luego está también la valiente exposición del Gobierno de la realidad socioeconómica. —no sólo política— sectorial y del país en cada periodo de tiempo preciso, para hacer posible las relaciones en el mundo del trabajo y atemperar las tensiones laborales, (Naturalmente, con datos convincentes y ganándose la fibilidad, no solamente con palabras y admoniciones apocalípticas, aunque sean proféticas.

Pero, insistimos, no ha de ignorarse un conflicto porque no sea legal, ni mucho menos anatematizarlo porque sea ilegal (así como permitir insensiblemente el deterioro de las conversaciones en la legalidad por falta de información y transparencia), sino que hay que acudir, con el mismo ánimo de flexible firmeza que haga que las negociaciones continúen.

Asi entendemos que ha de obrarse ante cualquier conflicto. Sin desprecio de los trabajadores, sino, todo lo contrario, estimando su protesta y reconociéndole su derecho a una información veraz, directa e inmediata para que pueda medir las consecuencias de sus actos, hacérselas medir al empresario y mantener o atemperar sus reivindicaciones a la realidad de su empresa, sector o país; pues hay que reconocer de una vez por todas que el trabajador ha de ser el primer interesado en la buena marcha de su empresa para no poner en peligro su puesto de trabajo.

Tanto el empresario como la Administración deben de reconocer asimismo, que esto es asi, y tratar al trabajador de tú a tú, en plano de igualdad en el proceso industrial, no con patemalismo ni mucho menos proletariamente, sino como uno de los tres factores de la producción, en el que si fallan o se deja que se deteriore fallará la empresa. Menos desprecio, pues, de las huelgas ilegales y mayor apertura a la transparencia en las negociaciones. Que no basta con acceder a las pretensiones de los trabajadores, cueste lo que cueste y pase lo que pase, cuando éstos ignoran lo que tienen derecho o saber.

 

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