Autor: Daniel. 
   El despido y la huelga     
 
 Pueblo.    26/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL DESPIDO Y LA HUELGA

Los empresarios, en cuanto experimentan dificultades en el desenvolvimiento de sus empresas, levantan la bandera de la reivindicación del llamado «despido libre,- como compensación al reconocimiento del derecho de huelga regulada, y aprovechan la ocasión para aducir que ello supone un paso más hacia la homologación con el resto de Europa, aunque sólo se refieren a una parte de Eu-rqpa, naturalmenie, que todos damos por sabida.

Sin embargo, nos parece que existen varios errores en esta reivindicación. El despido y la huelga son instituciones no homogéneas y, por tanto, incompensables. Pero aun aceptando este planteamiento, equivocado a nuestro juicio, lo que se pretende no aparece justamente equilibrado, pues en dicho caso la ecuación parecería más equiparada si fuese «despido libre-huelga salvaje» o, por el contrario, «despido regulado huelga reglada».

El primer planteamiento no es admisible y tampoco supone homologación europea, ni mucho menos. Sería la ley de la selva llevada al mundo del trabajo, con la supervivencia del más fuerte y la desaparición del orden laboral:

Cuando te plantea el despido Ubre parece olvidarse que un" principio de nuestras Leyes Fundamentales, todavía vigentes y comparables en este aspecto con otros órdenes constitucionales, prohibe la expropiación si no se acredita la necesidad o utilidad social de la misma y siempre previo pago de una justa, indemnización. Todo ello garantizado con un sistema jurisdiccional de recursos objetivo e independiente de la Administración.

El trabajador no tiene, en muchos casos, otro bien que la propiedad de su empleo y su trabajo. El despido puede equipararse entonces a una expropiación de esta propiedad, que debe justificarse e indemnizarse. ¿Qué pensarían los empresarios del derecho de expropiación libre y sin indemnización de sus industrias en un sistema político homologado con la Europa a que se alude en estas ocasiones?

Se pone tanto énfasis en el, despide libre» como panacea de todos los males que afligen a la empresa, que se siente la tentación de/que se accediese al mismo con la garantía de resolución de aquellos problemas Pero a todos nos consta que las cosas no son tan simples, pues, deslizándonos por tan fácil razonamiento comprobaríamos que la mayor rigidez del empleo ha correspondida casi siempre a la» épocas de mayor beneficio empresarial, lo que nos podría conducir a conclusiones equivocadas. El despido debe regularse en razón o otras motivaciones no sólo económicas y de acuerdo con el resto de la sociedad. ¿Por qué la libertad de despido tan sólo en las empresas privadas?

Hoy el despido es Ubre, pero no gratuito. Cualquier trabajador puede ser despedido sin causa alguna, ya que al estar equiparado el despido nulo y el improcedente, todo el problema se reduce a la fijación de una indemnización a criterio del magistrado que, incluso si se trata de empresas con menos de 25 trabajadores, puede ser inferior al mínimo general de dos meses de salario por año de trabajo.

Por el contrario, la huelga, en su actual regulación legal, no solo no es libre, sino que se exigen tal serie de requisitos que prácticamente la mayoría pueden ser calificadas de ilegales, con todas sus consecuencias, aunque la realidad es que se vienen admitiendo todas ellas y los empresarios no utilizan las facultades legales que tienen reconocidas para estos casos.

Cuestión aparte es el uso indebido que se viene haciendo de las huelgas promovidas por motivos extralaborales y utilizados desde el primer momento como instrumento normal para cualquier clase de reclamación, lo que es motivación, en gran manera, de la grave situación en que se encuentra nuestra producción y nuestra economía. Quiza las fáciles concesiones empresariales ante las primeras huelgas, legales e ilegales, ha creado el ambiente de su encada y que, por ello, no hay necesidad de utilizar otros cauces si éste ha dado resultados positivos.

Con ello se olvida toda lo doctrina sobre la huelga laboral, que la acepta como último recurso y no como exteriorización habitual de las incidencias de la relación laboral. Oportuno sería superar estas contradicciones y que ambas partes, trabajadores y empresarios, establezcan como base del cumplimiento de sus mutuos derechos y obligaciones la mutua buena fe, base de toda nuestro, ordenamiento jurídico contractual.

DANIEL

 

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